Investigadores del proyecto REBECA tras medir las piscinas de aire frío en Sierra Nevada: "en el Teide son más extremas"

El proyecto científico REBECA avanza en su tercer año. Recientemente, se han descargado y analizado los datos de temperatura medidos en dos de las tres piscinas de aire frío monitorizadas en Sierra Nevada.

Los investigadores del proyecto REBECA, J. Ignacio García Plazaola y June Hidalgo, en el camino que conduce hasta el Corral del Veleta (detrás a sus espaldas). Foto de José Miguel Viñas
Los investigadores del proyecto REBECA, J. Ignacio García Plazaola y June Hidalgo, en el camino que conduce hasta el Corral del Veleta (detrás a sus espaldas). Foto de José Miguel Viñas

El proyecto científico REBECA, que se desarrolla en Parques Nacionales de España, completará a finales de 2026 su tercer año, pero se prolongará hasta 2027, ya que su investigador principal, el biólogo, experto en fisiología vegetal y profesor en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU), José Ignacio García Plazaola, ha pedido una prórroga de un año adicional, lo que permitirá seguir llevando a cabo campañas en las que se tomarán más datos y muestras vegetales y de suelos que ayudarán a completar la investigación que se está llevando a cabo.

Qué es una piscina de aire frío
Una piscina de aire frío (cold air pool, 'CAP' en inglés) se trata de un fenómeno meteorológico de microescala, es decir, se produce en lugares muy localizados. Básicamente son acumulaciones de aire muy frío, como si de una piscina de agua se tratara, en un sector topográfico deprimido. Como consecuencia de la mayor densidad del aire que se encuentra a una menor temperatura, suele producirse en noches estables y con vientos en calma.

El principal objetivo que persigue REBECA es comprender qué mecanismos de adaptación usan diferentes especies vegetales cuyo hábitat está situado en las llamadas CAPs (pozas o piscinas de aire frío); para lo cual, la primera tarea que se tuvo que hacer fue la localización y caracterización de CAPs situadas en tres parques nacionales: Los Picos de Europa, el Teide y Sierra Nevada. En este último sólo se habían llevado a cabo hasta ahora un par de campañas iniciales ‒en junio y septiembre de 2024‒, en que instalaron dataloggers (sensores de temperaturas).

Manto de nieve y heladas de larga duración en las cumbres de Sierra Nevada

El pasado 30 de julio de 2026 se llevó a cabo la recogida de datos en dos de los tres lugares donde se están monitorizando las temperaturas, allí en Sierra Nevada. La minicampaña estaba prevista inicialmente para dos días (29 y 30 de julio), pero la cancelación de un vuelo entre Madrid y Granada, redujo a un solo día el trabajo de campo, lo que impidió el volcado de datos y la revisión de todos los dataloggers instalados. Se pudo acceder a los del Corral del Veleta y el Hoyo de las Nieves (a los pies del Mojón de trigo, junto a la carretera que sube al Veleta, bautizado así por los miembros del equipo, al situarse en las cercanías del monumento a la Virgen de Las Nieves), pero no dio tiempo de acceder a la Hoya del Mulhacén (el tercer emplazamiento).

A Sierra Nevada se desplazaron Ignacio García Plazaola (investigador principal del proyecto), June Hidalgo y José Miguel Viñas (quien suscribe estas líneas). El primer análisis (preliminar) del registro continuo de casi dos años de los datos diezminutales de temperatura medidos por los HOBOs (nombre que reciben los sensores utilizados en el proyecto), ha permitido certificar que tanto en el Corral del Veleta como en el Hoyo de las Nieves hay CAPs, siendo la del Corral la más relevante.

Gráfica con el registro de la temperatura (en grados Celsius [ºC]) obtenido por uno de los sensores instalados en el fondo del Corral del Veleta, en la cota 3.100 m aprox. Fuente: Proyecto REBECA.
Gráfica con el registro de la temperatura (en grados Celsius [ºC]) obtenido por uno de los sensores instalados en el fondo del Corral del Veleta, en la cota 3.100 m aprox. Fuente: Proyecto REBECA.

