Vórtice polar en el invierno 2026-27: si el "motor del frío" del polo norte se rompe, las heladas y la nieve llegarán
A finales de octubre se refuerza el vórtice polar sobre el Ártico. Si se debilita o incluso se desintegra, puede dar un vuelco total a nuestro invierno: qué hay detrás de todo esto.

Octubre está llegando a su fin, ya han llegado las primeras nieves a las cordilleras y ya empiezan las especulaciones sobre el invierno. ¿Por fin volverá a nevar de verdad o será otro invierno gris, húmedo y con barro? En este sentido, desempeña un papel clave un fenómeno que se encuentra muy por encima de nuestras cabezas: el vórtice polar.
Se trata de una enorme zona de baja presión en la estratosfera, es decir, a una altura de entre 15 y 50 kilómetros sobre el Ártico. Ahora, en otoño, cuando el sol desaparece del polo norte y el aire se enfría enormemente a esas alturas, esta zona se va intensificando semana tras semana. Y precisamente en estos días merece la pena mirar hacia arriba, ya que es allí donde a menudo se sientan las bases para el invierno.
Qué tiene que ver el vórtice polar con nuestro invierno
Un vórtice polar fuerte y compacto es más bien una mala noticia para los amantes del invierno. Mantiene el aire gélido atrapado sobre el Ártico, como en una jaula. Al mismo tiempo, impulsa un fuerte viento del oeste que penetra hasta las capas más profundas y nos envía aire atlántico templado y húmedo.
Ya conocemos el resultado de muchos inviernos de los últimos años: mucha lluvia, tormentas, temperaturas que a menudo superan con creces los valores medios y nieve, como mucho, en las sierras de altitud media. Sin embargo, si el vórtice se debilita, todo el sistema se desestabiliza. Entonces, el aire frío puede abrirse paso y dirigirse hacia el sur; en casos extremos, directamente hacia Europa Central e incluso al Mediterráneo.
División, desplazamiento: esto es lo que significan estos términos
En los foros meteorológicos y las redes sociales se habla rápidamente del colapso o el debilitamiento del vórtice polar. Desde el punto de vista técnico, esto suele deberse a un calentamiento estratosférico repentino, lo que en inglés se denomina "Sudden Stratospheric Warming". En este fenómeno, la temperatura en la estratosfera aumenta en pocos días entre 30, 40 o incluso 50 grados, y el viento en esa altura cambia de oeste a este.
En cuanto al vórtice, existen dos escenarios típicos. En el caso del "displacement" (desplazamiento), este se ve empujado en su conjunto fuera de su posición sobre el polo y se desplaza, por ejemplo, hacia Siberia o Europa. En el caso del "split" (división), se rompe literalmente en dos, a veces incluso en tres partes. Precisamente el "split" se considera especialmente trascendental, ya que las oleadas de frío pueden distribuirse entonces por varios continentes.
¿Por qué el efecto no se nota hasta semanas después?
Muy importante: una división del vórtice polar no significa que al día siguiente vaya a haber nieve en la puerta de casa. La perturbación tiene que abrirse paso primero desde arriba hacia abajo en la troposfera, es decir, en la capa en la que se producen nuestros fenómenos meteorológicos. Esto suele tardar entre dos y seis semanas.

E incluso así, no hay nada garantizado. No todos los episodios de calentamiento estratosférico llegan a afectar a la superficie; según una estimación aproximada, esto ocurre en unos dos de cada tres casos. La consecuencia típica es una oscilación del Atlántico Norte negativa, es decir: alta presión en el norte, bloqueos sobre Escandinavia o Groenlandia y un flujo que de repente llega del norte o del este.
Estos inviernos han demostrado lo que puede pasar
El mes de febrero de 2018 pone de manifiesto lo graves que pueden ser las consecuencias. A mediados de mes, el vórtice polar se rompió y, apenas dos semanas después, la ola de frío siberiano se extendió por Europa, aunque sus efectos se fueron debilitando conforme avanzó hacia el sur del continente.
También en el invierno de 2020/21, el invierno de Filomena en España, la estratosfera se volvió loca. Tras un fuerte aumento de las temperaturas a principios de enero, en febrero se produjo un caos por la nieve en amplias zonas de Europa.
Sin embargo, también hay otros casos en los que la estratosfera se desata y apenas se nota nada en la superficie.
Qué significa esto para este invierno
A finales de octubre aún no se puede afirmar con certeza si el vórtice polar se romperá este invierno. Los grandes episodios de calentamiento estratosférico se producen, de media, unas seis veces por década, la mayoría de ellos en enero y febrero. Los episodios tempranos en diciembre son menos frecuentes, pero ocurren.
Hay factores que ofrecen pistas, como el denominado QBO —una inversión periódica de los vientos en la estratosfera tropical— o un fenómeno de El Niño intenso en el Pacífico.
En otras palabras, esto significa que, si el vórtice polar se mantiene estable, el invierno debería ser, en general, suave y húmedo. Sin embargo, si se desestabiliza en pleno invierno, aumentarán notablemente las posibilidades de que se produzca una ola de frío intensa, con nieve y heladas.
Seguiremos muy de cerca la evolución en las próximas semanas, ya que un cambio tan drástico suele anunciarse entre diez y catorce días antes en los modelos meteorológicos.