La Agencia Internacional de la Energía advierte de que vivimos la mayor crisis energética de la historia

La advertencia de la AIE sacude a gobiernos y mercados: el planeta afronta una crisis energética sin precedentes, marcada por conflictos geopolíticos, interrupciones del suministro y una creciente presión sobre la economía mundial, especialmente en los países más vulnerables.

Buques cisterna de gas licuado de petróleo (GLP) y petróleo anclados en el estrecho de Ormuz.
Buques cisterna de gas licuado de petróleo (GLP) y petróleo anclados en el estrecho de Ormuz.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE), un organismo autónomo de la OCDE que actúa como consejero sobre la política energética de sus Estados miembros, ha lanzado una de las advertencias más contundentes de las últimas décadas: el mundo atraviesa “la mayor crisis energética de la historia”.

La afirmación, pronunciada por el director ejecutivo del organismo, el economista turco Fatih Birol, refleja la magnitud de una situación que no responde a un único factor: tensión geopolítica, inflación, volatilidad en los mercados y un sistema energético global extremadamente dependiente de unos pocos puntos estratégicos, son los principales causantes.

A diferencia de las crisis petroleras de 1973 o 1979, o incluso de la del gas desencadenada por la invasión rusa de Ucrania, el escenario actual suma interrupciones simultáneas en petróleo, gas natural, fertilizantes y cadenas logísticas internacionales. Según la AIE, las pérdidas de suministro energético registradas en los últimos meses superan conjuntamente las de aquellas crisis históricas.

Oriente Medio, el ojo del huracán

El epicentro de esta tensión se encuentra en Oriente Medio y, especialmente, en el estrecho de Ormuz, una franja marítima de apenas 50 kilómetros por la que transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. La escalada militar en la región tras los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán y las restricciones al tráfico marítimo han disparado la incertidumbre en los mercados energéticos internacionales.

Plataforma de extracción de gas y petróleo.
Plataforma de extracción de gas y petróleo.

La consecuencia inmediata ha sido el encarecimiento del crudo y del gas natural. El barril de Brent ha superado recientemente los 110 dólares, mientras numerosos analistas advierten que los precios podrían seguir aumentando si persisten los bloqueos y ataques sobre infraestructuras energéticas estratégicas.

Pero el impacto va mucho más allá del combustible. La energía condiciona prácticamente toda la economía moderna. Así que, cuando suben los costes energéticos, aumentan también los precios del transporte, de los alimentos, de los fertilizantes y de la producción industrial.

Por eso, organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya alertan de que esta situación amenaza con desacelerar el crecimiento económico global y reactivar fuertes presiones inflacionistas, especialmente en países importadores de energía. Y ahí, las economías emergentes son, como cabría esperar, las más expuestas.

Los países más vulnerables a la crisis

Muchos países de África, Asia y América Latina dependen de las importaciones energéticas y cuentan con menor capacidad financiera para absorber el aumento de precios. La AIE teme que esta combinación derive en una nueva crisis de deuda y en un deterioro de la seguridad alimentaria global.

Otro elemento que preocupa especialmente a los mercados es la fragilidad de las cadenas globales de suministro. El bloqueo parcial de rutas marítimas clave está obligando a desviar petroleros y mercancías hacia trayectos mucho más largos y costosos. Algunos envíos energéticos están rodeando África o utilizando rutas alternativas que incrementan considerablemente el tiempo de transporte y los costes logísticos.

La crisis está acelerando, además, un cambio estructural en el modelo energético mundial. Diversos gobiernos han comenzado a reforzar sus reservas estratégicas, diversificar proveedores y acelerar inversiones en renovables, nuclear y electrificación del transporte. En Europa, por ejemplo, la expansión de las energías renovables se ha intensificado desde las crisis energéticas de los últimos años.

¿Una oportunidad para las energías limpias?

La AIE considera que las energías limpias podrían convertirse en una de las principales beneficiarias indirectas de esta situación. La volatilidad del petróleo y del gas está reforzando el atractivo de tecnologías como la solar y la eólica, e incentivando las ventas del vehículo eléctrico. Sin embargo, incluso este sector afronta dificultades derivadas de la guerra, ya que materiales esenciales para baterías y componentes tecnológicos también dependen de rutas comerciales hoy bajo presión.

Las energías renovables podrían ser las principales beneficiarias de la actual crisis de los combustibles fósiles.
Las energías renovables podrían ser las principales beneficiarias de la actual crisis de los combustibles fósiles.

En paralelo, numerosos países, entre ellos China, están revisando sus estrategias de seguridad energética. La idea de depender de mercados globalizados y extremadamente concentrados geográficamente empieza a generar dudas en numerosos gobiernos.

Por eso, la “prima de seguridad energética”, como la denomina la AIE, se perfila como uno de los nuevos factores decisivos en el comercio internacional de energía. Es decir, el debate ya no gira únicamente en torno al precio de la energía, sino también sobre su fiabilidad y disponibilidad a largo plazo.

Años por delante para la recuperación

Mientras tanto, en un complejo escenario por la interdependencia global y la dimensión tecnológica de la economía moderna, los consumidores ya perciben parte del impacto. El aumento de las facturas eléctricas, del combustible y del transporte amenaza con reducir el poder adquisitivo de millones de hogares.

A corto plazo, el futuro dependerá en gran medida de la evolución geopolítica en Oriente Próximo y de la capacidad de reabrir con normalidad las principales rutas energéticas internacionales. Sin embargo, incluso en el escenario más optimista, la AIE cree que los mercados tardarán tiempo en recuperar la estabilidad previa al conflicto.

La gran incógnita es si esta crisis servirá como punto de inflexión definitivo hacia un sistema energético más resiliente y diversificado o si, por el contrario, abrirá un periodo prolongado de volatilidad, inflación y tensiones económicas globales. Lo que parece claro es que la energía vuelve a ocupar el centro de la política mundial. Y esta vez, con consecuencias potencialmente más graves que nunca.

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