La deforestación en África reduce las lluvias
Las selvas representan una fuente de riqueza económica, ecológica y de conocimientos inigualable. Son además el lugar en donde viven ciertas comunidades humanas que también tienen derechos sobre la tierra que habitan.

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Las selvas representan una fuente de riqueza económica, ecológica y de conocimientos inigualable. Son además el lugar en donde viven ciertas comunidades humanas que también tienen derechos sobre la tierra que habitan. Se estima que en los últimos 20 años se ha perdido el 50% de la superficie forestal tropical del mundo. La avaricia de algunos y la expansión demográfica son las responsables de ese hecho. Se puede discutir sobre el efecto del cambio climático o cuándo éste tendrá consecuencias graves para la humanidad, pero la destrucción del medio ambiente y la pérdida de biodiversidad es ya una realidad.
Las selvas no serían posibles sin el agua y su ciclo. En inglés a los bosques tropicales se les denomina rain forests, o “bosques de lluvia”, nombre que describe su comportamiento. En algunos de ellos llueve todos los días a casi la misma hora de la tarde durante todo el año. La lluvia puede ser intensa, incluso torrencial, pero al cabo de un tiempo se detendrá. Si estamos en la cima de un monte, o sobre uno de esos árboles tan altos que la pueblan, podremos ver cómo se forman nubes a ras de suelo porque el agua que acaba de caer ya se está evaporando de nuevo. El agua cae y se evapora constantemente formando nubes que más tarde producirán lluvia en un ciclo ininterrumpido.
Un reciente estudio ha arrojado luz sobre las consecuencias que tiene la deforestación en el clima a una escala regional. Según este estudio, publicado en Geophysical Research Letters, la deforestación de las selvas de África Occidental reduce las lluvias sobre el resto de los bosques. Este estudio de la Universidad de Leeds muestra que el cambio en el uso del suelo reduce la lluvia en las zonas vecinas en un 50%. Esto se debería principalmente a cambios en la temperatura superficial, lo que afectaría a la formación de las nubes con capacidad de producir lluvia. Según los autores del estudio las implicaciones son importantes para la futura toma de decisiones acerca de la administración de otras regiones del mundo, como la selva del Amazonas.
Según Luis Garcia-Carreras, ya se sabía por datos de satélite que los cambios en el uso del suelo pueden tener un gran impacto sobre los patrones de lluvia locales, pero que con este estudio han sido capaces de demostrar porqué pasa esto. “Nuestro estudio sugiere que no solamente es el número de árboles eliminados lo que amenaza la estabilidad de las selvas del mundo, el patrón de deforestación es también importante”, indica este científico.
Los bosques de África Occidental y la cuenca del Congo son la segunda región selvática más grande del mundo, por detrás de la Amazonía. No solamente son importantes como hábitats para un ecosistema vasto y diverso, sino que además son un importante sumidero de dióxido de carbono, pues fija gran cantidad de este gas paliando así los efectos del calentamiento global.
La deforestación ha ido reduciendo el dosel de árboles selváticos en favor de cultivos agrícolas, plantaciones y otros usos. Mientras que la eliminación directa de los árboles tiene un impacto inmediato sobre el bosque, este estudio sugiere que además el efecto secundario es la reducción de lluvias. Los bosques africanos tienen en la actualidad la tasa de lluvias más baja de cualquier otro ecosistema selvático del mundo, lo que los haría particularmente sensibles a cambios en los regímenes regionales de lluvias. Si la lluvia se reduce aún más como resultado de la deforestación se podría poner en peligro la supervivencia de los bosques que quedan, debido al aumento de la sensibilidad a la sequía de los árboles.
Los investigadores usaron un modelo numérico en el que escenificaron diversos usos del suelo bajo diversas condiciones. Encontraron que mientras que la cantidad total de precipitaciones no se veía afectada, las lluvias serían de 4 a 6 veces mayores en las áreas de cultivo que cuando en ellas había bosques, mientras que la lluvia sobre el resto de la foresta era la mitad o menos. La diferencia en las precipitaciones se debe al cambio de temperatura al pasar del terreno boscoso a campo de cultivo, esto produce vientos convergentes sobre estas áreas de cultivo que finalmente forman nubes sobre ellos.
El especialista Doug Parker apunta que aunque el estudio se centró sobre esa región africana, es razonable sugerir que este mismo mecanismo puede ser común en otras regiones tropicales del mundo, como en la Amazonía. “Esto tiene implicaciones para los planificadores en términos de cómo debe ser gestionada la deforestación. Si el bosque tiene que ser eliminado para crear campos de cultivos, necesitamos pensar sobre la forma y distribución de esas zonas sin bosque para que el daño en las zonas boscosas adyacentes y parques nacionales sea el menor posible”, añadió.
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