El agrónomo José David Díaz: "Las políticas limitan el pastoreo libre y reducen la limpieza de los montes españoles"

La agricultura y ganadería extensiva desempeñan un papel esencial en la prevención de los grandes incendios forestales, manteniendo el territorio gestionado, reduciendo la vegetación acumulada y creando paisajes menos propensos al fuego.

El papel de la agricultura en la limpieza y mantenimiento de los campos es fundamental en el control y reducción de los incendios forestales.
El papel de la agricultura en la limpieza y mantenimiento de los campos es fundamental en el control y reducción de los incendios forestales.

Cada verano, las altas temperaturas, la sequía y el viento convierten miles de hectáreas de monte en un escenario de alto riesgo de incendios. Durante los últimos años, este problema forestal se ha disparado ocasionando graves y dolorosas pérdidas de monte, fauna e incluso de vidas humanas.

Sin embargo, más allá de los medios de extinción y los dispositivos de emergencia, que realizan un trabajo inconmensurable, existe una herramienta fundamental para reducir la intensidad y la propagación del fuego: la agricultura.

Lejos de ser una actividad exclusivamente productiva, la agricultura desempeña un papel clave en la gestión del territorio. Los cultivos, los caminos agrícolas, las explotaciones, el mantenimiento continuo del paisaje, los cortafuegos, y el ganado, crean espacios que dificultan el avance de las llamas y reducen la cantidad de vegetación seca disponible para arder.

Un territorio gestionado es un territorio más seguro

El principal “combustible” de un incendio forestal es la biomasa acumulada: matorral, hierbas secas, ramas y restos vegetales que se acumulan cuando un terreno permanece abandonado durante años, o no está bien gestionado.

En muchas zonas rurales, el abandono de la actividad agrícola ha favorecido precisamente este escenario, aumentando el riesgo de incendios de gran magnitud.

En cambio, las parcelas y fincas cultivadas mantienen el suelo limpio de vegetación espontánea, ya que los agricultores eliminan las malas hierbas, realizan labores de mantenimiento y aprovechan los recursos del terreno, reduciendo de forma constante el combustible que podría alimentar un incendio.

Además de todo esto, la existencia de caminos rurales, cortijos, acequias e infraestructuras agrícolas facilita el acceso de los equipos de extinción cuando se produce una emergencia, al mismo tiempo que actúa de parapeto en caso de incendio.

Los cultivos actúan como barreras naturales

Los campos de cultivo y las fincas plantadas o sembradas también funcionan como auténticos cortafuegos naturales.

Una parcela de olivar, viñedo, almendro o cereal correctamente gestionada presenta una continuidad vegetal mucho menor que una masa forestal o una zona cubierta de matorral.

Cuando un incendio alcanza estas superficies, suele perder intensidad debido a la menor cantidad de material combustible. Esto puede ralentizar considerablemente el avance del fuego e incluso facilitar su control antes de que alcance zonas forestales de mayor valor ecológico.

Por este motivo, muchos expertos consideran que mantener un mosaico agrícola en el territorio constituye una de las mejores estrategias de prevención frente a los grandes incendios forestales.

La existencia de fincas de cultivo entre las superficies forestales pueden frenar el avance de un incendio y facilitar su extinción por parte de los profesionales.
La existencia de fincas de cultivo entre las superficies forestales pueden frenar el avance de un incendio y facilitar su extinción por parte de los profesionales.

El abandono rural aumenta el riesgo

En los últimos años, muchas explotaciones agrícolas han dejado de cultivarse debido a la falta de rentabilidad, el envejecimiento de la población rural y la escasez de relevo generacional.

Como consecuencia de este conjunto de problemas, miles de hectáreas han quedado sin gestión.

La vegetación ha colonizado antiguas tierras de cultivo, creando grandes superficies continuas de combustible vegetal donde un pequeño incendio puede transformarse rápidamente en un gran incendio forestal.

Recuperar la actividad agrícola no solo supone generar empleo y riqueza en el medio rural, sino también mejorar la seguridad del territorio frente al devastador fuego.

Agricultura y ganadería, una combinación eficaz y necesaria

La agricultura puede complementarse con la ganadería extensiva para aumentar aún más la prevención. El pastoreo ayuda a controlar el crecimiento del matorral y elimina gran parte de la vegetación herbácea que actúa como combustible durante el verano.

Esta combinación permite mantener paisajes más abiertos y diversos, reduciendo la continuidad del combustible y dificultando la propagación de las llamas, sin embargo, en muchas ocasiones, las políticas limitan el pastoreo libre, reduciendo la actividad ganadera y por tanto, la limpieza del monte.

La ganadería extensiva es uno de los mayores beneficios del campo frente al combustible originario de los grandes incendios
La ganadería extensiva es uno de los mayores beneficios del campo frente al combustible originario de los grandes incendios

No se trata únicamente de producir alimentos, sino de gestionar el territorio de forma activa durante todo el año.

La apuesta por el campo, un acto importante

Luchar contra los incendios no empieza cuando despega el primer helicóptero o llegan los equipos de emergencia. Comienza mucho antes, con una correcta gestión del paisaje y con políticas que favorezcan la permanencia de agricultores y ganaderos en el medio rural.

Apoyar al sector primario significa mantener vivos los pueblos, conservar los paisajes tradicionales y reducir el riesgo de incendios que cada verano amenazan personas, viviendas, explotaciones y espacios naturales.

La agricultura no puede evitar por sí sola que se produzca un incendio, pero sí puede reducir su intensidad, limitar su propagación y facilitar su extinción.

Por todo ello, valorar el trabajo de quienes cultivan la tierra es también reconocer su importante contribución a la protección del territorio. Invertir en agricultura es, en definitiva, invertir en un paisaje más adaptado, en un medio rural vivo y en una de las herramientas más eficaces para prevenir los grandes incendios forestales.