Un día como hoy, Filomena nos dejó una nevada histórica: las impactantes imágenes y posibilidades de que se repita
Un día como hoy, la borrasca Filomena paralizó España bajo un manto de nieve sin precedentes. Calles irreconocibles, ciudades colapsadas y escenas históricas marcaron un episodio extremo que aún hoy suscita una gran pregunta: ¿podría volver a repetirse?

Hace justo cinco años, el 7 enero de 2021, España registraba imágenes insólitas que parecían sacada de otras latitudes: ciudades enteras cubiertas por espesores de nieve inéditos, carreteras intransitables, aeropuertos cerrados y una sensación generalizada de asombro.
La borrasca profunda, nombrada por la AEMET como Filomena, pasó a la historia como uno de los episodios meteorológicos más extremos registrados en el país en las últimas décadas, especialmente por la intensidad y persistencia de las nevadas.
Durante varios días, una combinación excepcional de factores atmosféricos dio lugar a una situación sin precedentes. Aire muy frío de origen continental, temperaturas persistentemente bajo cero y una borrasca cargada de humedad procedente del Atlántico se unieron para generar nevadas continuas y copiosas, sobre todo en el centro peninsular.

El resultado fue un paisaje completamente transformado y una huella imborrable en la memoria colectiva, con el grueso del episodio comenzando precisamente un 7 de enero.
Imágenes que pasaron a la historia meteorológica
Madrid fue, sin duda, uno de los grandes epicentros mediáticos de Filomena. Calles emblemáticas como la Gran Vía o la Puerta del Sol quedaron sepultadas bajo más de medio metro de nieve. Allí pudo verse personas esquiando por avenidas, coches atrapados durante horas y parques convertidos en auténticos paisajes alpinos… Imágenes que dieron la vuelta al mundo.

Pero el impacto no se limitó a la capital del país. Castilla-La Mancha, Aragón, Castilla y León, Cataluña o la Comunidad Valenciana también vivieron nevadas excepcionales, muchas de ellas históricas. Municipios poco acostumbrados a ver nieve registraron espesores nunca antes medidos, y el colapso de infraestructuras fue generalizado.
Uno de los episodios más recordados fue el daño causado al arbolado urbano. En Madrid, miles de árboles del parque del Retiro y de otras zonas verdes colapsaron por el peso de la nieve, dejando una cicatriz ambiental que aún hoy se está reparando. Las imágenes de ramas quebradas y caminos bloqueados se convirtieron en símbolo de la magnitud del temporal.
Un fenómeno excepcional desde el punto de vista meteorológico
Filomena no fue una borrasca cualquiera. Su excepcionalidad radicó en la sincronización perfecta de varios elementos poco frecuentes. En primer lugar, una masa de aire muy frío se había instalado días antes sobre la península, provocando temperaturas extremadamente bajas.

Cuando Filomena entró desde el suroeste, aportó grandes cantidades de humedad que, al encontrarse con ese aire frío, se tradujeron en nieve incluso a cotas muy bajas.
Además, la borrasca quedó prácticamente bloqueada durante varios días, lo que prolongó las precipitaciones y permitió que la nieve se acumulara de forma continua. Esta persistencia es una de las claves que explican por qué el episodio fue tan extraordinario y tan difícil de gestionar.
¿Puede volver a repetirse un episodio como Filomena?
Cada vez que España se enfrenta a un temporal invernal, hay quienes se preguntan, "¿podría volver a ocurrir algo parecido?" La respuesta rápida y corta es sí, pero con matices.
Desde el punto de vista meteorológico, no se puede descartar que se repita una combinación similar de factores. Por su ubicación, la península ibérica es un territorio donde confluyen masas de aire muy distintas, lo que favorece episodios extremos.

Sin embargo, la probabilidad de que se den todas las condiciones exactas de Filomena al mismo tiempo es baja. Se trata de eventos poco frecuentes, aunque no imposibles. De hecho, antes de 2021 ya existían referencias históricas de grandes nevadas, como las de 1956 o 1971, aunque en contextos climáticos y urbanos muy diferentes. Además, cada temporal es diferente.
El cambio climático añade un elemento adicional al debate. Aunque el calentamiento global reduce la frecuencia de episodios fríos prolongados, también incrementa la intensidad de los fenómenos extremos. Esto significa que, aunque las grandes nevadas puedan ser menos habituales, cuando se producen pueden ser más intensas y difíciles de gestionar.
¿Qué aprendimos con Filomena?
Filomena supuso un punto de inflexión en la gestión de emergencias meteorológicas en España. Administraciones, servicios de protección civil y ciudadanos tomaron conciencia de la necesidad de mejorar la planificación ante episodios extremos.

Desde entonces, se han revisado protocolos, reforzado sistemas de aviso y aumentado la sensibilización sobre los riesgos asociados a temporales invernales severos.
Un día como hoy, recordar Filomena no es solo mirar atrás con asombro, sino también reflexionar sobre la importancia de la preparación y la adaptación. Porque, aunque no sepamos cuándo llegará la próxima gran nevada, la historia reciente demuestra que lo excepcional siempre puede volver a ocurrir.
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