El sorprendente origen de la palabra 'canícula': de las estrellas de la antigüedad al calor sofocante
La palabra "canícula", con la que identificamos el periodo más cálido del año, tiene su origen en la estrella Sirio, y relacionada a su vez con las crecidas del Nilo en el antiguo Egipto.

Según las estadísticas climatológicas, la canícula es el periodo más caluroso del año, y lo más común es situarla entre el 15 de julio y el 15 de agosto, aunque no hay un acuerdo general sobre esto. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la canícula es “el periodo del año en que son más fuertes los calores y que suele computarse del 23 de julio al 2 de septiembre”; por lo tanto, incluiría el mes de agosto en su totalidad. Lo normal es que durante la segunda mitad de ese mes empiece a aflojar el calor, aunque esto no es una regla fija.
El refranero señala, por un lado, que “agosto, fríe el rostro”, en referencia al calor canicular propio del octavo mes del año, y, por otro: “agosto, frío en el rostro”, que es consistente con la relajación de las temperaturas que empieza a experimentarse durante su segunda quincena, especialmente acusada por las noches, salvo que coincida un episodio de altas temperaturas o una ola de calor justamente en el tramo final de agosto y del verano meteorológico.
Tiempo de perros con la vista puesta en el firmamento
La palabra “canícula” tiene su origen en la estrella Sirio, la más brillante del firmamento después del sol, que se localiza en la constelación del Can Mayor. La palabra “can” deriva de la palabra en latín canis, que significa “perro”, por lo que “canícula” podríamos traducirlo como perrita, perrilla o perra chica. El perro era un animal simbólico en la antigüedad. Los griegos le dieron un carácter mitológico al situarlo en el firmamento, representado por las constelaciones del Can Mayor y el Can Menor. Estos dos “perros celestiales” acompañan en el cielo nocturno al cazador Orión, que es una de las constelaciones más fácilmente reconocibles en las noches invernales de nuestras latitudes.

Aunque hoy en día la expresión “tiempo de perros” la relacionamos sobre todo con las inclemencias meteorológicas (el tiempo borrascoso y desapacible), antiguamente se asociaba más con el intenso calor y la referida canícula. Históricamente, la figura del perro se ha relacionado con las calamidades y desgracias.
Esas desgracias (pandemias, plagas de insectos…) venían a menudo asociadas a las altas temperaturas del periodo estival. El nombre “Sirio” tiene su origen en la palabra griega serios, que significa “ardiente”. En la época clásica, se decía que esta estrella era capaz de provocar una fiebre mortal como, por ejemplo, la rabia de los perros.
Las crecidas del Nilo en el Antiguo Egipto
En el antiguo calendario egipcio, la aparición de Sirio por el horizonte, poco antes de la salida del sol, marcaba el inicio de la estación de la inundación del Nilo, lo que ellos llamaban Akhet. Esa fecha coincidía aproximadamente con el inicio del verano boreal en la actualidad, hacia mediados del mes de junio.
Año tras año, la estrella Sirio ‒llamada Sothis por los antiguos egipcios‒ indicaba el momento en que las fértiles riberas del río Nilo comenzaban a inundarse. Las crecidas periódicas del Nilo permitieron el establecimiento de la agricultura y el florecimiento de una de las civilizaciones antiguas más fascinantes y duraderas de la historia.

La razón por la que ahora el tiempo canicular se sitúa por delante en el calendario respecto a lo que ocurría en tiempos de los faraones, reside en la rotación de la Tierra; concretamente en la precesión de los equinoccios, que es el movimiento basculante al que se ve sometido el eje de rotación terrestre (algo parecido al cabeceo en el giro de una peonza), y tarda en completar un ciclo aproximadamente 26.000 años.
En la actualidad, el eje terrestre está inclinado con respecto al plano de la eclíptica (el de la órbita terrestre) aproximadamente 23,5º, pero hace unos 5.000 años, justo cuando la salida de la estrella Sirio por el horizonte coincidía con el solsticio de verano, la inclinación del eje era algo mayor y, en consecuencia, los “días de canícula” se daban a mediados de junio, en vez de entre mediados de julio y agosto. En el futuro, la inclinación del eje de rotación terrestre seguirá variando muy lentamente, lo que hará que los rigores del calor estival sigan desplazándose en el calendario, en este caso hacia el mes de septiembre.