El estrés térmico asfixia al oso pardo cantábrico: la especie limita sus movimientos, siguiendo la sombra del bosque

Las altas temperaturas están modificando el comportamiento del oso pardo cantábrico. Un estudio revela que el estrés térmico reduce sus desplazamientos, especialmente en los machos adultos, y convierte los bosques más densos en refugios frente al avance del cambio climático.

Joven ejemplar de oso pardo cantábrico en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno.
Joven ejemplar de oso pardo cantábrico en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno.

El cambio climático no solo está modificando los paisajes de la cordillera Cantábrica, sino también la forma en la que se comporta uno de sus animales más emblemáticos. El oso pardo cantábrico (Ursus arctos) está modificando sus patrones de movimiento para hacer frente a las altas temperaturas, lo que le está llevando a reducir su actividad y buscar la protección que ofrecen los bosques más densos.

Así lo demuestra una investigación liderada por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), cuyos resultados aportan nuevas evidencias sobre el impacto del estrés térmico en esta especie amenazada, de la que quedan menos de 400 ejemplares.

Durante años, los científicos han analizado el comportamiento de 24 ejemplares adultos equipados con collares GPS, que han facilitado más de 150.000 registros de localización.

Este enorme volumen de datos ha permitido reconstruir con gran precisión cómo se desplazan los animales, cuándo descansan, qué zonas utilizan con mayor frecuencia y cómo reaccionan ante distintos factores ambientales como la temperatura, la presencia humana o la cobertura forestal.

El calor frena los desplazamientos del oso

Una de las principales conclusiones del estudio es que el aumento de la temperatura actúa como un importante factor limitante de la movilidad del oso pardo cantábrico. A medida que el ambiente se vuelve más cálido, los animales reducen la velocidad de sus desplazamientos y restringen sus movimientos para evitar un gasto energético excesivo y minimizar el riesgo de sufrir estrés térmico.

El aumento de las temperaturas también podría incidir negativamente en la reproducción de esta especie.
El aumento de las temperaturas también podría incidir negativamente en la reproducción de esta especie.

El efecto resulta especialmente evidente en los machos adultos de mayor tamaño, cuya elevada masa corporal dificulta la disipación del calor acumulado, por lo que soportan peor los episodios de temperaturas elevadas.

Como consecuencia, estos ejemplares limitan todavía más sus desplazamientos durante los periodos cálidos, una circunstancia que podría afectar a la búsqueda de alimento, a la reproducción y al uso de su territorio si las olas de calor continúan intensificándose.

Bosques convertidos en auténticos refugios climáticos

Frente a este escenario, los investigadores identifican un aliado fundamental para la supervivencia de la especie: los bosques.

La cubierta forestal genera un microclima más fresco gracias a la sombra y a la menor exposición directa al sol. Estas condiciones permiten reducir el impacto del estrés térmico sobre su organismo y su comportamiento, así como mantener parte de su actividad incluso durante los momentos más calurosos del día.

Por ello, los autores consideran prioritario conservar y conectar estos espacios forestales, especialmente las laderas de umbría y las masas boscosas con abundantes recursos alimenticios. Estos enclaves podrían desempeñar un papel decisivo para garantizar la adaptación del oso pardo a un clima cada vez más cálido.

La presencia humana también modifica sus decisiones

El estudio de la UPM también confirma que la actividad humana influye en la forma en que se desplazan los osos.

Aunque en los últimos años se ha avanzado en la recuperación de la especie, quedan menos de 400 ejemplares de oso cantábrico.
Aunque en los últimos años se ha avanzado en la recuperación de la especie, quedan menos de 400 ejemplares de oso cantábrico.

Los investigadores han observado que los animales suelen acelerar el paso cuando atraviesan áreas con mayor presencia humana, probablemente para reducir el tiempo de exposición en lugares donde existe un mayor riesgo de encuentro con personas.

Sin embargo, este comportamiento cambia cuando las temperaturas son muy elevadas. En esas circunstancias, el calor limita tanto su capacidad de movimiento que incluso disminuyen la velocidad en zonas donde normalmente caminarían con mayor rapidez para alejarse del ser humano.

El cambio climático añade un nuevo reto para la conservación

La población de oso pardo cantábrico ha experimentado una notable recuperación durante las últimas décadas gracias a las políticas de protección y conservación. No obstante, el calentamiento global introduce ahora una amenaza distinta, menos visible pero igualmente relevante.

Si las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, los osos podrían disponer de menos tiempo para alimentarse o recorrer sus territorios, alterando procesos fundamentales para su supervivencia y reproducción. Por ello, los investigadores subrayan la necesidad de incorporar el factor climático a las futuras estrategias de gestión de la especie.

Los autores consideran que proteger los refugios térmicos naturales y mantener la conectividad entre los bosques será una medida esencial no solo para el oso pardo cantábrico, sino también para otros grandes mamíferos que deberán adaptarse a un escenario climático cada vez más extremo.

Referencia de la noticia

Cisneros-Araujo, P. et al. (2026). Soportando el calor: La cobertura forestal y la perturbación humana influyen en el comportamiento del oso pardo bajo estrés térmico.