El legendario rayo verde

En 1882, Jules Verne publicó su novela "El rayo verde", construida a partir de una leyenda escocesa sobre la observación del citado fenómeno óptico. Su explicación física reside en la refracción y dispersión de la luz en la atmósfera.

Jose Miguel Viñas Jose Miguel Viñas 14 Jul 2019 - 09:34 UTC
Fotografía del disco solar junto al horizonte, deformado por la refracción atmosférica, por encima del cual surge un rayo verde desdoblado. Crédito: ©Allen Vinson.

Uno de los fenómenos atmosféricos del que han surgido más leyendas es el rayo verde. Muchas personas siguen creyendo que no es real, sino fruto de la invención de marineros que desde antaño han afirmado haberlo visto durante sus travesías. Su carácter escurridizo, principalmente por las condiciones tan particulares que deben de darse para tener la posibilidad de verlo, hace que muchas personas, a pesar de haber presenciado muchas puestas y salidas de sol, no lo hayan conseguido. Las condiciones óptimas para lograr observarlo se consiguen si el aire está muy encalmado, sin apenas turbulencia atmosférica, y nos situamos en un lugar elevado, preferentemente frente a un horizonte marino.

Del rayo verde se han contado muchas cosas, como que todo aquel que lo observa tiene en ese instante la capacidad de leer los pensamientos de las personas que le acompañan. Las creencias más arraigadas son las que aluden al amor, como la que dice que quien observa el rayo verde durante una puesta de sol es una persona enamorada de verdad, o que si una pareja observa el fenómeno simultáneamente, sellan en ese momento su amor para el resto de sus vidas. Esta última leyenda circulaba por Escocia a mediados del siglo XIX, cuando llegó a oídos del novelista francés Jules Verne, que por aquel entonces –antes de convertirse en el escritor de fama universal– hizo un viaje por aquel país, lo que le dio pie, bastantes años después, a hilar una de sus famosas novelas.

Grabados de Léon Benett de la edición original, en francés, de la novela “El rayo verde” de Jules Verne, publicada en 1882. La imagen de la izquierda se corresponde con el frontispicio del citado libro, mientras que la de la derecha ilustra el desenlace final de la novela, con los personajes observando el escurridizo fenómeno óptico.

La novela en cuestión lleva por título justamente “El rayo verde” y apareció publicada en 1882. La dificultad que entraña observar el esquivo fenómeno óptico en las brumosas tierras escocesas, conduce a los personajes por distintas peripecias hasta lograr finalmente el objetivo. Dos solterones escoceses tienen bajo su tutela a su sobrina; una joven huérfana llamada Elena Campbell, a la que sugieren casarse con un joven y extravagante científico, de nombre Aristobulos Ursiclus. Ella no lo tiene claro y pide a sus tíos que la lleven a intentar ver el rayo verde, pues de esa manera sus dudas se disiparán y sabrá si hay o no un sentimiento verdadero de amor hacia él. Hay que llegar hasta el final de la novela para saberlo y desde estas líneas le invito a leerla.

A raíz de la publicación de “El rayo verde”, tan singular fenómeno óptico atmosférico despertó el interés de muchos lectores, entre ellos algunos científicos, que se fueron encargando de desmitificarlo, dando a conocer las causas físicas que lo provocan. Desde un punto de vista descriptivo, consiste en un destello de color verde –aunque a veces adopta un tono azulado–, de apenas uno o dos segundos de duración, que emerge del borde superior del disco solar, lunar, o de un planeta, justo cuando está a punto de desaparecer bajo el horizonte terrestre, o nada más emerger. El aire debe de estar en calma, en cuyo caso, la capas de aire próximas al horizonte actúan como un prisma, lo que provoca la separación de los colores que forman la luz blanca procedente del astro.

Rayo verde
Secuencia de imágenes de un disco solar al ocaso, deformado por la refracción atmosférica, del que surge el esquivo #RayoVerde. Fotografiado desde San Francisco en 2009.

A cierta altura sobre el horizonte, la separación entre los discos de diferentes colores es mínima, sin que lleguemos a percibirlo, pero, en realidad, el de luz roja está algo más próximo al horizonte que el violeta. La separación de esos discos monocromáticos aumenta a medida que el astro se va acercando al horizonte y ocultando. En el centro del disco todos los colores se superponen, reproduciendo la luz blanca, pero en el limbo superior sobresale algo el disco de color violeta y el azul. Debido a que estos colores coinciden con los del fondo del cielo, al descender un poco más el astro el color que llega hasta nuestros ojos es el verde, que es el siguiente en el espectro visible. Dejando a un lado su carácter legendario, los afortunados que logran ver ese destello esmeralda lo que es seguro es quedan momentáneamente absortos y cautivados.

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