El fantasma de la sierra de Andújar: por qué es más fácil ver al lince ibérico en enero
Si quieres encontrarte cara a cara con el felino más amenazado del planeta, este invierno tienes una cita en Jaén. Te explicamos los secretos para lograr un avistamiento inolvidable.

El sol comienza a despuntar sobre las lomas de granito y el silencio en la sierra de Andújar es casi absoluto. En este rincón recóndito de Jaén, la paciencia es la mejor herramienta de quien busca una mirada ámbar entre la maleza. Aquí, entre jaras y lentiscos, habita una criatura que hasta hace poco era una leyenda al borde de la desaparición, pero que hoy reclama su trono con fuerza.
La población de lince ibérico ha alcanzado un nuevo hito al registrarse un total de 2.401 individuos. De este censo, 1.557 corresponden a ejemplares adultos o subadultos, mientras que la nueva generación de 2024 aporta 844 cachorros.
En el ámbito reproductivo, la Península cuenta ya con 470 hembras, destacando Castilla-La Mancha como la región con mejores índices de productividad.
La historia del Lynx pardinus, el popular lince ibérico, es un relato de superación que emociona a cualquier amante del mundo salvaje. Tras décadas de declive constante, el censo actual ya supera los dos mil individuos, dejando atrás la época más oscura en la que ver uno era un milagro. Ahora, la sierra de Andújar se ha consolidado como el santuario definitivo para quienes desean contemplar su elegancia en libertad.
Secretos para encontrar al lince ibérico en la sierra de Andújar
Las lomas tranquilas cubiertas de monte bajo y encinas centenarias conforman el escenario predilecto para este icónico animal. Al ser un superpredador, su labor en el ecosistema es vital, pues mantiene a raya a otros carnívoros de menor tamaño como zorros o meloncillos. Su dominio del territorio garantiza un equilibrio natural que favorece la biodiversidad de todo el Parque Natural de la Sierra de Andújar.
PUEBLOS DE JAÉN
— Eduardo Alvarado (@Carolo65) March 25, 2025
Lince ibérico en la Sierra de Andújar. pic.twitter.com/LHsEjeoQYb
Lograr detectar al lince ibérico requiere de una agudeza visual similar a la suya, algo realmente complicado para el ojo humano inexperto. Este felino posee un sentido del oído ocho veces superior al nuestro, lo que le permite detectar cualquier intruso mucho antes de ser visto. Ante el menor indicio de peligro, su respuesta inmediata consiste en fundirse con el entorno gracias a su increíble capacidad de mimetismo.
Si buscas un punto caliente para intentar la observación, la ruta que se dirige hacia el muro de la presa del Jándula es obligatoria. Es habitual encontrar allí a grupos de naturalistas armados con telescopios y prismáticos, oteando las laderas con total devoción. La paciencia en estas cunetas suele tener recompensa si se respeta el silencio y se mantienen las formas que el entorno exige.
Por qué el mes de enero es la mejor época para ver linces
Mucha gente se pregunta por qué el invierno es el momento estrella para organizar una escapada de avistamiento a Jaén. La respuesta reside en la biología: durante diciembre y enero, la especie entra en su periodo de celo. Durante varias semanas, los ejemplares de lince ibérico abandonan parte de su habitual discreción nocturna para estar mucho más activos durante las horas de luz solar.

La comunicación entre machos y hembras se vuelve sonora y constante, rompiendo la calma del monte con sus característicos maullidos. Estas llamadas de apareamiento son la pista definitiva que delata su ubicación exacta en mitad de la espesura. Al aumentar sus desplazamientos territoriales para buscar pareja, las probabilidades de cruzarse en su camino en cualquier sendero se multiplican de forma exponencial.
Además, el comportamiento invernal los empuja a buscar el calor de los primeros rayos de luz tras las gélidas noches serranas. Es frecuente verlos descansando plácidamente sobre las grandes rocas de granito para regular su temperatura corporal. Mientras vigilan sus dominios, dependen totalmente de la salud de las poblaciones de conejos, que son la base de su dieta y su motor de supervivencia.
Cómo identificar al gran gato de las manchas y pinceles
Visualmente, el lince ibérico recuerda a un gato doméstico de imponentes dimensiones, destacando por un pelaje moteado que parece pintado a mano. Sus orejas terminan en unos mechones oscuros muy finos que parecen pinceladas al aire, un rasgo distintivo que lo diferencia de cualquier otro felino. Los ejemplares adultos pueden medir hasta 110 centímetros de largo, mostrando una estampa robusta y muy ágil.

Si logras tenerlo cerca, fíjate en sus bigoteras y en la mota negra que remata su corta cola. Existe una diferencia notable de peso entre géneros; mientras los machos alcanzan los 15 kilos, las hembras suelen quedarse en los 10. En los individuos más jóvenes, tanto los pinceles de las orejas como las barbas faciales están mucho menos marcados que en los adultos.
Recuerda siempre conducir con precaución por las carreteras del Parque Natural de la Sierra de Andújar y respetar las señales que protegen a este tesoro de nuestra fauna.
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