Los astrónomos están desconcertados por el extraño comportamiento de un cometa tras pasar cerca del Sol

Un cambio de ritmo imprevisto en el cometa 41P ha dejado atónitos a los expertos. Este objeto helado frenó su rotación bruscamente, desafiando las leyes físicas conocidas hasta hoy.

El violento escape de gases tras rozar el Sol frena en seco al cometa 41P, un giro imposible que ahora amenaza con despedazar su núcleo para siempre. Imagen: simulación hecha con IA.
El violento escape de gases tras rozar el Sol frena en seco al cometa 41P, un giro imposible que ahora amenaza con despedazar su núcleo para siempre. Imagen: simulación hecha con IA.

El cosmos suele tener un orden bastante estricto, pero de vez en cuando aparece un visitante que decide saltarse todas las normas establecidas. Eso es lo que ha ocurrido con el cuerpo celeste bautizado como 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, un mole de hielo y roca que viaja por el vacío y que, tras su reciente encuentro con el calor de nuestra estrella, ha protagonizado una maniobra que nadie esperaba.

Ver a un gigante de varios kilómetros de diámetro cambiar su comportamiento de forma tan repentina es algo que rara vez sucede sin una colisión de por medio. Sin embargo, este viajero espacial ha conseguido reducir su velocidad de rotación a la mitad en un tiempo récord, pasando de dar una vuelta completa cada jornada a necesitar dos días enteros para el mismo proceso. Este fenómeno ha generado una auténtica vendaval de preguntas en los observatorios de todo el planeta.

El misterioso cambio en el giro del cometa 41P

La física nos dice que un objeto que da vueltas en el vacío debería seguir haciendo por los siglos de los siglos a menos que algo muy potente lo frene. No obstante, los datos recogidos durante el perihelio, el punto más cercano al Sol, mostraron una realidad muy distinta con el cometa 41P. En apenas cuatro semanas, la rotación de este cuerpo se volvió mucho más lenta, un hecho que fue calificado rápidamente como un giro "imposible" por quienes llevan décadas analizando el firmamento.


Este descubrimiento se ha logrado gracias a la precisión del Discovery Channel Telescope, cuyas imágenes permitieron medir con exactitud cómo el 41P perdía su impulso. Estamos ante un sistema dinámico capaz de modificar su propia energía de una manera casi autodestructiva. La rapidez con la que se produjo este parón ha obligado a los expertos a buscar explicaciones que van mucho más allá de lo que dictan los manuales clásicos de astronomía sobre el movimiento de los cuerpos celestes.

Lo que resulta más fascinante de este proceso es que se ha producido de manera interna, sin que mediara ningún impacto externo con otro asteroide. El 41P ha demostrado que los cometas poseen una complejidad geológica superior a la imaginada. Es una prueba de que, en el espacio, incluso los objetos más antiguos pueden sorprendernos con reacciones físicas que parecían descartadas por la teoría.

El efecto de los chorros de gas y el giro del cometa 41P

¿Cómo es posible que una masa tan enorme se frene a sí misma sin ayuda? La respuesta se encuentra en la propia actividad del núcleo cuando se calienta. Al acercarse al Sol, el hielo acumulado se transforma en gas de forma súbita, saliendo disparado hacia el exterior. En el caso del 41P, estas emanaciones de gas cianógeno actuaron como auténticos propulsores naturales. Sin embargo, en lugar de acelerar la marcha del objeto, la ubicación de estas grietas provocó un efecto totalmente contrario.

La furia del Sol frenó en seco la rotación del cometa 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, provocando un desajuste físico que podría hacerlo pronto. Imagen: simulación realizada con IA.
La furia del Sol frenó en seco la rotación del cometa 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, provocando un desajuste físico que podría hacerlo pronto. Imagen: simulación realizada con IA.

Los chorros de gas salían despedidos en una dirección que se oponía directamente al sentido en el que el núcleo estaba rotando. Esta circunstancia generó una resistencia tan fuerte que consumió el momento angular de la roca helada. Es un proceso similar al de intentar correr hacia adelante mientras unos potentes ventiladores te empujan hacia atrás con una fuerza descomunal, logrando que cada vez te cueste más avanzar.

Este par de torsión negativa transformó la energía térmica recibida del Sol en un obstáculo para su propia estabilidad. Lo que habitualmente sirve para que un cometa brille con más fuerza o se desplace más rápido, aquí se convirtió en un lastre que detuvo su marcha habitual. Los modelos matemáticos que se usaban hasta la fecha no contemplaban que una desgasificación pudiera ser tan eficiente a la hora de frenar un mole de tal tamaño.

Un peligro real para la estabilidad del núcleo

Este parón tan brusco ha pasado factura a la arquitectura íntima de la roca helada. Al ver alterado su movimiento de una forma tan radical, el objeto ha perdido su equilibrio, entrando en una fase de desestabilización sumamente crítica. Ahora, en lugar de rotar con fluidez, padece un cabeceo descontrolado, muy similar al que muestra un trompo justo antes de desplomarse sobre el suelo. Semejante agitación interna castiga la estructura con fuerzas de tracción extremas.

Varios expertos advierten que este comportamiento errático precede a una desintegración total. La unión de estos cuerpos es débil, casi como una bola de nieve mal compactada que se desmorona al tacto. Si estas presiones internas vencen la resistencia del material, el 41P podría hacerse añicos en su siguiente visita al calor estelar. Este suceso nos da pistas vitales para proteger el mundo:
si logramos manejar esos chorros, desviaríamos amenazas sin choques directos.

Referencia de la noticia:

David Jewitt, Reversal of Spin: Comet 41P/Tuttle-Giacobini-Kresak, arXiv (2026). DOI: 10.48550/arxiv.2602.06403

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