Las cigüeñas blancas están desapareciendo de España: estos son los motivos, según los expertos

Siempre han estado ahí, pero ahora empiezan a faltar. La cigüeña blanca retrocede en España y los últimos datos explican por qué ya no es una especie “segura”.

La especie ya no puede considerarse tan resistente como se pensaba
La especie ya no puede considerarse tan resistente como se pensaba

Si hace diez años alguien te hubiera dicho que la cigüeña blanca iba a empezar a escasear en España, probablemente le habrías respondido que era imposible. Está en todas partes, sobre iglesias, en torres eléctricas, en campos abiertos y hasta en las afueras de muchas ciudades. Pero esa sensación de “abundancia eterna” se está agrietando. Los últimos censos dibujan un cambio de tendencia claro y, en algunas regiones, un retroceso que ya no se puede ignorar.

Vuelta a las cifras de hace dos décadas

En la primavera de 2025, SEO/BirdLife coordinó un nuevo recuento nacional dentro del VIII Censo Internacional de Cigüeña Blanca. El resultado sitúa la población española en torno a 33.500 y 34.000 parejas o nidos, una cifra muy similar a la registrada en 2004, cuando se contabilizaron 33.217 parejas.

El problema aparece al comparar con el máximo reciente. En 2014 se estimaban unas 42.000 parejas, lo que significa que en poco más de una década se ha producido un descenso muy acusado. Este cambio de tendencia es el que preocupa a los expertos, porque rompe una etapa de crecimiento que parecía consolidada.

Un declive desigual por comunidades autónomas

La bajada no se distribuye de forma homogénea en el territorio. Castilla y León lidera el censo con 10.997 parejas, seguida de Extremadura, que mantiene 8.578, aunque ha perdido más de 2.500 nidos respecto a recuentos anteriores. Andalucía suma 3.974 parejas, mientras que Madrid alcanza las 2.520, una cifra muy ligada al efecto de los vertederos.

Otras comunidades muestran cifras más moderadas. Castilla-La Mancha (2.484), Cataluña (1.432), Aragón (1.279) y Galicia (1.137). En el norte, los números caen de forma clara en La Rioja (463), Cantabria (291), Navarra (267) y País Vasco (193). Asturias apenas mantiene 25 parejas, y en Baleares, Comunidad Valenciana, Murcia, Canarias, Ceuta y Melilla no se registran parejas reproductoras.

El impacto del declive se aprecia con especial crudeza a escala local. En el casco histórico de Cáceres se llegaron a contabilizar hasta 180 nidos, una imagen icónica del patrimonio urbano. Hoy, esa cifra se ha reducido a uno o dos nidos activos, un desplome que resume bien el cambio vivido en muchas localidades.

El campo, el origen del problema

Uno de los factores clave del descenso es la transformación del medio agrario. La intensificación agrícola, la reducción de la ganadería extensiva y la desaparición de praderas, barbechos y zonas húmedas han reducido la disponibilidad de alimento natural.

La cigüeña blanca depende de insectos, anfibios y pequeños vertebrados ligados a suelos vivos y ecosistemas diversos. Cuando el campo se simplifica y pierde biodiversidad, el éxito reproductor disminuye y aumenta la mortalidad de los pollos, afectando al relevo generacional.

Cierre de vertederos

Durante años, muchas cigüeñas se han habituado a alimentarse en vertederos, donde la comida es abundante y constante. Esta fuente artificial ha permitido sostener grandes concentraciones de individuos, pero también ha generado una fuerte dependencia.

Muchas cigüeñas se han habituado a alimentarse en vertederos, donde la comida es abundante y constante
Muchas cigüeñas se han habituado a alimentarse en vertederos, donde la comida es abundante y constante

El cierre progresivo de basureros, una medida positiva desde el punto de vista ambiental, ha tenido efectos inmediatos en algunas colonias, con descensos bruscos e incluso la desaparición de agrupaciones con decenas o cientos de nidos. Además, la alimentación basada en residuos conlleva riesgos por contaminantes y materiales peligrosos.

Retirada de nidos

Otro elemento que influye en la dinámica de la especie es la retirada de nidos en edificios históricos, iglesias y tendidos eléctricos. Aunque en algunos casos es necesaria por motivos de seguridad, una gestión inadecuada puede afectar directamente a la reproducción. Si no se ofrecen alternativas o se actúa fuera de los periodos adecuados, las parejas pueden abandonar zonas tradicionales de cría, provocando pérdidas locales difíciles de revertir a corto plazo.

La pregunta ya no es si seguiremos viendo cigüeñas, sino qué cambios son necesarios para que puedan vivir en paisajes sanos, sin depender de soluciones artificiales que, a largo plazo, terminan pasando factura.

Referencia de la noticia:

Preocupante descenso de la cigüeña blanca en España

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