Un trabajo internacional liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que las condiciones de los lagos de Banyoles y Cisó, en Banyoles (Girona), son muy parecidas a las que tenían los océanos en el pasado cuando aparecieron las primeras formas de vida: falta de oxígeno y altos niveles de hierro y gases de azufre.