Galernas de ayer y de hoy

Carmen Gozalo de Andrés

Santander, junio de 2002

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Artículo de septiembre de 2002. Recuperado en julio de 2013.

Núm. 1 . “ Hay una palabra seria, con regusto de sal y de lágrimas, un galicismo hondo y temible, sonoro y lúgubre, que va siempre enlazado a las gentes pescadoras del Cantábrico: la galerna…” ( Rafael González Echegaray)


La galerna del 7 de junio de 1987
Vivencias personales

Hace ahora quince años tuve la oportunidad de ser testigo en Santander de uno de estos dramáticos e inesperados temporales. Fue el 7 de junio de 1987, en las primeras horas de una tarde asurada y bochornosa, en la que, tras una repentina virazón del viento sur al noroeste, sobrevino una lluvia arrasadora y torrencial. La temperatura descendió bruscamente diez o doce grados y el cielo se desplomó en un paredón de nubes galopantes, casi negras, que enmarcaron al mar súbitamente cubierto de blancas espumas. Era domingo y había mucha gente en la playa. Alguien gritó ¡galerna! y la palabra maldita movilizó a cientos de personas, que corrimos despavoridas en busca de asubiadero. Llovía horizontalmente, como si la cortina de agua no cayera de las nubes y se trasladara, empapando y arrastrando cuanto encontraba a su paso. Hasta aquel momento yo no había percibido la dimensión trágica que tiene una galerna, ni sabía del terror que su presencia produce.

Sentí curiosidad por conocer lo que piensan de estos temporales y la viabilidad de su pronóstico meteorológico los hombres de la mar y quise también comprobar, haciendo una encuesta, qué queda de tradición oral de la galerna más famosa de todos los tiempos, la del Sábado de Gloria de 1878, trágico suceso que dejó más de mil huérfanos y que hace poco más de un siglo llegó a ser tema principal de multitud de coplas cantadas en calles, plazas y mercados. Puedo asegurar que los pescadores consideran a la galerna como la peor de las tempestades, la más traidora, porque sus signos premonitorios aparecen cuando ya están prácticamente atrapados por ella, sin tiempo para arribar a puerto. Todos saben que aparece con bochorno, tras una virazón repentina del viento al noroeste. Pero el caso es – dicen – que virazones al noroeste hay miles entre galerna y galerna, sin que, afortunadamente, ocurra nada de particular. Manifiestan que son temporales propios del verano y desconocen que puedan originarse también en primavera. Los hombres encuestados afirman que alguna vez han oído citar la Galerna del Sábado de Gloria, pero todos la tienen como un suceso remoto, casi legendario. Entre los entrevistados, además de pescadores, hay marinos, técnicos de señales marítimas, tripulantes de yates de recreo, windsurfistas… De sus experiencias vividas, he seleccionado y resumido la vivencia aportada por Dionisio Costales, titulado náutico y pescador de Gijón, sorprendido en la costa asturiana por la galerna del domingo 7 de junio de 1987. Con su testimonio pretendo contrastar el fenómeno meteorológico vivido por pescadores de hoy, tripulando embarcaciones de hoy, con la tragedia del Sábado Santo de 1878, de la que trataré más adelante.

