Buscando culpables en la "inundación relámpago" de Tafalla

Desde que saltó la catástrofe a la primera línea informativa, la opinión pública anda buscando causas y culpables del desastre de Tafalla. Francisco Martín y Samuel Biener aportan las claves.

Juan José Villena Juan José Villena 10 Jul 2019 - 16:19 UTC
Tafalla
Efectos de la inundación en Tafalla. Foto de Arnaitz Fernández.

En la tarde del lunes el río Cidacos, en Navarra, adquirió un enorme caudal debido a las fortísimas tormentas que quedaron casi estáticas sobre la comunidad foral. En cuestión de unas pocas horas algunas localidades recogieron más de 100 litros por metro cuadrado, caso de Lerga que registró 168 l/m2, Guetádar 160 l/m2 o Barásoain 136 l/m2. Parte de este diluvio fue a parar al cauce, donde el agua pasó de 0,11 metros a mostrar una altura cercana a los 4 metros en el aforo de Olite. Así la avenida recuperó el valle de inundación asolando todo a su paso, municipio de Tafalla incluido, que se llevó la peor parte. Allí murió un hombre y los daños materiales aún son incalculables.

“A falta de un estudio técnico detallado, todo parece indicar que estamos ante lo que se denomina una inundación relámpago”, argumenta nuestro meteorólogo Francisco Martín. Cuando sucede este tipo de catástrofes la gente e incluso las mismas autoridades suelen buscar culpables. El Gobierno de Navarra ha puesto a la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en la mirilla por una hipotética mala gestión de los avisos. “Estos fenómenos son de muy difícil predicción actualmente”, avisa Martín. “Se caracterizan por la presencia de tormentas o focos convectivos con lluvias torrenciales”, esto sumado a la persistencia, por el “paso de un conjunto de tormentas por el mismo lugar”, puso en marcha la catástrofe.

A los factores meteorológicos se deben sumar los hidrológicos que, en una cuenca relativamente pequeña como la del Cidacos, complicaron aún más la gestión de los riesgos. “La hidrología no es competencia de AEMET”, puntualiza Martín, añadiendo además una tercera pieza al rompecabezas. “La comunicación de los avisos meteorológicos en inundaciones también es difícil de realizar, y más aún que llegue la información a los organismos competentes a tiempo”.

El elemento previsible: la planificación urbanística

En las últimas horas se ha producido un goteo de imágenes provenientes de Tafalla, con coches en posiciones casi imposibles, fango y el mobiliario arrasado. Algunas tomas han llegado desde el aire y servido para evidenciar un nuevo caso de mala planificación. “Las zonas más nuevas del pueblo están construidas sobre una gran llanura de inundación y, además, la cartografía oficial ya señalaba que el riesgo de avenida era elevado en aquellas calles”, ha analizado Samuel Biener, Editor de Meteored y representante del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante. “De nuevo estamos ante un problema de ordenación territorial, como también sucedió en Cebolla o en la isla de Mallorca”, añade.

Las búsqueda de porqués solo tiene sentido si sirve para subsanar errores. En las últimas décadas se ha construido mucho y mal, sin tener en cuenta los riesgos naturales y el contexto de cambio climático. “Hay que actuar ya y exigir una correcta ordenación territorial para mitigar o evitar desastres como los que hemos vivido recientemente en nuestro país”, concluye Biener.

Publicidad