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Agua por San Juan, quita vino y no da pan

Esta primera ola de calor ha sido rota por un episodio de tormentas y fuertes precipitaciones, que si bien ha aportado un gran alivio térmico no es del todo bien recibido en el campo. Nunca llueve a gusto de todos.

Mucho se ha hablado durante estos últimos días de los valores térmicos máximos alcanzados en España y en otros muchos puntos del hemisferio norte con valores récord en varios observatorios.

Esta situación ha logrado que se popularice el término de ola de calor, que entendemos se trata de un episodio de temperaturas máximas anormalmente altas, que se mantienen varios días y afectan a una parte importante de nuestra geografía. Si tenemos en cuenta también a los meses anteriores nos lleva a considerar la primavera de 2017 como la más cálida desde el año 1965.

Depresión Aislada en Niveles Altos y labores agrícolas de temporada

Este ambiente de calor extremo está siendo roto por una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) que entrando por el suroeste peninsular, ha producido precipitaciones, puntualmente fuertes o muy fuertes, acompañadas de tormentas, localmente con granizo y un importante descenso de la temperatura, que se irá extendiendo a toda la Península durante las próximas jornadas.

Podíamos pensar que este cambio de tiempo y las lluvias serían bien recibidas de forma generalizada, pero "nunca llueve a gusto de todos", porque las labores agrícolas principales de esta época del año, cereales y vid, pueden verse perjudicadas.

En el caso de la cosecha o la siega de los cereales, que se realiza desde finales de mayo hasta principio de julio, estas precipitaciones ya no aportan nada a la espiga y sí puede dificultar su recogida.

vid
Floración y fructificación de la vid, dos de las seis fases de su ciclo biológico que se llevan a cabo en esta época del año.

Mientras que en el caso de la vid nos encontramos en la parte final de la floración y en el principio de la fecundación y de la fructificación, momentos en los que la planta necesita sol y no lluvias intensas, por lo que un retraso en cualquiera de estas fases puede implicar un bajo volumen en la cosecha y una vendimia más tardía, con el consiguiente peligro si se adelantaran las lluvias en septiembre.