“El Bisagras -dice Dionisio Costales- es un motovelero de 11 metros de eslora, por 2,9 de manga y un desplazamiento de 8 toneladas. Lleva un aparejo Marconi, un motor principal de 95 HP y uno auxiliar de 12 HP. Desarrolla a motor una velocidad de 12 nudos. Componíamos la tripulación cinco hombres, de los que cuatro somos titulados náuticos. Habíamos salido de Gijón el día 6 para dedicarnos a la pesca del atún en una franja paralela a la costa y a 100 millas de ella. Al hacerme cargo de la guardia de la mañana del día 7, estábamos de regreso a puerto, a unas 40 millas al NE de Gijón. La guardia transcurrió sin novedad y a las 11,30 GMT nos encontrábamos en las inmediaciones de La Concha de Gijón. Llevaba un rato cayendo llovizna fina y decidimos esperar el paso de una regata que se estaba celebrando. A la 1,40 GMT recibimos el mensaje de una embarcación situada a 5´ a nuestro oeste, comunicando que se encontraba en apuros por temporal. Había arreciado algo el viento, pero supusimos que se trataba de un error de transmisión. A continuación anoté en la hoja que se había desencadenado el infierno. Fue algo monstruoso. El viento nos zarandeó tan violentamente que el propulsor salió del agua recalentado el motor principal y obligándonos a hacer uso del auxiliar, para no atravesarnos al viento y a la mar que nos venía. Recuerdo que se habló e izar un tormentín, pero era imposible mantenerse sobre cubierta. Inmediatamente ordené tomar las previsiones para abandono del buque, pues teníamos costa a sotavento y el motor auxiliar no podía con aquello. Todos los barcos de la zona solicitaban socorro y la situación era aterradora. Mi recuerdo imborrable es haber visto la mar completamente blanca de espuma, como si hirviese. El viento era racheado, pero de una violencia inusitada, que se mantenía entre dos ráfagas y claramente del Noroeste. Ninguno habíamos previsto aquello. Aunque había habido durante la guardia una bajada de presión, había vuelto a subir a partir de las 11,00. El viento había sido de flojito a flojo toda la mañana. Habíamos navegado a motor toda la noche. Sabíamos de las terribles galernas del Cantábrico, pero a ninguno se nos pasó por la imaginación –con los datos de a bordo- que íbamos a vivir una de ellas.”

Núm. 2 . Banda del 7 de junio de 1987 del anemocinemógrafo del Observatorio de Igueldo ( San Sebastián ) en que se aprecia la virazón súbita del viento al NW a las 14-35 (TMG) y viento muy fuerte con rachas superiores a 130 Km./hora.


Al día siguiente, la prensa hacía balance de la tragedia, que había afectado a Asturias, Cantabria, el País Vasco y la costa suroeste de Francia. Murieron ocho personas –cinco de ellas francesas- y hubo un considerable número de heridos. La mayor parte de las víctimas lo fueron por accidentes producidos por el viento huracanado fuera del mar.


Galernas de antaño
La galerna del Sábado de Gloria en Santander

De las muchas galernas de que se tienen noticias, voy a referirme a la que aconteció el 20 de abril de 1878, que, por haber coincidido con la celebración del último día de la Semana Santa de aquel año, se conoce como galerna del Sábado de Gloria. Por su causa perdieron la vida más de trescientos trabajadores de la mar vascos y cántabros, que dejaron desamparados a un millar de huérfanos.

Num. 3. ¡ Jesús y adentro!, cuadro de Fernando Pérez de Camino (1859-1901) , pintor cántabro costumbrista, del círculo de Pereda. ¡Jesús y adentro! era la frase-plegaria que acompasaba los remos de los pescadores santanderinos en el instante mismo de pasar “la barra”con temporal, para abocar al Puerto.


El Boletín de Comercio fue el periódico santanderino que primero dio la noticia. Informaba de que habían salido del puerto de Santander, hacía las cinco de la madrugada 23 lanchas mayores, 7 barquías y una trainera, además de otras embarcaciones cuyo número se desconoce. Reinaba una ligera brisa del nordeste, que continuó hasta las diez, hora en que todas las embarcaciones estaban ya cogiendo sardina. Había viento sur en tierra y a lo lejos unos oscuros nubarrones presagiaban temporal. Serían las doce cuando éste se desarrolló de una manera horrible, con viento del noroeste. Entonces se dispuso el regreso a puerto o a las ensenadas inmediatas. La mayor parte de las embarcaciones estaban a unas cuatro leguas al oeste-noroeste de Cabo Mayor, hacia el frente de Suances, colocadas en los lugares que conocen los pescadores con las denominaciones de Punta de Santoña, Miguelillo y La Garma. Se dispersaron y muchas intentaron refugiarse en las ensenadas de la Virgen del Mar y de San Pedro. La mar estaba mediana, pero arqueando bastante. El viento, huracanado, hizo que en algunos momentos hubiese necesidad de arriar “la unción”, que alguna lancha trajo hecha pedazos. El temporal, que apenas había durado tres cuartos de hora, se había cobrado la vida de más de trescientos pescadores.


Un paréntesis en el relato: Santander en 1878

Entonces el puerto de Santander era el más importante del Cantábrico. Su entrada era practicable con todos los vientos, aunque los veleros tenían peligro cuando los vientos del noroeste eran huracanados con mares gruesas, en ocasión en que la mar estuviese bajando.

