Meteorosensibilidad: la razón por la que te sientes bien paseando junto al mar, un río o una fuente
La presencia en el aire de iones positivos y negativos impacta en nuestra salud, tanto física como mental. Dependiendo del tipo de ionización y de la meteorosensibilidad de las personas, los efectos son más o menos acusados.

En condiciones normales de presión y temperatura, el aire limpio y seco (sin apenas vapor de agua y con pocas partículas sólidas en suspensión) es un buen aislante eléctrico; no conduce la electricidad, pero las cosas cambian cuando se ioniza, lo que ocurre bajo muy distintas circunstancias: desde la simple fricción provocada por el viento, las olas al romper en la orilla del mar, el burbujeo del agua de una fuente o cascada al precipitarse… hasta las temidas tormentas con su despliegue de rayos.
Hasta mediados del siglo XVII no fue desvelada la naturaleza eléctrica del aire; fue Benjamin Franklin (1706-1790), gracias a una serie de investigaciones sobre la electricidad atmosférica, que culminaron con su famoso experimento de la cometa, quien desveló que los rayos son gigantescas descargas eléctricas que evolucionan en un aire fuertemente ionizado, con cargas eléctricas libres, lo que reduce la resistencia eléctrica, generándose de manera natural arcos eléctricos y chispas.
El bienestar que proporcionan los iones negativos
Los iones que discurren por el aire son átomos o grupos de átomos que tienen una carga eléctrica positiva o negativa. La ionización del aire se produce cuando las moléculas que constituyen la mezcla gaseosa, como las de nitrógeno (N2) y oxígeno (O2) [las dos más abundantes, que representan el 99% del total], pierden o ganan electrones, dando como resultado los citados iones. Uno de los iones más comunes es el ión oxígeno con carga negativa (un anión), cuya presencia tiene un efecto positivo en la salud, tanto física como mental.

Pasear junto a la orilla del mar, con las olas batiendo en la orilla y la brisa fresca soplando tiene un efecto calmante que nos relaja, algo que ocurre también en las zonas verdes en las que hay agua, como los parques con estanques, canales y fuentes. En estos entornos se liberan al aire iones negativos, que tienen un efecto positivo en nuestra salud, causando bienestar.
Dejar ventilar una casa también produce un efecto beneficioso en nosotros, por idéntico motivo, ya que en nuestros hogares tienden a generarse y a acumularse iones positivos, que tienen un efecto contrario, pernicioso.
El impacto en nuestro cuerpo de los iones positivos
La ionización positiva del aire, en la que se acumulan cargas eléctricas de ese signo, alteran negativamente nuestro estado físico y mental, por lo que la exposición en esos ambientes no nos beneficia, logrando el efecto contrario al paseo junto al mar o junto al curso de un arroyo o río en el que el agua al sortear obstáculos forma remolinos, saltos de agua y cascadas, lo que genera de manera natural iones negativos.

La ionización positiva del aire es provocada por los vientos secos y recalentados que atraviesan montañas, dando lugar al conocido efecto foehn, que produce alteraciones en la salud tanto física como mental de muchos individuos. Aproximadamente el 30% de la población es meteorosensible y su cuerpo reacciona a los cambios de tiempo. Parte de esas personas son ionosensibles; es decir, tienen una alta sensibilidad a los cambios en el campo eléctrico presente en la atmósfera y a la ionización del aire.
Tanto los vientos que suelen venir de la mano del efecto foehn como las tormentas, llenan el aire de iones positivos que provocan a esas personas desde problemas físicos como migrañas, fatiga o crisis respiratorias (pensando, por ejemplo, en los episodios de calima), a psicológicos, lo que aumenta su irritabilidad y ansiedad. Las tormentas suman a este cóctel la excitación y el miedo atávico a ellas.