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¿Por qué nos ponemos rojos cuando hace frío?

Se acercan las semanas más frías del año y nuestro cuerpo reacciona a veces de forma sorprendente. ¿Por qué nariz, mejillas y orejas se ponen rojas cuando pasamos frío?

Marc Redondo Marc Redondo 26 Nov 2018 - 08:42 UTC
Niña frío
Orejas, mejillas y nariz se vuelven rojas cuando hace frío.

El hombre no está preparado para soportar las duras condiciones invernales. A diferencia de otros seres vivos, usamos ropa para poder sobrevivir durante la época más fría del año. Esta ropa evita que el calor que genera nuestro cuerpo se escape, y así, no disminuya de forma peligrosa nuestra temperatura corporal.

Un mecanismo de defensa

El cuerpo necesita mantener una temperatura concreta para que las funciones vitales se realicen sin ningún tipo de problema. Esta temperatura no es la misma para todo el mundo y puede cambiar dependiendo de la edad.

En invierno las condiciones meteorológicas externas se alejan mucho del confort necesario. Así, nuestro cuerpo activa una serie de reacciones para poder mantener, a pesar del frío exterior, una temperatura estable. El mecanismo más conocido es el del tiritar. Esto provoca que los músculos realicen trabajo y generen un calor necesario para compensar un posible descenso de nuestra temperatura. Pero no es la única respuesta de nuestro cuerpo.

La sangre, fuente de pérdida de calor

Cuando pasamos un día en la nieve, hay algo que llama la atención en nuestras caras: nos ponemos pálidos salvo en orejas, mejillas y nariz. En la redistribución de la sangre encontraremos la explicación.

Cuando la temperatura exterior es muy baja, otro método que usa el cuerpo para evitar perder calor es hacer que la sangre deje de circular por lugares que están cerca de la piel para hacerlo más en el interior, donde tenemos los órganos importantes. Los vasos sanguíneos cercanos a la superficie se contraen, y así, se disminuye la pérdida de calor. Esto de denomina vasoconstricción. El efecto secundario es que, debido a que circula menos sangre, la piel se queda más pálida.

Cuando hace mucho frío, toda la cara se queda pálida. A la que entramos en calor, ya sea haciendo deporte o acudiendo a una cafetería, orejas, mejillas y nariz se ponen rojas como un tomate. Esto es debido a que en estas zonas es donde hay más vasos sanguíneos de toda la cara. Estos se dilatan de nuevo cuando llega otra vez la sangre y destacan del resto de la cara, que aún se mantiene pálida. El calor que emiten estas zonas es considerable.

Así que la cara sonrojada, con orejas, mejillas y nariz teñidas de rojo, es debido a una mayor irrigación de sangre tras haber sufrido los rigores del frío exterior.

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