Núm. 4 . Litografía francesa publicada en Marina Civil (Núm. 54). Puerto de Santander hacia 1860, entonces puerto de Castilla y León. Muestra al Santander del comercio harinero con América.


Santander apenas contaba con 40.000 habitantes muy ligados al puerto y a su comercio con ultramar. Era una ciudad muy animada, próspera y comercial. Tenía un tranvía de vapor que llegaba hasta la segunda playa del Sardinero, donde los baños de ola competían con los mejores establecimientos balnearios de la época. Había plaza de toros, teatro, baile campestre, cafés, casas de baños de aguas dulce y salada, Instituto, escuelas públicas y privadas, navieras, bancas, agencias mineras, industrias, establecimientos de carros y carretas de transporte, carbonerías, fábricas de jabones…

El ejercicio de la pesca y navegación era totalmente libre. Cualquiera podía competir con los trabajadores de la mar con solo anotarse en la Cofradía. Los pescadores ya no iban a la pesca de la ballena y el bacalao, restringiendo sus capturas a las costeras del bonito, la sardina, el besugo y la anchoa. Solían alejarse de sus puertos entre 50 y 100 millas. Sus embarcaciones eran de madera, sin cubierta. Las que pescaban merluza, bonito y besugo eran las mayores. Las barquías y las traineras, las menores. En las primeras cabían hasta catorce hombres y un patrón y tenían tracción doble, manual y a vela. Su arboladura contaba con un solo palo y una gran vela, que, en apuros, solía cambiarse por otra más pequeña, llamada la unción. También se podía arbolar un tallavientos, que era un pequeño mástil con vela cuadrada.

En general, el marinero era hombre piadoso, que oía misa solemne los domingos y fiestas de guardar. Rezaba el credo al cruzar la barra y exclamaba ¡ Alabado sea Dios! al hacer su primera captura. Su atuendo habitual era la blusa, más corta que la de los trabajadores de otros oficios. Su gran lujo, un traje de pana o una chaqueta de mahón. Calzaba alpargatas en tiempo seco y almadreñas si esperaba que lloviera. La mujer vendía el pescado y reparaba las redes. Las bodas eran en tiempo de vendimia. Al novio le regalaban una barquía con todos los trebejos del oficio. Las mujeres vestían buena parte de su vida hábitos de la Virgen del Carmen o de San Antonio, en cumplimiento de promesas en las que el Cantábrico y sus temporales tenían mucho que ver. La mayor parte de las familias pescadoras cubrían malamente sus necesidades vitales cuando había pesca, sin ningún tipo de ayuda institucional que protegiera sus infortunios.


Después de aquella galerna…

Durante muchos días la prensa publicó noticias y reportajes sobre la galerna del Sábado de Gloria. En la prensa nacional, fue noticia de primera página hasta la inauguración de la Exposición Universal de París el primero de mayo. Un gran número de periódicos abrió suscripciones en favor de las familias de náufragos y fueron muchas las anécdotas divulgadas en diarios y revistas, muy sensibilizados frente a aquel temporal que había dejado a su paso más de mil huérfanos. Uno de los sucesos más divulgados fue el de la presencia en los acantilados de San Pedro del Mar de un sacerdote que daba la absolución y bendecía a los pescadores que intentaban mantenerse a flote, asiéndose a lo que quedaba de las embarcaciones, que se destrozaban contra las rocas mientras la mar los iba sepultando, sin que se pudiera hacer nada desde tierra firme por salvarlos. Días después el poeta cántabro Amós de Escalante escribía:

(…) Desde el salobre risco
de San Pedro del Mar, un sacerdote
les dio la bendición. Nada más grande
ojos humanos contemplar pudieron.

Conmueve la lectura de los emotivos reportajes, escritos tan al estilo de finales del siglo XIX, con conmovedoras descripciones de la agonía de los pescadores extenuados, profiriendo gritos estremecedores de petición de socorro.

