Las alertas en el móvil son la última línea de defensa: la prevención de inundaciones empieza años antes

Las alertas tienen límites definidos por el tiempo disponible: cuánto más cerca está el riesgo menos decisiones son posibles. El margen se estrecha y la alerta pasa a cumplir, sobre todo, una función de protección de la población.

Una alerta es la última pieza en la cadena de prevención que debe empezar mucho antes en el tiempo.
Una alerta es la última pieza en la cadena de prevención que debe empezar mucho antes en el tiempo.

Las alertas de protección civil tienen como finalidad minimizar el número de personas y bienes expuestos al riesgo. Sin embargo, no pueden cambiar la resistencia de una vivienda ni de una carretera, un puente o una red de drenaje. Por este motivo, la prevención de los riesgos, incluido el de inundaciones, empieza mucho antes de la emisión de una alerta a la población.

Las limitaciones de las alertas

Cuando se reduce el tiempo y tan sólo faltan unas horas para que se produzca una inundación, la naturaleza de la prevención cambia y debe basarse en evitar que las personas y algunos bienes queden expuestos al agua.

El lanzamiento de una alerta a tiempo permite tomar decisiones que todavía están al alcance, como son cerrar un puente o una carretera, suspender una actividad o evacuar una zona determinada. Pero no es suficiente con emitir el mensaje, debe llegar a las personas que están expuestas y ofrecer información que permita actuar. Una de las condiciones esenciales es el tiempo disponible.

Una alerta cuando llega a tiempo puede salvar vidas y reducir daños, pero si llega con suficiente antelación, permite reducir la exposición de las personas, suspender actividades, evacuar zonas e incluso proteger determinados bienes.

En este punto es dónde se ven los límites de la alerta, que es una última línea de defensa. Cuando la inundación es inminente una alerta puede reducir la exposición, pero en ese momento ya no puede cambiar las condiciones que hacen vulnerable al territorio. Y muchas de estas condiciones sólo podrían haberse cambiado mucho antes de que llegara la alerta.

Medidas de adaptación

Una alerta por inundación puede cambiar la ubicación de las personas y de algunos bienes antes de que llegue el agua: vehículos estacionados en zonas inundables como ramblas o rieras, bienes en plantas bajas o sótanos y suspensión de actividades al aire libre. Sin embargo, una alerta no puede cambiar la ubicación de una vivienda, elevar un transformador o aumentar la capacidad de una red de drenaje.

La exposición y la vulnerabilidad no son lo mismo. La exposición indica qué personas y bienes se encuentran más expuestos al agua por encontrarse en su camino, y la vulnerabilidad mide el daño que pueden sufrir las personas y los bienes cuando el agua los alcance.

Una alerta puede reducir la exposición inmediata de personas y bienes, pero para reducir la vulnerabilidad son necesarias medidas de adaptación que pueden requerir meses o años. Según un análisis científico de 2024, las medidas adaptativas pueden evitar parte de los daños sobre todo en bienes que puedan protegerse de alguna manera o ser trasladados de lugar.

Los mensajes de alerta son el último eslabón en la prevención de riesgos.
Los mensajes de alerta son el último eslabón en la prevención de riesgos.

Aunque el efecto de estas medidas depende del tiempo disponible, de que la alerta llegue a tiempo y que existan medidas que todavía puedan ejecutarse, y señala que la cuantificación de los daños evitados sigue siendo limitada.

Es por este motivo que la emisión de una correcta alerta no compensa una mala prevención previa, puede temporalmente corregir una parte de la exposición, pero no puede eliminar la vulnerabilidad acumulada por incorrectas decisiones sobre dónde construir, cómo diseñar las infraestructuras y su nivel de protección.

La anticipación aumenta el margen de actuación

Una correcta planificación del territorio es una herramienta fundamental para reducir la exposición del riesgo a largo plazo, condicionando los daños que pueda causar una inundación futura. Por ello, la capacidad de reaccionar ante una inundación depende también de decisiones tomadas mucho antes.

Los planes de emergencia, protocolos de evacuación, simulacros y correctos sistemas de comunicación permiten que una alerta se convierta en una respuesta rápida cuando llega el momento. No reducen el peligro, pero aumentan la capacidad de respuesta.

Existen tres horizontes temporales diferentes: años de antelación que permiten decidir cómo adaptar el territorio, meses o días para preparar recursos y organizar la respuesta, y finalmente, tan sólo horas para cerrar actividades, evacuar personas o proteger algunos bienes.

Una alerta es la última pieza en la cadena de prevención que debe empezar previamente en el tiempo. Según la planificación y preparación antes desastres por inundaciones y sequías, la gestión de este riesgo combina precisamente planificación, prevención, protección, preparación y respuesta.

Referencias de la noticia

George Van Houtven, M.ASCE. (2024). Economic Value of Flood Forecasts and Early Warning Systems: A Review Natural Hazards Review Volume 25, Issue 4.
Jonathan Raikes, Timothy F. Smith, Christine Jacobson, Claudia Baldwin,. (2019). roughts: A systematic review, International Journal of Disaster Risk Reduction, Volume 38.