Testimonio del eclipse solar total: "grité creo que para sentirme vivo, porque la visión era espectral"

El eclipse total de ayer en España dejó un reguero de vídeos espectaculares y testimonios increíbles de quienes lo pudieron presenciar. Aquí una combinación de ambas cosas.

Eclise solar total visto desde San Millán de los Caballeros este miércoles, día 12. Crédito: NASA.
Eclise solar total visto desde San Millán de los Caballeros este miércoles, día 12. Crédito: NASA.

Ayer un tercio de la España peninsular pudo disfrutar de la anunciada totalidad del eclipse solar, desde Asturias hasta Baleares, pasando por Castilla y León, Aragón y la Comunidad Valenciana. Durante algo más de una hora, el sol fue apagándose y encendiéndose al compás de la Luna, que encajó milimétricamente en el astro rey.

Yo pude disfrutarlo en el prelitoral de la provincia de Valencia, en una loma que divide la huerta litoral de una zona de secano, perteneciente a la Foia de Bunyol. Considero que tuve una vivencia casi sobrenatural, y eso que he de confesar que me mantuve bastante escéptico hasta minutos antes de que cayera la noche de forma súbita. Tanto es así que rebañé las últimas gafas homologadas de una farmacia a las seis de la tarde.

A las siete me planté con mi familia al oeste de Loriguilla, en la casa de campo que acogió los veranos de mi infancia. Allí he vivido eventos muy singulares ligados a la meteorología y astronomía, desde la supercélula que arrasó media provincia de Valencia en septiembre de 2004, hasta un tornado que apareció sorpresivamente hace tres veranos, a unos kilómetros al oeste. También fue el marco para mi contacto con el cometa Hale-Bopp en 1997 y de algún que otro bólido, que me llegó a quitar el sueño. Esas bolas luminosas que rasgan la noche ponen los pelos como escarpias. El eclipse de ayer no fue a la zaga.

"La paleta de colores se desmoronó en cuestión de segundos"

Pasadas las 19:30 horas, la Luna comenzó a mordisquear el disco solar por la parte inferior derecha. Ahí comenzó la fase parcial. En ese momento nuestro satélite fue interponiéndose entre la Tierra y el Sol. Lo cierto es que el inicio no fue muy trepidante, de hecho, pensé que el evento no estaba más que corroborando mis escasas expectativas.

Sin embargo, cuando pasaron de las ocho, el ambiente fue tornándose sombrío con un toque anaranjado cada vez más evidente. La luz era crepuscular pero no de una tarde cualquiera, todo transcurría a gran velocidad. La paleta de colores se desmoronaba: del pantone de media tarde al del atardecer, y de ahí a la noche casi cerrada a eso de las 20:32, cuando llegó el inicio de la totalidad.

Momento culmen del eclipse con la noche casi cerrada en Loriguilla, Valencia. Foto: Juan José Villena Abad.
Momento culmen del eclipse con la noche casi cerrada en Loriguilla, Valencia. Foto: Juan José Villena Abad.

Segundos más tarde la Luna cubrió por completo el disco del Sol y se desencadenó una cascada de sensaciones y de emociones. De repente, las luces artificiales se encendieron, aparecieron las estrellas en el cielo y un silencio sórdido se adueñó del paisaje.

En medio de esa oscuridad, cuando dejó de percibirse el anillo de diamantes, pudimos retirarnos las gafas unos segundos para acertar a ver la Luna como una esfera imponente, negra como el tizón. Alrededor de ella, se veían como nebulosas nacaradas. Y en ese momento grité creo que para sentirme vivo, porque la visión era espectral. “¡Brutal!”, dije. Varias veces.

Instantes después comenzó algo parecido al amanecer. Literalmente, casi en cuestión de segundos, los colores pasaron del azulado de la noche incipiente a los amarillos y naranjas del albor estival, esos colores que se ven en agosto en torno a las 6 de la mañana, cuando despuntan los primeros rayos de sol sobre el mar. Y pasaron un par de murciélagos diría que tan aletargados como yo, trazando una línea recta bastante inusual hasta perderse entre los algarrobos, siendo su vuelo siempre zigzagueante. Pero esto ya son elucubraciones mías.

Algo de lo que sí estoy seguro: nunca volveré a dudar de la belleza de un eclipse total. Qué valiente es la ignorancia, de quien nunca lo ha visto.