Estas son las sierras que comparten Estados Unidos, España y Marruecos

Aunque hoy las separa el océano Atlántico, Estados Unidos y España comparten una misma historia geológica: sus montañas, aparentemente lejanas, formaron parte de una única cordillera hace millones de años.

Aunque están separadas por el Atlántico, algunas sierras de Estados Unidos tienen un origen en común con otras elevaciones situadas en España y Marruecos.
Aunque están separadas por el Atlántico, algunas sierras de Estados Unidos tienen un origen en común con otras elevaciones situadas en España y Marruecos.

Lo primero que se nos viene a la cabeza es que no hay absolutamente nada que relacione las suaves montañas del este de Estados Unidos con los montes del centro de la España peninsular y los paisajes áridos del sur de Marruecos. Sin embargo, la geología cuenta una historia muy distinta: ambas regiones estuvieron unidas por una misma cordillera hace cientos de millones de años.

La propia NASA lo resume de forma clara: Aunque están separadas por un océano, las montañas del Anti-Atlas en África y los Apalaches en Norteamérica están conectadas en el tiempo. Ambas parecen haberse originado hace cientos de millones de años, antes del final de la era geológica conocida como Paleozoica.

Con el paso del tiempo, ese supercontinente comenzó a fragmentarse y el océano Atlántico se abrió lentamente, separando aquellas montañas y dejando sus restos en continentes distintos.

Una conexión que viene de Pangea

Para entender esta relación hay que retroceder unos 300 millones de años, cuando todos los continentes formaban un único bloque llamado Pangea.

En ese momento, lo que hoy es América del Norte, el suroeste de Europa y el norte de África estaban pegados y la colisión de placas tectónicas dio lugar a una enorme cadena montañosa, comparable en altura al Himalaya actual.

Con el paso del tiempo, ese supercontinente comenzó a fragmentarse y el océano Atlántico se fue abriendo lentamente, separando aquellas montañas y dejando sus restos en continentes distintos. Así, este relieve, uno de los más viejos y erosionados de nuestro planeta, se puede observar también en Canadá, Groenlandia, Irlanda, Escocia, Noruega, España, Portugal y Marruecos

Las piezas del mismo puzle

En la actualidad, esa antigua cordillera se reconoce en varios grandes conjuntos, destacando...

  • En América del Norte, los Montes Apalaches.
  • En el norte de África, el Anti-Atlas.
  • En la comarca extremeña de Las Villuercas-Los Ibores-La Jara, uno de los ocho "geoparques" que la Unesco ha reconocido en España.

Aunque hoy presentan paisajes muy diferentes, los estudios geológicos muestran que sus rocas, estructuras y edades coinciden, como si fueran piezas separadas de un mismo rompecabezas.

De montañas gigantes a relieves erosionados

Lo más llamativo es que estas montañas no siempre tuvieron el aspecto actual, ya que en el pasado eran enormes y muy accidentadas. Pero con el paso de millones de años, la erosión, el viento, la lluvia y los cambios térmicos fueron desgastándolas hasta convertirlas en relieves más suaves.

Por eso, los Apalaches hoy presentan formas redondeadas y bajas, mientras que el Anti-Atlas muestra un paisaje más abrupto y árido, condicionado también por el clima desértico. Las sierras de las Villuercas, el mejor ejemplo de este tipo de relieve en Europa, presentan agujas (remanentes de lo que fueron en un pasado) y profundos valles excavados por ríos.

Las pruebas científicas

Los geólogos han podido reconstruir esta historia gracias a varias evidencias:

  • Coincidencia en la edad de las rocas.
  • Similitudes en los tipos de minerales.
  • Continuidad de estructuras tectónicas.

Estos datos permiten “encajar” América, el suroeste de Europa y África como si fueran piezas de puzzle, confirmando la teoría de la deriva continental.

Un ejemplo claro de cómo cambia la Tierra

Los Apalaches, las Villuercas y el Anti-Atlas no solo comparten origen: son el testimonio de un planeta en constante evolución.

Este caso es uno de los ejemplos más claros de la tectónica de placas y cómo la superficie terrestre está en constante movimiento. Lo que hoy podemos ver como paisajes separados por miles de kilómetros son, en realidad, el resultado de una historia común.

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