La 'rompida' de la canícula: Evelio Gómez desvela el fenómeno meteorológico que marca el declive del verano
La primera semana de agosto está dejando un tiempo más dinámico y tormentoso en España. El final de la canícula ya asoma, ¿se producirá este año la "rompida"?

El verano de 2026 está siendo uno de los más extremos que se recuerdan en España en las últimas décadas. Tras un mes de junio muy cálido y un julio histórico con cuatro olas de calor, agosto ha comenzado con una dinámica atmosférica algo más cambiante y las tormentas han vuelto a ganar protagonismo.
La segunda mitad de la semana estará marcada por una elevada inestabilidad en el noreste peninsular. Esta tarde se esperan tormentas fuertes en Cataluña, donde prácticamente toda la comunidad permanece bajo aviso naranja por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), así como en las serranías de Gúdar-Maestrazgo en Aragón.
A partir de mañana y durante el fin de semana las tormentas también podrán extenderse al valle del Ebro, al litoral y prelitoral mediterráneo, a la cordillera Subbética, Galicia y a la cornisa cantábrica. Todo apunta a que el inicio de la próxima semana mantendrá este patrón, con nuevos chubascos y tormentas en buena parte de estas regiones.
La canícula entra en su recta final, ¿llegará la "rompida"?
En meteorología se conoce como canícula al periodo más caluroso del año. En España suele extenderse aproximadamente entre el 15 de julio y el 15 de agosto, coincidiendo con la época en la que las temperaturas alcanzan, de media, sus valores más elevados.
Procede del latín “canis” (perro) y hace referencia a Sirio, la estrella más brillante de la constelación del Can Mayor. En la Antigua Roma, esta estrella volvía a hacerse visible al amanecer en estas fechas, coincidiendo con el periodo más caluroso del año. Por ello, se la asociaba al calor estival y se pensaba que cuanto más brillaba, más elevadas serían las temperaturas.
Este periodo no responde únicamente a la mayor altura del Sol sobre el horizonte. Tras el solsticio de verano, la superficie terrestre acumula calor mientras los mares y océanos pierden parte de su capacidad para suavizar las temperaturas. A ello se suman las frecuentes entradas de aire cálido y seco procedente del norte de África y la persistencia de situaciones anticiclónicas, que favorecen los cielos despejados y una intensa insolación.
De forma general, en torno al 15 de agosto se produce la conocida como “rompida” de la canícula. Se trata de una expresión popular utilizada en Centroamérica y en algunas zonas rurales de España para describir el momento en el que el calor extremo comienza a perder intensidad y el tiempo se vuelve más variable, ganando protagonismo las fuertes tormentas que pueden descargar grandes cantidades de agua en poco tiempo y fenómenos como granizo que pueden ser catastróficos en el campo.

En definitiva, el bloqueo anticiclónico empieza a debilitarse, llegan las primeras tormentas de cierta entidad, cambia la dirección del viento y las noches suelen hacerse algo más frescas, aunque el ambiente continúa siendo propio del verano.
El calor persistirá, pero menos extremo, y las tormentas ganarán protagonismo
Todo indica que este año el calor intenso se prolongará más allá del periodo clásico de la canícula. Las predicciones subestacionales del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo (ECMWF) continúan mostrando grandes anomalías positivas de temperatura durante prácticamente todo el mes de agosto.
La semana del 10 al 17 de agosto seguirá siendo muy cálida en toda España, con anomalías térmicas que podrían situarse entre 3 y 6 ºC por encima de la media en amplias zonas del norte peninsular. Durante la segunda quincena, las temperaturas continuarían por encima de los valores habituales, aunque de forma más moderada, generalmente entre 0 y 3 ºC. Solo en la última semana se observan valores algo más próximos a la climatología.

En paralelo, predominaría un ambiente relativamente seco en el norte peninsular en las próximas dos semanas. No obstante, las previsiones subestacionales anticipan un aumento de las anomalías positivas de lluvia en el sureste peninsular, el litoral mediterráneo y Baleares durante la última semana de agosto.
Esta tendencia podría extenderse posteriormente hacia el centro peninsular y la meseta durante las primeras semanas de septiembre.

El final de la canícula no significará el final del calor. Todo apunta a que el verano seguirá dejando temperaturas superiores a lo habitual aunque con una atmósfera cada vez más dinámica, en la que las tormentas podrían ir ganando protagonismo conforme avance la segunda quincena de agosto y nos acerquemos al inicio del otoño climatológico.