Londres está llena de pequeñas casitas verdes: ¿qué son y cómo encontrarlas?

Estas pequeñas casitas verdes conservan un secreto victoriano: refugios que aún sirven bocadillos y bebidas calientes. Descubre su historia, su legado y dónde encontrarlas en la capital británica.

Estas preciosas casetas se pintaban de verde para integrarse en el paisaje urbano, y fueron construidas con un diseño modular que permitía desmontarlas y trasladarlas si cambiaba la circulación.
Estas preciosas casetas se pintaban de verde para integrarse en el paisaje urbano, y fueron construidas con un diseño modular que permitía desmontarlas y trasladarlas si cambiaba la circulación.

Cuando uno habla de Londres suele hacerlo a través de iconos reconocibles: el bullicio alternativo de Camden Town, la solemnidad de Westminster, las luces de Piccadilly Circus o la elegancia de Notting Hill. Sin embargo, la capital británica también es una ciudad de detalles diminutos, casi invisibles para algunos.

Y es que, 'disimuladas' entre la ciudad hay unas curiosas casitas verdes que parecen sacadas de un cuento. No son quioscos, ni garitas, ni simples cobertizos: son los Cabmen’s Shelters, uno de los legados más singulares del Londres victoriano.

El legado victoriano que aún da cobijo a los taxistas y pasa desapercibido para los turistas

A simple vista, estas pequeñas construcciones de madera pintadas de verde oscuro pasan desapercibidas. Están situadas en lugares estratégicos (cerca de estaciones, parques o grandes cruces) y su tamaño es tan reducido que muchos turistas las confunden con casetas de mantenimiento.

Tras las ventanillas de estas casetas se esconde una historia profundamente ligada al nacimiento del transporte urbano moderno en Londres.

Para entender el origen de los Cabmen’s Shelters hay que viajar al siglo XIX, cuando Londres era una metrópolis en plena expansión y los taxis no eran coches, sino carruajes tirados por caballos. Los cocheros (cabmen) pasaban jornadas interminables al aire libre, expuestos a la lluvia, el frío y la niebla, esperando clientes en puntos concretos de la ciudad.

Paradójicamente, aunque los pubs ofrecían calor y comida, los cocheros tenían prohibido abandonar sus carruajes y entrar en ellos. De hacerlo, podían perder su puesto en la parada o incluso ser multados. La necesidad de un refugio digno era evidente.

George Armstrong y una idea nacida bajo la lluvia

La chispa que encendió esta iniciativa se atribuye a George Armstrong, editor de un periódico londinense. Cuenta la historia que, mientras esperaba un taxi bajo una lluvia persistente, Armstrong buscó cobijo en un pub cercano. Al observar la situación precaria de los cocheros, se preguntó por qué no existía un espacio exclusivo donde pudieran resguardarse, comer algo caliente y descansar sin infringir las normas.

De esa reflexión nació la Cabmen’s Shelter Fund, una organización que impulsó la construcción de refugios específicos para taxistas. La idea era simple pero revolucionaria: ofrecer un lugar funcional, económico y accesible en pleno espacio público.

Casitas verdes con normas muy claras

Entre 1875 y 1914 se construyeron un total de 61 Cabmen’s Shelters repartidos por toda la ciudad. El color verde no era casual: ayudaba a integrarlos en el paisaje urbano y los distinguía de otros edificios públicos.

En su interior, los taxistas podían encontrar té caliente, café y bocadillos sencillos a precios asequibles. Eso sí, había reglas estrictas: el acceso estaba reservado exclusivamente a taxistas en servicio, y el menú debía ser rápido y sin alcohol. Algunas de estas normas, sorprendentemente, siguen vigentes hoy.

El paso del tiempo no fue amable con estos refugios. Muchos fueron destruidos durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, otros desaparecieron con las reformas urbanas del siglo XX. De los 61 originales, solo 13 sobreviven actualmente en Londres, convertidos en pequeñas reliquias vivas del pasado victoriano.

Cómo acercarse a los Cabmen’s Shelters sin invadir su esencia

Hoy en día, estas preciosas casas verdes siguen cumpliendo la función para la que fueron creados: ser un refugio exclusivo para los taxistas londinenses. Por ello el acceso al interior continúa reservado a los conductores en servicio, una norma no escrita que se respeta como parte de la tradición. Sin embargo, el visitante curioso no tiene por qué conformarse solo con mirarlos desde fuera.

En muchos de estos refugios es posible pedir comida y bebida a través de la ventanilla (bocadillos calientes, té o café) siempre que se haga con discreción y entendiendo que no se trata de una atracción turística, sino de un espacio de trabajo en activo.

Los más fáciles de localizar se encuentran en puntos céntricos y bien comunicados como Russell Square, Embankment, Kensington Gardens, Hyde Park, las inmediaciones de Victoria Station o el Soho. No existen horarios oficiales, ya que cada caseta funciona de manera independiente, aunque lo habitual es encontrarlas abiertas durante el día, especialmente en las horas punta del tráfico urbano.

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