Los mares caldeados amplificarán la próxima ola de calor en España: "dejarán un ambiente difícil de soportar"
Las temperaturas de los próximos días pueden ser de nuevo muy elevadas, solo que esta vez la “culpa” no será del Sáhara. Entre los principales agravantes de este nuevo episodio de calor intenso, se encontrarán nuestros propios mares.

El retorno de las altas presiones al entorno de las Azores ha permitido que el incipiente verano vuelva a sus cauces normales en lo que temperaturas se refiere. Los valores siguen siendo muy elevados en la mitad sur peninsular, en algunos casos superiores a 40ºC, pero en zonas en las que es algo más habitual ver estas cifras en los periodos de calor más intensos.
En la mitad norte, por el contrario las temperaturas ha vuelto a valores normales, con máximas en torno a 30ºC en zonas de interior y algo más suaves en la vertiente cantábrica. Sin embargo, el anticiclón de las Azores volverá a moverse dejando nuevos cambios.
El horno ibérico volverá a activarse en estos próximos días
Las altas presiones volverán a desplazarse hacia Europa, bloqueando el flujo de vientos procedentes del Atlántico. Esto permitirá que la masa de aire se estanque y comience a calentarse como consecuencia de la fuerte insolación de esta época del año.

Básicamente la Península Ibérica volverá a convertirse en un “minicontinente” capaz de generar su propia masa de aire continentalizada que irá calentándose progresivamente. En otras palabras, no necesitará la llegada de una masa de aire procedente del Sáhara, ni siquiera de latitudes subtropicales. Esta masa de aire estacionaria se calentará sola.
Sin embargo, contará con la colaboración de dos factores muy importantes. El primero será la presencia de una dorsal anticiclónica muy potente que sustentará las altas presiones también en superficie. La atmósfera presentará una gran estabilidad con predominio de los descensos de aire.
El aire ya de por sí templado en niveles medios alcanzará la superficie por subsidencia comprimiéndose adiabáticamente y calentándose en el proceso. Este es un proceso habitual, aunque entrará en escena el segundo factor del que hablamos, bastante menos habitual: son los mares que nos rodean.
El mar ha alterado su potencial regulador de la temperatura
En realidad el mar continúa efectuando su función al suavizar las masas de aire que se desplazan sobre la Península, incluso aquellas que quedan estancadas sobre esta, por medio de las brisas que intercambian el aire continental por el marítimo.
No obstante, con una temperatura en torno a 5ºC por encima de la media, tanto el Cantábrico como el Mediterráneo no ejercen el mismo papel que en otras situaciones similares. En algunos casos esta anomalía llega a la inédita cifra de los 8ºC y todo apunta a que seguirá manteniéndose en estos valores a medio plazo.

Las brisas serán mucho más cálidas, contendrán mucha más humedad y permitirán que se libere mucho más calor latente de condensación que alimentará a la dorsal cuando este condense y forme nubosidad. El resultado será que la masa de aire cálido que nos afectará no se suavizará tanto como suele ser habitual en este tipo de situaciones, acentuando el próximo episodio cálido que promete convertirse en la segunda ola de calor del verano, dejando un ambiente difícil de soportar en amplias zonas de la Península Ibérica.
Las consecuencias a medio y largo plazo en España continuarán agravándose
Unos mares con una temperatura tan elevada en comparación con su media habitual suelen tener tres consecuencias directas. La primera ya la estamos experimentando desde hace tiempo: está contribuyendo a aumentar las temperaturas mínimas en zonas de litoral y prelitoral, disparando el número de noches tropicales.
El segundo efecto es del que más hemos hablado: impedirá que las masas de aire próximas a la Península suavicen su temperatura. Esto se notará en este inminente episodio, pero continuará afectándonos durante gran parte del verano debido a la gran inercia térmica del agua de los mares.

Una tercera consecuencia que podría tener a largo plazo es la derivada del enorme aporte de humedad que supone tener el Mediterráneo a casi 30 ºC y buena parte del Atlántico y Cantábrico entre 22 ºC y 26 ºC. El aire en contacto con estos mares puede almacenar hasta un 30% más de agua y dotar a las tormentas de casi el doble de energía potencial convectiva.
Esto no tiene por qué manifestarse de forma adversa a menos que una borrasca aislada o dana se asiente en el entorno peninsular en el momento oportuno. Si esto no sucede, podríamos librarnos de estos efectos adversos. Pero si no es así, las tormentas que podrían desarrollarse en estas condiciones serían devastadoras.