 

Actos sociales y veladas benéficas

Periódicos y revistas de la época dieron cumplida cuenta de la gran cantidad de actos sociales que se organizaron en toda la geografía nacional para recabar fondos, que paliaran en parte la miseria económica en que quedaban los familiares de los náufragos. Hubo conciertos, festejos taurinos, funciones de teatro, zarzuelas, estudiantinas, rifas de objetos de arte… y, sobre todo, funerales magníficos precedidos de procesiones corporativas, amenizados por las orquestas y coros más famosos y la predicación de los oradores sagrados de más renombre. Era aquel un tiempo en que este tipo de celebraciones religiosas constituían verdaderos espectáculos de impresionante magnificencia, con un ritual muy del gusto del pueblo.

La prensa santanderina solía hacer una reseña de los actos benéficos organizados en Madrid y las principales ciudades españolas. Como ejemplo más noticiable, la función del primero de mayo en el Teatro del Circo Príncipe Alfonso de la capital del reino, que habían presidido, con un lleno total, los Reyes Alfonso XII y María de las Mercedes y la Infanta Isabel, Princesa de Asturias. También informaban de las ofertas desinteresadas de multitud de artistas y toreros de moda, Lagartijo y Frascuelo entre ellos.

El 10 de mayo hubo en Santander una velada benéfica literario-musical, organizada por el Ayuntamiento. Fue un verdadero acontecimiento. En el festival intervinieron con éxito rotundo los músicos, cantantes, poetas, escritores y periodistas de más renombre de la época. Pereda, Amós de Escalante, Olarán, Estrañi., Del Río, Menéndez Pelayo… acudieron a la invitación personal del Alcalde Tomás Agüero y leyeron, en los entreactos musicales, composiciones alusivas a la galerna del Sábado de Gloria. Doce años después, otra galerna importante azotó la costa cantábrica y El Atlántico, que era entonces el periódico cántabro de más tirada, editó un número extraordinario, en el que reprodujo todas las composiciones literarias leídas aquella noche del 10 de mayo de 1878. Esta vez, los fondos fueron destinados a las familias de los náufragos de otro galernazo, el del 25 de abril de 1890, que había causado la muerte a 55 pescadores del Cabildo de Santander.


En San Pedro del Mar

Súbito estalla el fiero galernazo,
las antes quietas aguas se embravecen,
y el mar y el viento y las tinieblas crecen,
y mengua el día, el corazón y el brazo.

Rota su lancha, del postrer pedazo
los náufragos en vano se guarecen,
cuando ya salvos de morir perecen,
sórbelos uno y otro maretazo.

Quédales Dios no más: su fe le implora;
y haciendo sacro altar de Peña Calva,
un sacerdote, al funeral testigo

las manos tiende al mar, y dice y llora:
del Dios en nombre, que perdona y salva,
¡Mártires del trabajo, yo os bendigo!

Núm. 5 . Soneto del poeta Amós de Escalante.

 

Coplas de la Galerna del Sábado de Gloria

Detenga su curso el sol – y la luna su carrera,
estremézcanse los montes – tiemblen sin cesar las sierras.

Que el año setenta y ocho- Sábado Santo encomienza
a referir los estragos – de toda la costa entera.

En los puertos referidos- señores, voy a empezar
a contar grandes estragos – que a todos harán temblar.

En puerto de Santander – cincuenta y dos marineros
peleaban con las olas – sepulturas de sus cuerpos.

En Colindres, los veintiocho – que salieron a pescar
Se quedaron sepultados – entre las olas del mar.

En Laredo, treinta y seis – quedaron entre las olas
memoria les ha quedado – del Sábado Santo de Gloria.

En Algorta, padre e hijo – que salieron a la mar,
quedaron entre las olas – ¡ Qué desgracia tan fatal ¡

En Bermeo, ochenta y cinco, – cuarenta y nueve, Echanove,
en Mundaca, quince, perdieron – las vidas allí los pobres ( … )

Núm. 6 . Coplas de Pedro Gutiérrez. Ocho de las veinticinco coplas del pliego, que se vendía en plazas y mercados para recaudar fondos destinados a las familias santanderinas con víctimas de la galerna.


Irresponsabilidades políticas
Iniciativas públicas

Entonces – como ahora – cuando ocurría una tragedia de la clase que fuera, quienes ostentaban el poder se apresuraban a eludir sus responsabilidades y a justificar sus propias actuaciones y omisiones relacionadas con el suceso.

