Unos científicos del IGEO descubren una segunda anomalía en el campo magnético terrestre

La anomalía del Atlántico Sur vuelve a sorprender: investigadores españoles detectan un fenómeno similar surgido hace dos milenios y explican su recorrido desde el Índico hasta Sudamérica.

El campo magnético terrestre muestra zonas debilitadas como la anomalía del Atlántico Sur, donde la protección frente a radiación es menor. Un estudio ha identificado otra alteración magnética hace 2.000 años, confirmando que estos cambios se repiten en el tiempo.
El campo magnético terrestre muestra zonas debilitadas como la anomalía del Atlántico Sur, donde la protección frente a radiación es menor. Un estudio ha identificado otra alteración magnética hace 2.000 años, confirmando que estos cambios se repiten en el tiempo.

El campo magnético terrestre, esa barrera invisible que frena la radiación espacial, lleva años mostrando inquietantes señales. En especial, la conocida anomalía del Atlántico Sur concentra buena parte de la atención científica por su pérdida de intensidad y su comportamiento cambiante.

Ahora, un reciente trabajo aporta un dato fundamental: no se trata de un caso aislado. Hubo otra “herida” casi idéntica hace unos 2.000 años, lo que apunta a un patrón que se repite en el tiempo y en el hemisferio sur. A esta conclusión ha llegado un equipo de investigadores del Instituto de Geociencias (IGEO), un centro adscrito al CSIC. Los expertos han estado comandados por Miriam Gómez-Paccard y F. Javier Pavón Carrasco.

Anomalía del Atlántico Sur: caída de intensidad y expansión constante

Desde hace décadas, la anomalía del Atlántico Sur se estudia como una zona donde el magnetismo terrestre pierde fuerza. Se extiende desde América del Sur hacia el Atlántico meridional y parte del suroeste africano, formando una amplia área debilitada.

En los últimos dos siglos, el campo magnético ha disminuido cerca de un 9% a escala planetaria. En el núcleo de esta anomalía, el descenso resulta todavía más acusado: entre 1970 y 2020 pasó de 24.000 a 22.000 nanoteslas, la unidad de medida de inducción magnética o densidad de flujo magnético. Además, la zona se desplaza hacia el oeste unos 20 kilómetros al año.

Los satélites de la misión Swarm, de la de la Agencia Espacial Europea (ESA), han detectado otro detalle llamativo: la anomalía parece dividirse en dos áreas diferenciadas. Este comportamiento añade incertidumbre y refuerza la necesidad de entender qué está ocurriendo en el interior del planeta.

Una “segunda herida” detectada gracias al arqueomagnetismo

El nuevo estudio, publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences', reconstruye el pasado magnético de Sudamérica durante dos milenios. Para ello, los científicos recurrieron al arqueomagnetismo, una técnica basada en restos arqueológicos antiguos.

La anomalía del Atlántico Sur pierde fuerza y se desplaza mientras crece el riesgo para los satélites que atraviesan esta zona.
La anomalía del Atlántico Sur pierde fuerza y se desplaza mientras crece el riesgo para los satélites que atraviesan esta zona.

Según ha explicado la científica Miriam Gómez-Paccard, hace falta recurrir tanto al paleomagnetismo como al arqueomagnetismo. Este último método analiza materiales como cerámicas u hornos que contienen arcillas calentadas en el pasado.

Estas piezas conservan una huella magnética al enfriarse, debido a los óxidos de hierro presentes en su composición. Al estudiar fragmentos datados mediante el carbono 14, los investigadores lograron reconstruir la intensidad del campo magnético terrestre en épocas antiguas.

Un fenómeno recurrente que sigue sin explicación definitiva

Los resultados revelan que ya existió una anomalía muy similar a la actual. Según el investigador Gómez-Paccard, la anomalía se movió desde el Océano Índico a Sudamérica entre el año 1 y el 850 d. C. De esta forma, siguió una trayectoria parecida a la de la actual anomalía del Atlántico Sur. Este hallazgo sugiere que el fenómeno no es excepcional. Más bien se repite con el tiempo y siempre en el hemisferio sur. La incógnita es qué lo provoca. Tradicionalmente se atribuía al movimiento del núcleo externo, pero ahora se barajan más factores.

Entre las posibles causas aparecen estructuras profundas del planeta, como las llamadas Grandes Provincias de Baja Velocidad Sísmica. Son masas enormes situadas bajo África y el Pacífico, con una densidad superior al entorno y una capacidad para alterar el magnetismo. También existe la hipótesis de que estas formaciones tengan relación con los restos del protoplaneta Theia, que impactó contra la Tierra hace 4.500 millones de años. Sea cual sea su origen, parecen actuar como zonas que modifican el comportamiento del campo magnético.

Aun así, los expertos descartan escenarios alarmistas. Ellos consideran que el escudo va disminuyendo, pero lentamente, y no descartan que en un futuro próximo puede tener lugar una inversión de los polos magnéticos. El impacto, por ahora, afecta sobre todo a la tecnología espacial.

Los satélites que atraviesan esta área pueden experimentar fallos eléctricos por la mayor exposición a las partículas cargadas. Sin embargo, no se esperan consecuencias graves. Hace dos mil años ocurrió algo parecido, con la diferencia de que entonces no existían satélites que surcaran el espacio.

Referencia de la noticia:

Gómez-Paccard, M., et al. Tracing the origins and recurrence of the South Atlantic Anomaly: A 2000-year absolute paleointensity record from central South America. PNAS. DOI: 10.1073/pnas.2536503123

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