La gráfica anexa, construida a partir de los datos de uno de los dataloggers instalados en el fondo (bottom) del Corral del Veleta, a 3.100 m (aprox.) sobre el nivel del mar, permite comprobar cómo allí arriba gran parte del año las temperaturas quedan por debajo de cero grados (a partir de octubre-noviembre, hasta bien entrada la primavera), siendo también prolongado el tiempo en que la zona está cubierta de nieve (los sensores miden 0 ºC todos esos días).

La nieve se derrite muy tarde en verano (marcado en verde) y ya no se producen heladas hasta el otoño (en rojo la primera). A partir de noviembre (en negro) las temperaturas son siempre inferiores a 0 ºC (debido a la ausencia de insolación en ese enclave) y la nieve cubre el sensor durante la segunda mitad del invierno (en azul). Tal y como señala el profesor García Plazaola: “con estos datos, aunque se formen CAPs parece difícil que esas condiciones tengan un efecto significativo sobre las plantas, dado que el largo periodo protector de la nieve se extiende hasta el verano cuando ya no hay heladas.”

Laguna del Corral del Veleta, a cuyas orillas hay instalado uno de los sensores instalados en el fondo de esa CAP, del que se descargaron los datos y cuya batería se sustituyó. Fotografía de J. Ignacio García Plazaola.
Laguna del Corral del Veleta, a cuyas orillas hay instalado uno de los sensores instalados en el fondo de esa CAP, del que se descargaron los datos y cuya batería se sustituyó. Fotografía de J. Ignacio García Plazaola.

June Hidalgo señala, por su parte, que “aunque se han formado CAPs durante todo el año, estas han sido más frecuentes e intensas en octubre y noviembre. Tanto su frecuencia como su intensidad han disminuido durante la primavera, coincidiendo con los periodos de acumulación y permanencia de la nieve”.

En lo que respecta al emplazamiento del Hoyo de las Nieves, esta investigadora concluye (una vez hecho el análisis preliminar de los datos) que “en este emplazamiento, las CAPs han sido menos intensas, ya que únicamente se han registrado diferencias iguales o superiores a 5 °C entre el bottom y el plateau durante 13 días (el 1,77 % de todo el periodo analizado).” Si bien ‒añade‒ “los registros indican que se ha formado una CAP (con una diferencia de Tmin superior a 2 °C) durante casi la mitad de los días registrados (el 46,5 % del periodo)”.

Sorpresa en los resultados: las CAPs son menos relevantes que en el Teide

La CAP del Corral del Veleta se ha manifestado el 80,9% de los días del periodo analizado, si bien sólo en algo menos de un 60% de los casos (59,2%) la diferencia de temperatura mínima entre el fondo y el plateau (zona más elevada) superó los 5 ºC. Estas diferencias quedan lejos de las que se producen en las Cañadas del Teide, donde las CAPs que se están monitorizando han superado las expectativas de los investigadores.

Número de veces que se han superado los 2 y los 5 ºC de diferencia entre las temperaturas mínimas medidas por los dataloggers en el fondo de la CAP del Corral del Veleta y las medidas en los situados a una cota superior, en las cercanías. Fuente: Proyecto REBECA
Número de veces que se han superado los 2 y los 5 ºC de diferencia entre las temperaturas mínimas medidas por los dataloggers en el fondo de la CAP del Corral del Veleta y las medidas en los situados a una cota superior, en las cercanías. Fuente: Proyecto REBECA

A falta de volver en una próxima campaña a Sierra Nevada y descargar los datos de los HOBOs de la Hoya del Mulhacén, para comprobar el potencial enfriador que tiene la CAP ubicada en aquel lugar de alta montaña, una de las primeras conclusiones del proyecto REBECA ‒ya en fase muy avanzada‒ es que son las piscinas de aire de las Cañadas del Teide las que dan más juego (mayor magnitud y mayor persistencia), lo que requiere por parte de los endemismos vegetales que hay allí, mecanismos de adaptación mucho más sofisticados y audaces que en los demás emplazamientos.