Las ciudades y el entorno que nos rodea afectan nuestro sistema nervioso, salud mental y bienestar

La arquitectura no es neutra y una ciudad no sólo debe ser estética y funcional, sino que tiene que conciliar su diseño con la biología del ser humano para convertirse en un lugar saludable y habitable en el tiempo

La neuroarquitectura cuida de la biología humana a través de los aspectos naturales que nos afectan
La neuroarquitectura cuida de la biología humana a través de los aspectos naturales que nos afectan

Por encima de la normativa, la estética o la rentabilidad, la arquitectura tiene una responsabilidad más profunda: cuidar la biología humana. Es la premisa que defiende la neuroarquitectura, porque durante décadas hemos proyectado edificios, espacios y ciudades sin tener en cuenta el sistema nervioso de las personas que los habitamos.

¿Qué es la neuroarquitectura?

La neuroarquitectura estudia cómo el diseño del entorno impacta en el cerebro, las emociones y el comportamiento humano, aplicando evidencia científica para mejorar el bienestar. Busca crear espacios que reduzcan el estrés, potencien la creatividad y favorezcan la salud, optimizando iluminación, materiales y formas.

Fue impulsada en los años 60 por el biólogo Jonas Salk y el arquitecto Louis Kahn, pero no fue formalizada hasta el año 2003 con la Academia de Neurociencia para la Arquitectura (ANFA).

La neuroarquitectura aporta un enfoque más humano, no busca sustituir los criterios técnicos, pero sí integrarlos con la evidencia científica sobre cómo influye el entorno en nuestro cerebro, nuestras emociones, nuestro bienestar y nuestras relaciones.

Sus elementos clave son la luz natural, porque regula los ritmos circadianos, sueño, estado de ánimo y equilibrio hormonal; la naturaleza a través de la biofilia, que reduce el estrés y aumenta la calma; las formas y alturas, y los colores que también influyen en el estado de ánimo.

Además, utiliza herramientas como la realidad virtual, la biorretroalimentación a través de la frecuencia cardíaca y el machine learning para medir reacciones en tiempo real. La neuroarquitectura no es sólo estética, es una metodología basada en datos para humanizar los espacios.

¿Qué dice la neurociencia al respecto?

El estudio sobre la felicidad más largo que se ha realizado hasta la fecha por la Universidad de Harvard, demuestra que el mayor predictor de salud y bienestar no es el dinero ni el éxito profesional, sino la calidad de nuestras relaciones sociales, porque los seres humanos somos profundamente relacionales.

La neurociencia ha demostrado que cuando el entorno es percibido como amenazante, nuestro sistema nervioso entra en un estado de alerta y reduce a su vez, la activación de los circuitos de vínculo. Es un mecanismo biológico de supervivencia, basado en la seguridad, y sin seguridad no hay conexión, y sin conexión no hay bienestar.

El diseño puede fomentar el aislamiento de las personas o facilitar el encuentro entre ellas, por eso la neuroarquitectura recuerda que hay que diseñar para la biología, es decir, diseñar para fomentar la seguridad, el bienestar y la conexión.

La aplicación sistemática de la neuroarquitectura está siendo emergente pero la base científica que la sostiene es sólida, ya que desde los años 80 existen investigaciones sobre la influencia de la luz en los ritmos biológicos, la orientación espacial o la percepción del entorno.

Actualmente, muchas ciudades buscan renaturalizarse para atajar la contaminación, ser más resilientes frente al cambio climático y mejorar el bienestar ciudadano. Diseñar espacios que regulen el sistema nervioso reduce costes sanitarios, mejora la convivencia, aumenta la productividad y potencia el bienestar colectivo.

Green Cities versus Smart Cities

El urbanismo verde es un enfoque para el diseño urbano que crea ciudades ecológicas reduciendo los residuos y las emisiones contaminantes, promoviendo la creación de espacios verdes, utilizando materiales de construcción sostenibles y apoyando la movilidad eléctrica.

La ciudad sostenible es aquella capaz de autoabastecerse energéticamente y de reutilizar sus residuos, persiguiendo un transporte más sostenible, manteniendo y fomentando espacios verdes y gestionando los recursos naturales.

Sin embargo, una smart city es una ciudad que integra tecnologías digitales en sus redes, servicios e infraestructuras para ser más eficiente y habitable, en beneficio de los habitantes y las empresas.

Existe un factor común y determinante en las ciudades actuales, el sonido. El ruido crónico mantiene al sistema nervioso en alerta sostenida y por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo considera uno de los principales riesgos ambientales para la salud en Europa, vinculado al estrés, trastornos del sueño y enfermedades cardiovasculares.

Entre los elementos arquitectónicos con mayor impacto psicológico, está también todo aquello que nos conecta con la naturaleza, especialmente la luz natural o luz solar. Y por último, la calidad del aire. Según la OMS, el síndrome del edificio enfermo determina que hasta un 30% de las construcciones pueden presentar condiciones interiores que afectan a la salud, como la mala calidad del aire interior.

Ciudades en las que se pueda vivir

La previsión actual es que en 2050, casi el 70% de la población mundial viva en ciudades. Si las ciudades del futuro no integran naturaleza, movilidad activa, espacios de encuentro y zonas de refugio, serán entornos que favorezcan la desconexión social y activen el estrés crónico.

El espacio del futuro no debería ser el más automatizado, sino el más respetuoso con nuestra fisiología y con el medio ambiente. No se debe proyectar desde la fascinación tecnológica sin olvidar que el cuerpo sigue siendo ancestral y la naturaleza nuestra base para la sostenibilidad.

Según la neuroarquitecta, María Gil, ante el aumento de la ansiedad, el estrés y la depresión, diseñar ciudades más humanas no es una opción, sino una prioridad social.

El diseño no solo construye espacios, construye emociones, por eso, la neuroarquitectura no es un lujo ni una tendencia, es una necesidad biológica y ambiental y una herramienta de cambio social. Si diseñamos respetando la biología humana y la ambiental, según los principios de la neuroarquitectura y el diseño bioclimático, no solo mejoramos los edificios, también nuestra vida.

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