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El mar, mejor en Fin de Año que en Semana Santa

Muchos desean ansiosos la llegada de la Semana Santa para meterse en el agua del mar. Lo que pocos saben es que es mejor hacerlo en Fin de Año. ¿Por qué?

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Padre e hija en la playa
En Fin de Año el agua del mar está menos fría que en Semana Santa

Tras las vacaciones de verano, todos miramos el calendario para saber cuándo podremos volver a escaparnos. La Navidad es el primer objetivo, aunque se trata de unas fiestas de invierno, de estar en familia y preparar grandes comidas. La previsión del tiempo no es la prioridad, sino la de cuadrar el calendario con el resto de la familia para poder estar todos juntos y calentitos en estos días tan significativos.

No ocurre lo mismo con la Semana Santa. Algunos ya la buscamos en el calendario en septiembre, pero la mayoría, es a la vuelta de Reyes cuando quieren descubrir cómo cae. Son unas vacaciones en las que ya no se busca estar en familiar, sino huir, y a poder ser, a un destino con mar para poder empezar a broncearnos de cara a la nueva temporada.

La playa, por el país en el que nos encontramos, es uno de los principales destinos. Quien haya viajado en Semana Santa a un lugar costero se habrá dado cuenta de lo fría que está el agua del mar. En cambio, por Fin de Año, pocos son los que se atreven a meterse en el agua. ¿Por qué? Básicamente porque tenemos pocas horas de sol, hace frío... ¡pero la temperatura del agua es más alta que en Semana Santa!

Cómo evoluciona la temperatura del mar

Para los no entendidos, el mejor resumen para entender cómo evoluciona la temperatura del agua del mar es que todo va mucho más lento que en el resto de cosas. Es decir, cuesta mucho que suba de temperatura, y a la vez, tarda mucho tiempo en enfriarse.

El mar se calienta gracias al sol. Así, es a finales del verano, en agosto, cuando tiene la temperatura más alta. A partir de este momento, al reducirse las horas de sol, mes tras mes va bajando de temperatura. Entre febrero y marzo suele marcar los valores más fríos. A partir de marzo, como las horas de sol aumentan y también la temperatura ambiental, vuelve a subir progresivamente hasta el verano.

Así, la temperatura del agua del mar siempre es más alta a finales de diciembre, aunque no nos guste meternos en el mar, que en Semana Santa, cuando apenas empieza a remontar su temperatura tras un largo invierno.

Playa desde el cielo
La arena y el agua se calientan y se enfrían a una velocidad distinta.

El gran secreto del agua

Esta propiedad que tiene el agua de retener tan bien la temperatura es debido a su gran capacidad calorífica. La capacidad calorífica es la resistencia que tiene un cuerpo para experimentar un cambio de temperatura. Y el agua, en esto, es la reina.

Para comprobar que lo anterior es cierto, solo tenemos que pasar un día entero en la playa en agosto. Durante el día, notaremos siempre la temperatura del agua más o menos igual, pero la arena va a quemar. Cuando el sol se pone, el agua está a la misma temperatura pero la arena está muy fría. Los minerales que forman la arena de la playa y el agua tienen una capacidad calorífica muy distinta.

Usos domésticos de esta propiedad

Uno de los usos más efectivos, y que ya comentamos en tiempo.com hace unos años, es el de las bolsitas de agua caliente. Puesta unos minutos antes de irnos a la cama bajo las sábanas, garantiza un calor duradero toda la noche. Esto es gracias a su capacidad calorífica, que logra que siga caliente durante horas.

Tener el mar cerca siempre garantiza un tiempo mucho más templado que en zonas de interior. El agua actúa como regulador meteorológico y hace que los veranos no sean excesivamente calurosos, así como los inviernos extremadamente fríos.