José David Díaz: "muchas personas desconocen el enorme esfuerzo que hay detrás de los alimentos que consumen cada día"

La agricultura es un modo de vida que requiere de muchísimo trabajo y que no siempre recompensa económicamente, por los costes y la competencia desleal, que denunciamos muchos agricultores. Esto es lo que debes conocer.

El compromiso de los jóvenes por el campo debe ser prioridad ante un sector de tal magnitud e importancia a nivel mundial.
El compromiso de los jóvenes por el campo debe ser prioridad ante un sector de tal magnitud e importancia a nivel mundial.

Hay decisiones que se toman con la cabeza y otras que nacen desde dentro del corazón. En mi caso, dedicarme a la agricultura siempre fue una mezcla de ambas. Desde pequeño he sentido una conexión especial con el campo.

Crecí viendo el esfuerzo que supone sacar adelante un cultivo, comprendiendo que detrás de cada cosecha hay sacrificio, paciencia y una enorme pasión por la tierra. Con el paso de los años entendí que quería formar parte de ese mundo y contribuir a que la agricultura tuviera el reconocimiento que realmente merece.

Una vocación que se convirtió en profesión

Esa pasión me llevó a estudiar Ingeniería Agronómica, una formación que me permitió comprender la agricultura desde un punto de vista técnico y científico, algo fundamental para poder dar valor al campo. También decidí ampliar mis conocimientos cursando Enología, convencido de que nunca se deja de aprender cuando se trabaja en el sector agroalimentario.

La universidad me enseñó la importancia de la investigación, la innovación y la sostenibilidad, pero también reforzó una idea que ya tenía muy clara: la agricultura necesita profesionales preparados que sepan combinar los conocimientos tradicionales con las nuevas tecnologías.

Hoy, la agricultura ya no consiste únicamente en sembrar y cosechar. Hablamos de agricultura de precisión, de análisis de datos, de sostenibilidad, de mejora genética, de eficiencia en el uso del agua o de adaptación al cambio climático. Es un sector moderno, dinámico y en constante evolución.

Recuperar el valor de nuestras variedades tradicionales

Uno de los proyectos que más satisfacción me ha dado ha sido la recuperación y puesta en valor del tomate rosado de Alcolea. Más que una variedad de tomate, representa una parte del patrimonio agrícola de mi tierra y el esfuerzo de muchas generaciones que conservaron sus semillas durante décadas. Este es solo un ejemplo de la gran variedad de proyectos, de gente joven, que decide emprender, defender y vivir del campo.

La diversidad genética es fundamental para la conservación de las variedades locales y tradicionales
La diversidad genética es fundamental para la conservación de las variedades locales y tradicionales

Durante varios años me he dedicado a su caracterización genética y morfológica, una investigación que me ha permitido conocer mucho mejor esta variedad tradicional y demostrar, sobre todo, el enorme valor que tienen los recursos fitogenéticos locales. Es un proyecto que une ciencia, tradición y compromiso con el territorio.

Esa experiencia me ha confirmado que conservar nuestras variedades locales y tradiciones agrícolas no significa vivir anclados en el pasado. Al contrario, supone proteger un patrimonio agrícola único, fomentar la biodiversidad y ofrecer productos diferenciados con una calidad excepcional.

Compartir la pasión por el campo

Con esa misma filosofía emprendí en el ámbito rural, liderando un proyecto desde el que intento acercar el mundo rural a la sociedad. A través de él comparto experiencias, divulgo conocimientos y pongo en valor el trabajo que realizan agricultores, ganaderos y pequeños productores.

Creo que la agricultura necesita comunicarse mejor. Muchas personas desconocen el enorme esfuerzo que hay detrás de los alimentos que consumimos cada día. Explicar esa realidad también forma parte de mi compromiso con el sector.

Un sector lleno de oportunidades, y también de dificultades

La agricultura es apasionante, pero también atraviesa momentos muy complicados. El cambio climático está modificando por completo la forma de producir alimentos. Las sequías son más frecuentes, las temperaturas extremas afectan a los cultivos y los fenómenos meteorológicos son cada vez más imprevisibles.

A ello se suma el incremento constante de los costes de producción: fertilizantes, energía, maquinaria, combustible y de la mano de obra. Todo ello ha aumentado considerablemente en los últimos años, mientras que los precios que reciben muchos agricultores no siempre compensan ese esfuerzo.

Los agricultores españoles cumplen algunas de las normativas más estrictas del mundo, pero muchas veces tienen que competir en condiciones desiguales.

Otro de los grandes problemas es la competencia de productos importados desde países donde las exigencias ambientales, sanitarias y laborales son diferentes a las europeas.

La agricultura actual es innovadora, moderna y competente.
La agricultura actual es innovadora, moderna y competente.

Y, por supuesto, preocupa la falta de relevo generacional. Cada vez son menos los jóvenes que deciden emprender su futuro en el campo, cuando precisamente son ellos quienes garantizarán la agricultura de las próximas décadas.

Una decisión que volvería a tomar

A pesar de todas esas dificultades, si hoy tuviera que volver a elegir mi camino, escogería la agricultura sin dudarlo. Porque trabajar en el campo significa aprender cada día, convivir con la naturaleza y participar en una actividad esencial para toda la sociedad.

Estoy convencido de que la agricultura tiene un enorme futuro. Necesita innovación, investigación, apoyo institucional y, sobre todo, reconocimiento por parte de la sociedad, pero no podemos olvidar que también necesita personas que crean en ella y trabajen para hacerla más sostenible, competitiva y valorada.

Ese es el camino que decidí seguir hace años y el que continúa motivándome cada día. Porque la agricultura no es solo mi profesión: es mi forma de entender la vida, mi compromiso con la tierra y una pasión que espero seguir cultivando durante muchos años.