La ciencia aclara por qué dormir bajo un árbol no es una buena idea

Suena idílico y muy romántico con el título "conectando con la Madre Tierra". Pero... baja de la nube. Explicamos las causas por las que dormir bajo un árbol no tan buena idea como puede parecer.

La siesta bajo un árbol puede parecer un planazo... siempre y cuando tengas en cuenta estos aspectos.
La siesta bajo un árbol puede parecer un planazo... siempre y cuando tengas en cuenta estos aspectos.

Ha llegado junio, los días son larguísimos, el calor empieza a apretar de verdad y te ha entrado esa fiebre aventurera de echarte la mochila a la espalda. Te vas de senderismo por la montaña, aprieta el calor y divisas un árbol. Su sombra parece un oasis, el suelo está alfombrado de hojas y tú piensas: "Aquí me quedo, esto es el paraíso, el refugio natural perfecto para echarme una siesta legendaria". Espera, lee esto primero.

No todas las sombras son iguales

La lógica es sencilla: si el árbol tapa el sol, baja la temperatura. Sí es verdad. La sombra de un árbol puede reducir varios grados el calor ambiental, protegerte de la radiación directa y evitar un golpe de calor. Hasta aquí, todo correcto.

Pero el problema empieza cuando asumimos que toda sombra es igual. Porque no lo es.

No todas las sombras bajo un árbol son iguales. Protégete siempre del sol, aunque no lo veas.
No todas las sombras bajo un árbol son iguales. Protégete siempre del sol, aunque no lo veas.

Pensar que cualquier sombra es un cobijo seguro es una temeridad biológica y física propia de lectores románticos de otra época.

Ese árbol que ves tan pacífico e inmóvil no es un mueble de jardín, es un reactor bioquímico complejo que está compitiendo por su supervivencia y emitiendo química las veinticuatro horas del día . Y no tenemos claro que le caigamos bien.

El árbol también "escupe" química (que no químicos)

Cuando te tumbas debajo de un árbol, crees que estás respirando "aire puro". Error. Estás metiendo la nariz de llena en su arsenal de defensa. Las plantas no pueden salir corriendo si un herbívoro, un hongo o una bacteria deciden comérselas, así que se defienden fabricando armas químicas volátiles. Es lo que llamamos fitoncidas y compuestos orgánicos volátiles (COVs), como los terpenos.

Si te tumbas felizmente bajo un pino, un enebro o un eucalipto o hasta una adelfa (huye) en un día caluroso de junio, el calor del sol hace que la evaporación de estos compuestos esenciales se dispare.

El ambiente se carga de alfa-pineno, cineol o limoneno. Sí, huelen de cine ya dosis bajas en un paseo tienen efectos relajantes, pero pasar horas durmiendo directamente bajo su copa, inhalando esa atmósfera concentrada, en un espacio con poco aire, puede provocar a personas sensibles irritación en las mucosas, dolor de cabeza o crisis asmáticas.

No te estás dando un síncope por el calor, es que te estás intoxicando con el insecticida natural que el árbol se evapora para ahuyentar a sus propios enemigos.

La defensa del árbol

La vegetación no purifica el aire de forma idílica para que tú duermas la siesta, satura su entorno de defensas químicas para proteger su territorio.

Algunos árboles, como el nogal, practican la alelopatía: liberan a través de sus hojas y raíces una toxina llamada juglona que inhibe el crecimiento de otras plantas, lo que puede resultar altamente irritante si pasas la noche pegado a su suelo. Bajo el nogal, ni la hierba crece.

La lluvia invisible: resinas y trampas pegajosas

Si la guerra química del aire no te parece suficiente, habremos de la gravedad. Dormir bajo un árbol en junio te exponen a una lluvia constante de sustancias de deshecho. Las coníferas, con el aumento térmico del verano, aumentan la presión interna de sus canales resiníferos. El resultado es que el árbol empieza a "sudar" resina, una sustancia pegajosa diseñada para taponar sus propias heridas. Si te cae en el pelo, en los ojos o en el saco de dormir, la diversión está asegurada (NO).

Los insectos, la resina y la caída de ramas se suman a los aspectos a tener en cuenta antes de ponerte debajo de un árbol.
Los insectos, la resina y la caída de ramas se suman a los aspectos a tener en cuenta antes de ponerte debajo de un árbol.

Y si cambias el pino por un tilo o un chopo, la cosa no mejora. En junio, estos árboles suelen estar colonizados por pulgones que perforan las hojas para alimentarse de la savia. Como la savia tiene mucho azúcar y pocas proteínas, el insecto absorbe lo que necesita y excreta el exceso en forma de un líquido pegajoso llamado melaza.

Esa fina lluvia brillante que ves caer bajo la sombra no es rocío primaveral, son los excrementos azucarados de millones de pulgones que, además, actúa como un faro electromagnético: los insectos. No os pongáis dramáticos que coméis vómito de insecto, y lo llamamos miel. La naturaleza tiene estas cosas.

No estás sólo bajo un árbol

En el fondo, estás invadiendo el edificio de pisos más concurrido del bosque. En junio, con la explosión de la biodiversidad, la actividad biológica está en máximos.

Al tumbarte ahí abajo te estás colocando estratégicamente en la base de la cadena trófica. De las ramas caen larvas, orugas con pelos urticantes que flotan con el viento y hormigas arborícolas que defienden su territorio a mordiscos.

Además, la humedad que retiene el suelo bajo la sombra y la hojarasca en análisis son el hábitat perfecto para que las garrapatas y los ácaros esperen pacientemente a que un mamífero caliente y confiado se tumbe a dormir para saltar a por su dosis de sangre.

Física de campo: la caída de ramas en días de calma

Este es el verdadero peligro, el peligro mecánico. Existe la falsa creencia de que las ramas solo se rompen con las grandes borrascas de invierno. La física forestal dice lo contrario. En los meses de verano se produce un fenómeno conocido como de caída de ramas en días calurosos o "summer branch drop".

Cuando un árbol grande sufre estrés hídrico por el calor y la falta de lluvia, la humedad interna de la madera cambia estadísticamente. Las células pierden turgencia, la madera se vuelve quebradiza y, de golpe, una rama enorme y aparentemente sana se desploma sin que sople un ápice de viento. Si estás durmiendo debajo, el susto no te lo quita nadie. Sólo a Newton le salió bien… (que, por cierto, es falso que cayera la manzana en la cabeza).

Después de todo, lo verdaderamente importante es que pases por la naturaleza respetándola tanto que parece que nunca has estado allí.
Después de todo, lo verdaderamente importante es que pases por la naturaleza respetándola tanto que parece que nunca has estado allí.

Si vas a acampar o a echarte una siesta este verano, busca zonas despejadas, usa un buen aislante del suelo, mantén la mosquitera de la tienda cerrada y deja que los árboles hagan su trabajo bioquímico tranquilos a unos metros de distancia.

Y aún así, lo único y verdaderamente importante es cuando te vayas, parezca que nadie ha pasado por allí antes.

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