Unos químicos suecos descubren que este veneno mortal fue clave para que la vida surgiera en la Tierra

Un equipo de químicos descubre que el veneno más temido pudo ser el motor biológico en entornos helados como Titán, facilitando la creación de moléculas esenciales para nuestra existencia.

En superficies gélidas similares a las de Titán, los cristales de cianuro actúan como reactores naturales bajo la bruma. Sus fracturas generan campos eléctricos capaces de transformar la materia inerte en componentes biológicos básicos.
En superficies gélidas similares a las de Titán, los cristales de cianuro actúan como reactores naturales bajo la bruma. Sus fracturas generan campos eléctricos capaces de transformar la materia inerte en componentes biológicos básicos.

La búsqueda de nuestros inicios biológicos suele fijar su mirada en cráteres volcánicos o en el fondo de mares cálidos, pero la clave podría estar también en el hielo. Un reciente estudio cambia su orientación hacia un material que solemos ver como una amenaza, revelando su papel como arquitecto del cosmos. Resulta que las brumas de Titán, ese satélite de Saturno cubierto de nubes espesas, guardan un proceso químico que aclara cómo la materia sin vida pudo dar el salto hacia la organización orgánica.

El cianuro de hidrógeno (HCN) es un compuesto químico incoloro (líquido o gas) altamente tóxico y volátil, con un olor característico a almendras amargas que no todos detectan, el cual impide a las células usar oxígeno, siendo mortal en minutos. Se usa industrialmente para plásticos, fibras y pesticidas, pero también se encuentra en el humo del tabaco y se libera de forma natural en semillas de frutas.

Investigadores de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Gotemburgo (Suecia), han examinado el comportamiento de ciertos elementos letales cuando las temperaturas caen a niveles bajísimos en el espacio profundo. Lejos de frenarse, la actividad química se multiplica gracias a la formación de redes cristalinas que funcionan como pequeños generadores de electricidad. Esta mecánica explicaría los fenómenos de los mundos exteriores y los eventos fortuitos que permitieron nuestra aparición en la Tierra hace miles de millones de años.

La paradoja del cianuro de hidrógeno en el espacio

El cosmos alberga materiales que resultarían fatales para nuestra especie, y el cianuro de hidrógeno es un gas letal que lidera esa lista de peligros químicos. No obstante, su presencia recurrente en zonas interestelares y en el corazón de los cometas no parece ser un simple accidente de la naturaleza. Los expertos sugieren que, al entrar en contacto con moléculas de agua, este veneno actúa como un molde que fabrica piezas fundamentales del código genético, tales como los aminoácidos.

En la superficie de Titán, el satélite más grande de Saturno, este compuesto se convierte en una estructura sólida con rasgos físicos realmente asombrosos para la ciencia. A diferencia de otros elementos químicos, estos cristales tienen la virtud de producir energía eléctrica cuando se rompen o se ven sometidos a presiones mecánicas. Esta chispa interna es la responsable de que la química orgánica progrese sin necesidad de fuentes de calor externas o de ambientes cálidos.

Hace varios eones (un eón equivale a mil millones de años), una lluvia incesante de rocas espaciales golpeó la corteza de nuestro planeta, depositando toneladas de esta sustancia en los mares primitivos de aquel entonces. Aquel bombardeo masivo, lejos de ser sólo un evento de destrucción, funcionó como un sistema de reparto mundial para las moléculas de la existencia. Lo que hoy percibimos como un agente mortífero fue, en realidad, el motor silencioso que permitió a la materia inerte organizarse en sistemas biológicos.

Campos eléctricos y cristales en mundos helados

Gracias a unos modelos informáticos de gran precisión, los químicos han podido visualizar la forma en la que se agrupan estas piezas microscópicas en el vacío. Los cristales forman redes extensas que recuerdan a las telas de las arañas, con extremos que concentran una tensión eléctrica sumamente elevada. Este entorno tan específico facilita que las reacciones sucedan a una velocidad pasmosa, algo que nadie esperaba encontrar en algunas zonas del Sistema Solar tan alejadas del Sol.

La combinación de puntas con polaridades opuestas en los cristales de cianuro de hidrógeno (HCN) podría explicar su estructura en forma de telaraña y la aparición de superficies altamente energéticas capaces de catalizar reacciones a bajas temperaturas, como la formación de isocianuro (HNC). Crédito de la imagen: Cappelletti et al., 2025. ACS Central Science.
La combinación de puntas con polaridades opuestas en los cristales de cianuro de hidrógeno (HCN) podría explicar su estructura en forma de telaraña y la aparición de superficies altamente energéticas capaces de catalizar reacciones a bajas temperaturas, como la formación de isocianuro (HNC). Crédito de la imagen: Cappelletti et al., 2025. ACS Central Science.

La rotura natural de estos sólidos libera fuerzas que actúan como un pegamento químico capaz de unir componentes sencillos para crear otros de mayor tamaño. En este proceso surge el isocianuro, una variante extremadamente activa que sirve de enlace entre la química mineral y los polímeros biológicos. Es una transición fluida que demuestra cómo el desorden molecular empieza a estructurarse siguiendo patrones lógicos en condiciones de congelación extrema sin intervención externa.

Las simulaciones digitales indican que este cambio de forma no requiere superar grandes barreras de energía, teniendo lugar de manera natural en la sombra del espacio. En lugares donde el movimiento debería ser casi nulo, estos campos de electricidad mantienen una agitación constante y productiva. Esta actividad explica por qué encontramos una variedad tan rica de compuestos complejos en las atmósferas de lunas heladas o en las colas de los cometas que viajan por el vacío.

El futuro del cianuro de hidrógeno en la ciencia

El próximo objetivo de los científicos en la Universidad de Chalmers es trasladar estas observaciones de la pantalla al entorno controlado de un laboratorio criogénico. Buscan replicar el proceso de triturar estos hielos tóxicos para medir con exactitud la cantidad de energía que se libera en cada colisión. Si las pruebas físicas coinciden con los modelos teóricos, habremos descubierto un camino universal para la creación de los componentes de la vida en el universo conocido.

Analizar la cantidad de estas sustancias en distintos puntos del Sistema Solar permitirá identificar con mayor precisión qué otros lugares podrían albergar microorganismos o precursores. Ya no dependemos únicamente de encontrar agua en estado líquido para sospechar que existe actividad biológica en otros planetas remotos. Estos procesos eléctricos sobre superficies congeladas abren un abanico de posibilidades mucho más amplio para la búsqueda de nuestros posibles vecinos en las estrellas lejanas.

Referencia de la noticia:

Marco Cappelletti, Hilda Sandström y Martin Rahm. Electric Fields Can Assist Prebiotic Reactivity on Hydrogen Cyanide Surfaces (enero 2026). https://pubs.acs.org/doi/10.1021/acscentsci.5c01497

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