Silvia Ferrer sobre el diluvio del 18 de octubre: "el mar Mediterráneo disparó un episodio de lluvia cálida"
Una atmósfera tan saturada como la actual no necesita más ingredientes para dar lugar a episodios de lluvias torrenciales como los ocurridos el 18 de octubre en la Comunidad Valenciana, entre Valencia y Alicante.

En la Comunidad Valenciana, concretamente en las comarcas de La Safor y en la Marina Alta, el 18 de octubre se registraron precipitaciones con acumulados totales de más de 600 l/m2 en 24 horas.
¿Cuál es la singularidad de este episodio?
Estas precipitaciones en muchos momentos fueron de tipo cálido, no de tipo convectivo, viéndose en la escasa actividad eléctrica. Además, en la imagen del satélite se apreciaba cómo los topes de las nubes, es decir, su altura máxima, no se correspondía con las intensidades de precipitación registrada. Deberían haber sido mucho más elevados y fríos.

En el Golfo de Valencia se dieron lluvias torrenciales que podrían ser de nubes de tipo cúmulo o nimboestratos, en cuánto a su envergadura, y estas nubes fueron suficientes para provocar lluvias torrenciales en el episodio del 18 de octubre de 2026 debido a la situación actual que presenta el área mediterránea este otoño, con un mar muy cálido y una atmósfera muy saturada.
Las lluvias en algunas zonas del Mediterráneo y en la época otoñal puede ser cálidas, ya que las temperaturas de las nubes donde se generan las precipitaciones generalmente están por debajo del nivel de congelación. Suelen estar asociadas a zonas de alto contenido de agua precipitable.
La configuración del 18 de octubre con la presencia de dos depresiones aisladas en niveles altos: una al norte de la Península Ibérica y otra secundaria en el entorno del golfo de Cádiz, aumentó la incertidumbre sobre el lugar de concentración de las precipitaciones más intensas.
Las bajas presiones en superficie canalizaron vientos de levante cargados de humedad desde el Mediterráneo. Su convergencia creó un entorno muy favorable para el desarrollo de tormentas intensas y organizadas que generalmente descargaron sobre el mar. Pero hubo más.

La singularidad de este episodio según Toni Rubio de la Fundación para la Investigación del Clima (FIC) fue que, en este escenario, los mecanismos que mantuvieron la situación complicada en La Safor y La Marina Alta "fueron la convergencia y confluencia del flujo marítimo las que propiciaron, junto con la orografía, los ascensos verticales, que se realimentaron por la liberación de calor latente por condensación". Al haber gran cantidad de agua precipitable en la atmósfera, "este mecanismo se vió reforzado y restó importancia a la ausencia de energía disponible por CAPE".
Y añade Rubio, "esta situación pudo haberse distribuido en el territorio en una franja más extensa, implicando menores acumulados en la zona 0, pero no lo hizo dado que se formó una mesobaja junto a la Marina Alta, que se acopló a la orografía y focalizó los flujos más inestables durante entre 12 y 18 horas sobre la misma zona".
El papel del mar más caliente entra en el proceso termodinámico de condensación, así que vamos a tener que ir acostumbrándonos a sus efectos: lluvias torrenciales incluso cuando no hay grandes sistemas de tormentas.
El aire saturado en los fenómenos meteorológicos
El aire saturado, que contiene el 100% de humedad, ha alcanzado en este punto su capacidad máxima de retención de humedad, lo que es crucial para entender los diversos fenómenos meteorológicos y juega un papel fundamental tanto en la formación de precipitaciones como en la configuración del clima.
Cuando esto sucede, el aire ya no admite más vapor de agua porque llega a su límite de capacidad. Si se añade más vapor o la temperatura desciende, aunque sea poco, el exceso de vapor de agua no se puede mantener en estado gaseoso y se condensa.
El aire saturado es esencial para la formación de nubes porque al ascender y enfriarse, el vapor de agua se condensa formando nubes. Si esta condensación continúa es cuando da lugar a precipitaciones en forma de lluvia, nieve o granizo, dependiendo en este caso de la temperatura.
Mecanismo de las lluvias torrenciales
Lluvia torrencial es la lluvia de gran intensidad que puede traducirse en acumulados superiores a los 60 l/m2 en una hora o si lo caído en un determinado lapso de tiempo corresponde a esa cuantía, como 30 l/m2 en 30 minutos o 15 l/m2 en 15 minutos. Las lluvias torrenciales se pueden producir por la combinación de varios factores atmosféricos, geográficos y térmicos:
- Inestabilidad atmosférica: Se genera un fuerte contraste cuando aire frío en altura choca con masas de aire más cálido y húmedo en la superficie. El aire cálido, al ser más ligero, asciende de forma rápida y violenta, condensándose en nubes de gran desarrollo vertical (cumulonimbos).
- Superficies marinas cálidas: Mares como el Mediterráneo, especialmente a finales de verano y durante los meses de otoño, actúan como una fuente masiva de evaporación. El agua muy caliente carga la atmósfera de vapor de agua, aportando la energía necesaria para alimentar sistemas de tormentas muy virulentos.
- Vientos húmedos de largo recorrido: Corrientes de viento, como los vientos de levante en la vertiente mediterránea, transportan esa humedad desde el mar directamente hacia tierra firme.
- Factores orográficos: La presencia de cadenas montañosas cerca de la costa fuerza a que esa masa de aire cargada de humedad ascienda rápidamente al chocar con el relieve, enfriándose de golpe y desatando lluvias muy intensas y estancadas en una misma zona.
- Estancamiento de los sistemas: Si la circulación atmosférica es débil, los núcleos de tormenta apenas se mueven, concentrando cantidades colosales de agua en un territorio reducido durante horas.
- Cambio climático: El calentamiento global provoca que la atmósfera sea capaz de retener mayor cantidad de vapor de agua, incrementando la frecuencia y la virulencia de estos episodios intensos de precipitación.
En el nuevo contexto climático, a medida que la atmósfera se calienta retiene más humedad, provocando que los cumulonimbos dispongan de mayor materia prima para descargar lluvias cuantiosas, aumentando el riesgo de inundaciones. Según la Organización Meteorológica Mundial, las lluvias torrenciales suelen desencadenar los peores desastres en términos económicos. En Europa a lo largo de los últimos 50 años han supuesto pérdidas cifradas en más de 300.000 millones de euros.