Samuel Biener desmonta uno de los grandes mitos del verano en España: "El calor extremo no fabrica tormentas"
En verano es habitual leer en redes sociales o medios de comunicación sobre las tormentas de calor que se generan en el interior de la España peninsular, una visión equivocada y simplista de lo que sucede en realidad.

Aunque solemos asociar los meses estivales a sol y calor en España, hay que resaltar que sobre todo en el interior y en las principales cordilleras esto no es del todo así. Con ciertas condiciones de inestabilidad, es habitual que se generen tormentas vespertinas que en ocasiones dejan aguaceros muy fuertes y fenómenos muy temidos en el campo como el pedrisco y los vendavales.
De hecho, en algunos sectores del Pirineo y del Ibérico sur (especialmente entre las provincias de Castellón y Teruel) el verano es una estación relativamente lluviosa gracias a que las condiciones suelen ser favorables bastantes días para que se generen núcleos convectivos. En ocasiones, sus efectos pueden ser devastadores, siendo la catástrofe del camping Las Nieves de Biescas el ejemplo más mediático.
El calor intenso por sí solo no genera tormentas
No obstante, en redes sociales y medios de comunicación es habitual escuchar que estas células tormentosas se forman simplemente por el calor intenso: hablamos de las típicas tormentas de verano. Esta visión es muy simplista y está equivocada, porque de ser cierta esta afirmación, en un país tan cálido como España en verano tendríamos aguaceros casi todas las tardes.

Sí que es verdad que las altas temperaturas de esta época del año y la elevada radiación solar ayudan a que el aire caliente, menos denso, ascienda rápidamente, que es el primer paso para que se pueda generar un núcleo tormentoso. Pero volvemos a insistir en que el calor, por sí mismo, no es un ingrediente de la convección ni de las nubes de gran desarrollo vertical como los cumulonimbus.
Para que se forme una tormenta en verano son necesarios tres factores fundamentales: inestabilidad, humedad y un mecanismo de disparo. Los mecanismos de disparo más habituales en esta época son pequeñas ondas cortas en altura o danas que cruzan la Península, responsable de convección profunda, tormentas muy intensas y fenómenos adversos o peligrosos cuando las condiciones son favorables.
A grandes rasgos, no son tormentas diferentes a las que se forman en el resto del año. Eso sí, sobre todo en la canícula el intenso calor puede aportar un plus de energía a las células tormentosas, siempre y cuando los ingredientes básicos mencionados anteriormente estén presentes. A esto hay que sumar las aguas anormalmente cálidas de las aguas que bañan España en estos últimos veranos, que es auténtica gasolina de primera.
Ni tormentas de calor ni tormentas secas como tal
En otras palabra, sin inestabilidad o un mecanismo que dispare el desarrollo de grandes nubes de desarrollo vertical, no hay tormentas en esta época por mucho calor que haga. Dependiendo de las condiciones, pueden generarse tormentas dispersas en aquellos lugares donde son más habituales o episodios tormentosos muy extensos y adversos asociados al paso de descuelgues de aire frío en altura.
Parecen acuarelas, pero esa es la pinta que tienen las tormentas de verano, se denominan virgas y se producen por el bajo % de humedad y las altas temperaturas en superficie que hace que no llegue la precipitacion al suelo pic.twitter.com/VNLS2lh3Fi
— GoTiempo (@gotiempo) August 27, 2018
De paso, conviene también aclarar el concepto de tormentas "secas", que no existen como tal. En ocasiones, con la presencia de una masa de aire extremadamente cálida y seca junto a la superficie la precipitación asociada a los núcleos convectivos se evapora o casi no llega a tierra al evaporarse la misma. Como puedes ver, el mecanismo detrás de las tormentas de verano es mucho más complejo de lo que parece a simple vista.