Incendios forestales que se vuelven devastadores en pocos minutos: cómo el tiempo influye en su propagación

Cuando un fuego alcanza una gran intensidad, deja de depender exclusivamente de las condiciones meteorológicas y comienza también a alterarlas, volviéndose impredecible su evolución y dificultando enormemente su control.

Los pirocumulonimbus son muy temidos por los servicios de extinción.
Los pirocumulonimbus son muy temidos por los servicios de extinción.

La ciencia explica por qué un incendio es capaz de modificar el propio entorno atmosférico en el que se desarrolla: el fuego va liberando energía, y cuanto mayor es ésta, se produce un mayor cambio del comportamiento del aire que lo rodea mediante un mecanismo de retroalimentación.

¿Qué son y cómo se forman los pirocúmulos?

En un incendio se alcanzan temperaturas muy elevadas que son generadas por las llamas, que provocan que el aire caliente ascienda a gran velocidad hasta alcanzar varios kilómetros de altura.

El aire ascendente puede desarrollar nubes enormes sobre el incendio, que se conocen como pirocúmulos, que son como las nubes de desarrollo vertical convencionales, pero más densas y oscuras, signo ineludible de que el fuego ha alcanzado un nivel de intensidad muy elevado.

La evolución de un pirocúmulo comienza con un gran incendio o erupción volcánica, pasa por un fuerte ascenso de aire caliente y humo, y puede terminar convirtiéndose en una peligrosa tormenta de fuego.

En situaciones muy severas, estos pirocúmulos continúan creciendo hacia arriba hasta generar en su actividad convectiva fuertes rachas de viento e incluso descargas eléctricas o rayos.

Las fases de un pirocúmulo

A continuación, te explicamos las fases por la que pasa esa formación.

Nacimiento e inicio

  • Calor extremo: un fuego muy fuerte calienta el aire del suelo de forma intensa.
  • Ascenso rápido: el aire caliente, junto con el humo y las cenizas, sube con mucha fuerza hacia el cielo.

Crecimiento vertical

  • Condensación: al subir, el aire se enfría y el vapor de agua se junta con las cenizas para formar una nube blanca y gris.
  • Gran tamaño: la nube crece hacia arriba como una montaña gigante, impulsada por la energía del fuego.

Fase extrema o Pirocumulonimbo

  • Tope helado: si el fuego es enorme, la nube llega muy alto, hasta 14.000 m en algunos casos, donde el aire congela el agua en cristales de hielo.
  • Tiempo propio: la nube puede crear rayos que provocan nuevos incendios, vientos peligrosos o tormentas secas que empeoran el fuego original.

¿Cómo se forma un pirocumulonimbus?

El pyrocumulonimbus (pyroCb) es la evolución extrema del pirocúmulo: una tormenta eléctrica generada por un incendio forestal o volcán, que combina a la vez el incendio y la tormenta que el mismo incendio genera, con consecuencias directas sobre la propagación del fuego: nuevos focos de llamas, vientos violentos y cambios bruscos de dirección. Están bien documentados en Canadá, Australia o el oeste de Estados Unidos, donde suelen acompañar a los megaincendios.

Un incendio entra en una fase denominada convectiva: bajo el efecto del calor desprendido por las llamas, se forma primero un pirocúmulo antes de evolucionar hacia un pirocumulonimbus.

Para que se produzca un fenómeno de este tipo, es necesario un incendio de una intensidad excepcional, donde el calor producido por el foco del incendio crea una inmensa columna de aire caliente cargada de humo, cenizas, partículas y vapor de agua que a medida que asciende se enfría. El vapor de agua se condensa formando una nube y libera calor, que alimenta aún más el movimiento ascendente, a través de la llamada piroconvección.

Puede formarse un pirocúmulo encima del fuego, y si la atmósfera es lo suficientemente inestable y el incendio es lo bastante potente, el pirocúmulo puede convertirse en un pirocumulonimbus. Es una auténtica nube de tormenta, con desarrollo alimentado por el calor intenso y los movimientos ascendentes generados por el incendio, generando su propia meteorología: vientos violentos, remolinos, proyección de brasas y, en ocasiones, incluso relámpagos, que pueden provocar nuevos focos del incendio.

Este fenómeno altera la meteorología local, pudiendo reactivar incendios o generar nuevos.
Este fenómeno altera la meteorología local, pudiendo reactivar incendios o generar nuevos.

Este cambio de escala altera por completo las estrategias de intervención de los bomberos. Los servicios de emergencia se basan sobre todo en las previsiones meteorológicas para anticipar el avance de las llamas ante un incendio convencional, pero estos puntos de referencia pierden gran parte de su fiabilidad con la formación de un pirocumulonimbus.

El fuego genera su propio viento y los vientos cambian constantemente de dirección, el frente de llamas se vuelve errático y pueden aparecer varios focos simultáneamente. Las columnas de viento generadas por la nube pueden alcanzar velocidades muy superiores a las de los vientos ambientales y proyectar restos vegetales en llamas como ramas o tizones incandescentes a varias decenas o cientos de metros del frente de fuego.

Una combinación de factores que propician la virulencia de los fuegos

Si a estas circunstancias les sumamos además las condiciones meteorológicas extremas como sucesivas olas de calor, una vegetación extremadamente seca y abundante, con niveles muy bajos de humedad relativa y estrés hídrico, así como episodios de viento intenso y variable, desgraciadamente se ve favorecida la rápida propagación de las llamas que dificulta las labores de extinción y alimenta el desarrollo de los incendios.

La combinación de todos estos factores crea un contexto especialmente favorable para que el fuego pueda expandirse con gran rapidez y resulte mucho más compleja su contención, control y extinción.

Los expertos recuerdan que la lucha contra un gran incendio no sólo consiste en apagar las llamas, sino que también es imprescindible vigilar de forma constante la evolución de la atmósfera durante el desarrollo de un incendio en todas sus fases, porque cuando el fuego alcanza unas determinadas dimensiones puede generar unas condiciones atmosféricas que impulsen su propio avance y agraven más una situación que ya es muy compleja de por sí.

Los climatólogos de la red World Weather Attribution también estiman que el cambio climático agrava los episodios de sequía, y aunque no provoca directamente los pirocumulonimbus, sí favorece las condiciones propicias para los incendios extremos capaces de generarlos.