Tres días después de la galerna del Sábado de Gloria, el martes 23 de abril, el pueblo santanderino, excitado y dolido, acompañó a los familiares de los náufragos hasta la Capitanía del Puerto, destrozó el barómetro e increpó duramente a las autoridades marítimas, siendo todos ellos desalojados por las fuerzas armadas de Carabineros y de la Guardia Civil. La oportuna mediación del obispo de la diócesis zanjó el incidente sin más consecuencias.

En las sesiones del Congreso de los Diputados de la semana de Pascua el tema del temporal fue muy debatido. Un diputado preguntó si se había comunicado a tiempo a los puertos de nuestras costas el telegrama recibido del Servicio Meteorológico Internacional de París el día de la tragedia, el cual anunciaba grandes borrascas en los mares del norte de Europa. El Ministro de Fomento contestó que el telegrama sí se había recibido y comunicado a los puertos del Cantábrico… ¡ a las dos de la tarde!, cuando ya no se podía remediar la catástrofe. La falta de coordinación de los Ministerios de Fomento y Marina y las deficiencias y lentitud del sistema hacían imposible que cualquier pronóstico meteorológico de temporal pudiera ser conocido por los pescadores del Cantábrico antes de salir a la mar. En el Ministerio de Marina se decidió modificar el sistema vigente con carácter de urgencia y en la Gaceta del 5 de mayo se publicaron 6 nuevas ordenanzas, en el sentido de responsabilizar al Observatorio Astronómico de Madrid de la remisión de los partes diarios del Servicio Meteorológico Internacional de París a los capitanes de los puertos marítimos.

Otras iniciativas públicas aportaron ideas para mejorar la estructura de las embarcaciones de pesca, promoviendo concursos para premiar a quienes diseñaran barcos más seguros en los temporales. Se concedieron becas para realizar estudios en San Fernando (Cádiz) a varios huérfanos de pescadores víctimas de la galerna del Sábado de Gloria. Se suprimió el pago de aranceles durante varios años a las gentes afectadas y se gestionó liberar del servicio militar a los hijos de familias con víctimas. Y también se mejoró el Servicio de Salvamento de Náufragos, estableciéndose premios e incentivos para los salvadores: el primer tripulante del Servicio de Salvamento que llegase a su puesto recibiría un premio de cinco pesetas, y por cada vida salvada, otras veinticinco más, aparte del jornal.

Núm.7 . Salvamento de un velero en apuros.

Núm. 8 . Medalla de la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos , fundada en 1880. Premio a la abnegación y al heroísmo.


En aquellos días comentaba La Ilustración Española y Americana que el pronóstico del tiempo telegrafiado por el Servicio Internacional de París, era muy imperfecto en cuanto a cálculos en la dirección y extensión de las borrascas. Y los prácticos de puerto y marinos experimentados opinaban que los observatorios meteorológicos servían para registrar datos, pero no para ser guías constantes del tiempo atmosférico. Estimaban que se habían podido deducir algunas reglas, válidas sólo para pronosticar algún tipo de borrascas, y concluían que, con la utilización del telégrafo y la incompleta red de estaciones, en 1878 era imposible prever las galernas.

____________________________

Dentro de unos meses se cumplirá el 125 aniversario de la Galerna del Sábado de Gloria, sin duda la más famosa y trágica del siglo XIX y también la más “literaria”, que inspiró muchas páginas a importantes escritores y poetas ( Pereda, Menéndez Pelayo, Amós de Escalante, el Premio Nóbel Echegaray …) y que también fue cantada en coplas populares en plazas y mercados para recaudar fondos de auxilio a las familias afectadas por la tragedia.

Con la llegada del siglo XX, el vapor se impuso como propulsión en las embarcaciones de pesca y, aunque siguieron produciéndose naufragios, nunca más tuvieron resultados tan estremecedores como los de aquella galerna primaveral del 20 de abril de 1878.

Es inevitable que sigan originándose galernas súbitas en nuestro Mar Cantábrico, “pozo inmenso y revuelto, con cinco mil metros de calo, dos veces la altura de nuestros Picos…” y que sus huracanados vientos penetren treinta o cuarenta kilómetros tierra adentro, arrancando árboles, derribando andamios, destrozando tendidos eléctricos y telefónicos, causando un sin fin de daños a su paso y ocasionando víctimas y heridos entre la población de las zonas afectadas. Recordamos, a propósito y como referencia, que en la Galerna del 7 de junio de 1987 –de que hablábamos al comienzo- en un sólo Hospital, el de Cruces ( Baracaldo), según informaba la prensa vasca, de las 4 de la tarde al final del día, se registraron más de cien atenciones en el Servicio de Urgencias de Traumatología.


