Entre mayo y agosto el sistema MoMo atribuye al calor extremo más de 5.200 muertes en España

Este verano MoMo atribuye al calor extremo más de 5200 fallecimientos en el conjunto de España, uno de los datos más elevados desde que existe este sistema.

Más de 5200 muertes asociadas al calor son unas cifras alarmantes que estamos normalizando
Más de 5200 muertes asociadas al calor son unas cifras alarmantes que estamos normalizando

Pero con el calor no pasa. Porque el calor no explota. No colapsa. No señala culpables claros. El calor suma, desgasta y empuja. Y cuando te quieres dar cuenta, ya ha pasado.

En 2026, España ha registrado más de 5.200 muertes asociadas al calor entre mayo y agosto, según las estimaciones del sistema de monitorización de mortalidad diaria (MoMo, del Instituto de Salud Carlos III). Más de cinco mil. Léelo otra vez.

No es una ola puntual. No es un día extremo. Es un goteo constante que ocurre mientras seguimos diciendo cosas como “qué calor hace este año”. El problema no es solo el dato. El problema es que no nos sorprende lo suficiente.

Qué es realmente el sistema MoMo

Aquí hay un matiz clave que cambia la interpretación de estas cifras. El sistema MoMo no registra muertes “por calor” de forma directa. Lo que hace es comparar las muertes esperadas con las muertes observadas y calcular el exceso de mortalidad en periodos de temperaturas elevadas (o en la pandemia de COVID o en períodos establecidos).

A partir de ese exceso, se estima cuántos fallecimientos están asociados al calor, aunque en los certificados médicos aparezcan otras causas como infartos, ictus, descompensaciones respiratorias o fallos orgánicos.

Y aquí está lo importante: no estamos contando muertes “de calor” como causa única. Estamos contando muertes que ocurren antes de lo que habrían ocurrido sin el estrés térmico.

El calor no siempre es la causa visible. Pero sí puede ser el factor que inclina la balanza.

El calor no mata como crees

Cuando pensamos en calor, imaginamos un golpe de calor. Algo rápido, evidente, casi cinematográfico. Pero la realidad es mucho menos visible… y más frecuente.

El calor mata de forma indirecta: descompensa el organismo. Aumenta la deshidratación, fuerza al sistema cardiovascular, altera la presión arterial, empeora la función renal y respiratoria. En personas vulnerables, ese equilibrio ya frágil se rompe.

En personas vulnerables, niños, enfermos, personas mayores el calor descompensa la salud
En personas vulnerables, niños, enfermos, personas mayores el calor descompensa la salud

El resultado no aparece como “calor” en la causa de muerte. Aparece como otra cosa. Pero el calor está detrás.

Cada grado importa (aunque no lo notes)

Aquí viene la parte incómoda: cada aumento de temperatura por encima de ciertos umbrales incrementa el riesgo de mortalidad. No es percepción. Es fisiología.

El calor no siempre mata de golpe. A veces simplemente acelera lo inevitable.

El cuerpo humano tiene límites de regulación térmica. Cuando se superan, el organismo entra en sobrecarga. Y esa sobrecarga no siempre se manifiesta de forma inmediata, sino como un empeoramiento progresivo de patologías previas.

Pasa de ser un evento a lo habitual

Antes el calor venía, apretaba y se iba. Ahora no. Ahora tenemos días muy calurosos seguidos de noches tropicales o tórridas en las que el cuerpo no se recupera. Y eso cambia todo.

MesMuertes atribuibles al calor
Mayo123
Junio938
Julio2026
Agosto2150
Fuente: Sistema MoMo. Instituto de Salud Carlos III.

Porque el problema no es solo el pico de temperatura. Es la acumulación de estrés térmico sin descanso fisiológico. Dormir peor, hidratarse peor, recuperarse peor. Día tras día. Hasta que el sistema deja de compensar.

Y ahí aparecen los datos.

No afecta a todos igual (y eso también es clave)

El impacto del calor no se distribuye de forma uniforme. Las cifras se concentran en personas mayores, personas con enfermedades previas y colectivos con menor capacidad de adaptación. No es solo biología: también es contexto.

El contexto también cambia la forma de afrontar el calor
El contexto también cambia la forma de afrontar el calor

No es lo mismo vivir en una vivienda bien aislada que en una que acumula calor. No es lo mismo poder modificar rutinas que no poder hacerlo. No es lo mismo tener acceso a refrigeración que no tenerlo.

El calor también es un problema de desigualdad sanitaria y social.

El problema no es el calor, sino normalizarlo

Si más de 5.000 muertes ocurrieran por cualquier otra causa en tres meses, habría reacción inmediata. Debate público. Medidas estructurales. Pero con el calor no.

Porque no hay un evento único. Porque no hay una escena clara. Porque ocurre de forma dispersa, silenciosa y progresiva. Y eso lo hace más difícil de percibir. Pero no menos real.

No estamos hablando de una hipótesis ni de una proyección futura. Estamos hablando de un fenómeno que ya ocurre. Y aun así, lo estamos normalizando.

No porque no sea grave, sino porque no se presenta como una emergencia visible. Pero que no se vea no significa que no exista. Y quizá ese sea el verdadero problema: que el calor afecta a la forma en la que lo interpretamos.