La Meteorología en la Literatura

I. El origen de la conexión: Mesopotamia Ernesto CalabuigPosiblemente si a alguien se le preguntase por las relaciones que pudieran establecerse entre el «tiempo» y la «literatura» lo inmediato sería ...

I. El origen de la conexión: Mesopotamia Ernesto CalabuigEl lector ingenuo cualquiera de nosotros - podría creer que el matrimonio entre la meteorología y la literatura es algo así como un invento reciente de los ambiciosos escritores del siglo XIX, que eran quienes más cargaban las tintas tanto en las descripciones paisajísticas como en las meteorológicas para ambientar sus obras. Sin embargo, lejos de ser esto cierto, ocurre que esa relación es tan antigua que sorprende pensar que su inicio tuvo lugar con los mismos inventores de la escritura: los sumerios. Por otro lado, ha sido tan duradera que bastaría ojear cualquier novela actual para encontrar que los autores siguen apoyándose en este tipo de descripciones climáticas como marco de sus narraciones. No puede, pues, pensarse en un sólo momento de la historia de la literatura en el que no hubiese referencias a la meteorología y a lo Meteorológico como un personaje omnipresente que sin embargo ha parecido pasar de puntillas; como una constante que, claro está, dependiendo de las épocas se ha manifestado por diferentes motivos y de muy diversas maneras.Mesopotamia como hemos dicho es el origen. Basta, para comprobarlo, recurrir a esas dos joyas de la literatura universal que son: el «Poema de Gilgamesh» (primer gran poema épico de la Humanidad cuyo protagonista el rey sumerio Gilgamesh vivió hacia el 2650 a.c.) y, por otro lado, los "Himnos sumerios».Cuando un Gilgamesh triste pierde a su amigo y compañero Endiku, siente miedo de morir como él y desea la vida eterna, la inmortalidad. Es ahí donde aparece otro elemento meteorológico capital: el Diluvio. Sólo es inmortal quien sobrevive al Diluvio. Como en el relato bíblico, el Diluvio es mandado a causa de la corrupción humana y, por cierto, también hay un arca para los escogidos. La diferencia es que, aquí, quien sobrevive es elevado a la categoría divina y obtiene la inmortalidad. La historia de Noé está basada en el relato sumerio.Si Gilgamesh es el héroe sobre el que se centró el primer interés literario de la humanidad, el otro texto importante es como dijimos el de los «Himnos sumerios». En él se expresa aún con más fuerza el culto al cielo y la glorificación a unos dioses que precisamente tienen que ver con los fenómenos atmosféricos (no hay que olvidar el constante contacto del hombre sumerio con el cielo, la tierra y el agua: inundaciones). Buena prueba de ello es que a «Enlil» se le conozca como el dios de la atmósfera: el señor del viento y la tempestad, mientras que «An» es el dios del cielo, «Enki» del agua, y «Ki» de la tierra: de la fertilidad. A pesar de que el sumerio conocía a través de la meteorología la ira de los dioses (y el máximo exponente es el Diluvio) quería alcanzar la bendición de estos y por ello componía y entonaba sus himnos. A veces, los poetas sumerios componían «Lamentaciones» por la desaparición de algunos dioses, en las que también son frecuentes las referencias climáticas; por ejemplo en honor de Dumuzi: dios de la vegetación que en invierno marchaba al mundo inferior y reaparecía con entusiasmo en la primavera.Los himnos sumerios son realmente hermosos y ricos en términos que nombran fenómenos atmosféricos, una muestra de ello son estas líneas: «que igual que una tempestad naciente seas tú revestido de terrible resplandor, que tu temporal cubra a todos los enemigos y a la tierra extranjera insubordinada».«Tormenta que recibe la fuerza del padre Enlil... desmenuza las montañas como harina, las siega como grano... Tú te presentas en la puerta del cielo y tú rompes el cerrojo del cielo, tú arrancas la cerradura del cielo y quitas el travesaño del cielo».«El huracán no supera su voz altisonante, cuando se pronuncia, ninguna palabra enemiga la contradice»:«Su interior es tan misterioso como el distante mar, como el cenit celestial; entre sus emblemas, sus emblemas estrellados».Tal vez, uno de los más significativos de esa presencia de lo meteorológico en los himnos, sea el dedicado a Enlil en el que se dice:« Sin Enlil... las inundaciones primaverales de los ríos no traerían carpas... el mar no produciría fácilmente su generoso tesoro... en el cielo las nubes cargadas de lluvia no abrirían sus bocas, los campos y las praderas no estarían llenos de rico grano, en la estepa no crecería la delicia del césped y de las hierbas, en el jardín los frondosos árboles... no darían fruto... desde el cielo la abundancia llueva sobre 1 tierra».Evidentemente, aún tendrían que pasar muchos siglos para que la presencia de la meteorología en la literatura se convirtiese en un recurso estilístico y se liberara de esas connotaciones mistéricas y religiosas que acompañaban la relación del hombre sumerio con el cielo y con el entorno; pero cuando se piensa que Gilgamesh (ese héroe atractivo del que se enamoraba la diosa Ishtar tras el combate diciéndole: « ¡Ven, Gilgamesh, sé tú mi amante, ofréceme el fruto de tu cuerpo! ... Entra en nuestra casa bajo la fragancia de los cedros») vivió en el siglo veintisiete antes de Cristo y que, ya en la más antigua cultura, desde que el hombre tuvo algún tipo de pretensión estética, estaba inmersa la meteorología en la literatura; no puede uno evitar, al menos, un gesto de asombro.BibliografíaPoema del Gilgamesh. Editorial Tecnos. Madrid (1988)Himnos sumerios. Editorial Tecnos. Madrid 1988.Nota de la RAM. Damos las gracias a Ernesto por permitirnos reproducir este artículo que apareció por primera vez en el Nº 1 de la revista La Meteorología en el mundo Iberoamericano. Publicación del INM, 1990.

Esta entrada se publicó en Reportajes en 06 Dic 2004 por Francisco Martín León

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