BIBLIOGRAFÍA

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COLL Y PUIG, A. Guía-Consultor e indicador de Santander y su Provincia, 1875

INSTITUTO HIDROGRÁFICO DE LA MARINA, Derrotero Marítimo, 1945,1946, 1971

ESPEL, J. y GARMENDIA, I. Las galernas del Golfo de Gascuña. Col. Austral

FONT TULLOT, I. Climatología de España y Portugal. I. N. M. Madrid, 1983

GARCÍA DE PEDRAZA, L. La galerna y el llevant. Vientos atemporalados de las costas septentrionales de España

GONZÁLEZ ECHEGARAY, R. Naufragios en la costa de Cantabria. Estudio. Santander, 1976. La galerna del Sábado de Gloria. MMS. 1981.

GOZALO DE ANDRÉS, C. La galerna del Sábado de Gloria. Historias de Cantabria. Edit. Tantín. Santander, 1992

HEMEROTECAS. Santander y Gijón. Abril-mayo 1878. Prensa asturiana, santanderina y vasca, 8-9 junio, 1987

MARINA CIVIL NÚM 54. Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima. Dir. Gral. Marina Mercante. Jul.- Set.1999

MARTÍN BRAVO, F. Galernas en el Golfo de Vizcaya. Calendario Meteoro-fenológico. S. M. N. Madrid, 1959

MATEO GONZÁLEZ, P. El clima de Gijón. S. M. N. Serie A. Núm.25 . 1955

MEDINA ISABEL, M. Meteorología del Cantábrico. Puntualizaciones sobre la galerna. Rev. Meteor. Marítima, 1974. La mar y el tiempo. Editorial. Juventud. Madrid, 1974

SIMÓN CABARGA, J. Santander (Biografía de una ciudad ) . Editorial Estudio, 1979. Historia de la prensa santanderina. Diputación Provincial. Santander, 1982

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8 pensamientos en “Galernas de ayer y de hoy

  1. Carmen Gozalo de Andrés

    Lamento no poder ayudaros con vuestras preguntas.
    Ultimamente estoy un poco alejada de estos temas.
    Escribo estas líneas a través de mi hijo Ignacio. Me complace muchísimo ver cómo un artículo escrito hace tanto tiempo, sigue despertando tanto interés.
    Un afectuoso saludo.

    Carmen Gozalo.

  2. Francisco G. Cueto

    ¡Excelente reportaje! Muchas gracias por ponerlo a disposición de todos.

  3. JOSE ESCRIBANO IRUSKIETA

    EL 3 DE ABRIL DE 1962, EL HUNDIMIENTO DEL VALLE DE MENA, EN EL GOLFO DE BIZKAIA, FUE PROBOCADO POR UNA FUERTE GALERNA

  4. BARCO PESQUERO

    QUISIERA INFORMACION DEL NAUFRAGIO DEL VILLA DE SUANCES EN EL PUERTO DE SUANCES YA QUE YO FORMABA PARTE DE LA TRIPULACION Y NO TENGO NINGUN RECUERDO. GRACIAS.

  5. andrea

    El barco del cuadro, Jesus y adentro de Perez del Camino consiguió salvarse o tambien naufrago como muchos otros. Me gustaría saber que representó el pintor.Gracias

  6. Alfonso

    Esta mañana he visto en television un reportaje sobre las mas famosas galernas del siglo XIX y XX. Esto me ha llevado a buscar mas informacion y a encontrar este magnifico texto que fué escrito hace siete años.

    No sé si, pasado este tiempo, su autora aun recibirá este comentario. Si así fuera, me gustaría felicitarla. Me ha parecido apasionante.

    Muchas gracias.
    Alfonso Francisco.

  7. Almudena

    Buenas noches:

    Me gustaría saber dónde puedo encontrar las Coplas de la Galerna del Sábado de Gloria. No las conocía y me gustaría tenerlas todas. ¿Me puede ayudar?

    Gracias.
    Almudena.

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