El precio del cobre convierte a los regadíos de España en el nuevo objetivo de bandas organizadas
El aumento del precio del cobre ha disparado los robos en instalaciones de regadío, poniendo en jaque a agricultores y comunidades de regantes ante bandas organizadas.

El aumento del valor y precio del cobre está generando un problema añadido para agricultores y comunidades de regantes. Las instalaciones de riego, especialmente aquellas que están en zonas rurales y alejadas de núcleos urbanos, se han convertido en objetivos atractivos para grupos dedicados al robo de cable y otros elementos metálicos.
La situación no solo supone el coste de reponer el material sustraído, que ya de por sí es elevado, si no que cada robo que se efectúa puede dejar una explotación sin capacidad para regar durante días o incluso semanas, comprometiendo cultivos que dependen de un suministro de agua regular.
El cobre, un material cada vez más codiciado
El cobre es uno de los metales más utilizados en las instalaciones agrícolas por sus excelentes propiedades para conducir la electricidad. Los motores, bombas, cuadros eléctricos y sistemas de automatización pueden incorporar cantidades importantes de este material.
Su valor en el mercado de materias primas convierte el cableado en un botín relativamente fácil de transportar y posteriormente fácil de introducir en circuitos de compraventa de metales. Esta circunstancia ha incrementado la preocupación entre los agricultores, especialmente en aquellas explotaciones que cuentan con instalaciones aisladas y con poca vigilancia.

El problema se agrava cuando los delincuentes no se limitan a retirar el cable, sino que provocan daños en cuadros eléctricos, sistemas de bombeo o equipos de control para acceder al material.
Los regadíos, un objetivo muy vulnerable
Las instalaciones de riego presentan algunas características que las hacen especialmente vulnerables, ya que muchas se encuentran en parcelas alejadas de las poblaciones, con accesos sencillos y sin vigilancia permanente.
Además, las comunidades de regantes pueden disponer de estaciones de bombeo, transformadores, cuadros eléctricos y grandes redes de cableado. Todo ello concentra una cantidad considerable de materiales con alto valor económico.
Un coste que va mucho más allá del material sustraído
Uno de los principales problemas para los agricultores es que el coste de un robo no termina con la reposición del cable.
A la factura del material hay que sumar la mano de obra necesaria para reparar la instalación, el desplazamiento de técnicos, la sustitución de componentes eléctricos y, en algunos casos, la reparación de bombas o motores dañados durante el asalto.
También existe un coste indirecto relacionado con la pérdida de tiempo. Una instalación que deja de funcionar durante varios días puede obligar a reorganizar las labores agrícolas y buscar soluciones alternativas para garantizar el suministro de agua.

En cultivos de alto valor o durante periodos de elevada demanda hídrica, unas horas sin riego pueden tener consecuencias importantes.
La prevención gana importancia
Ante esta situación, muchos agricultores y comunidades de regantes están reforzando las medidas de seguridad. La instalación de cámaras, sistemas de alarma, sensores de movimiento o dispositivos que permitan avisar de una manipulación no autorizada puede dificultar o al menos, persuadir, la actuación de los ladrones.
LOS ROBOS, LA PESADILLA DE LOS AGRICULTORES VALENCIANOS
— España Suma Valencia (@essumavalencia) May 29, 2021
Los ladrones se han cebado con la localidad de Picassent, en concreto con sus agricultores, dejando sin poder regar a un millar de ellos, por el robo de cobre, en la zona conocida como regantes pic.twitter.com/PgCBtcjni9
También resulta fundamental mejorar la iluminación de determinadas instalaciones y controlar los accesos. En algunas explotaciones se apuesta además por sistemas de vigilancia remota que permiten recibir alertas en el teléfono cuando se produce una incidencia.
Un aspecto clave es la coordinación entre agricultores, comunidades de regantes y fuerzas de seguridad, algo que puede contribuir positivamente a detectar patrones de robos y movimientos sospechosos.
Un problema que amenaza la rentabilidad agrícola
El robo de cobre se suma así a una larga lista de costes y riesgos que afectan actualmente a la agricultura. El agua, la energía, los fertilizantes, los combustibles y la maquinaria representan ya una parte importante de los gastos de las explotaciones.
Por ello, el incremento del precio del cobre está convirtiendo un problema aparentemente relacionado con el mercado de materias primas en una amenaza directa para la actividad agrícola. Proteger las instalaciones de regadío se vuelve cada vez más necesario para garantizar que el agua pueda llegar a los cultivos cuando realmente les hace falta.