Por qué el cielo de otoño puede parecer más oscuro y dejar ver más estrellas: la explicación científica
El cielo de otoño puede parecer más oscuro y mostrar más estrellas gracias a noches más largas y condiciones favorables, aunque la humedad y la Luna influyen: te lo explicamos aquí.

Con la llegada del otoño, las noches se alargan y, en determinadas condiciones, el cielo parece más profundo, oscuro y lleno de estrellas. Esto no es solo una impresión: la transparencia de la atmósfera, la humedad, las partículas en suspensión y la ausencia de luz lunar pueden cambiar notablemente lo que vemos al mirar hacia arriba.
Sin embargo, no existe una regla que garantice que en otoño se vean más estrellas que en verano, porque la diferencia está en cómo se combinan estos factores y en la contaminación lumínica del lugar desde el que observamos.
¿Por qué en otoño podemos ver más estrellas?
El primer cambio es evidente, los días se acortan y las noches duran más, lo que hace que las estrellas brillen más, y tengamos más horas de oscuridad para observarlas.
Además, el otoño trae cambios en la circulación atmosférica. Tras el paso de frentes suelen llegar masas de aire más frías y secas, con menos polvo y otras partículas en suspensión.

La clave está en distinguir entre un cielo despejado y un cielo transparente porque puede no haber nubes y, aún así, existir una ligera bruma que disperse la luz y reduzca el contraste.
En cambio, una atmósfera limpia permite que la luz de las estrellas llegue hasta nuestros ojos con menos interferencias.
La humedad como factor que puede apagar el cielo
La humedad es uno de los elementos que más influyen en la transparencia atmosférica, porque cuando aumenta la cantidad de vapor de agua y se dan las condiciones adecuadas, pueden formarse pequeñas gotas que dan lugar a nieblas, brumas o nubes bajas y dificultan la observación de las estrellas.
La humedad también puede modificar las propiedades ópticas de los aerosoles, las diminutas partículas suspendidas en el aire . Algunas absorben agua cuando aumenta la humedad relativa y crecen de tamaño, lo que favorece a la dispersión de la luz.
Aerosoles, polvo y contaminación
El aire no está compuesto únicamente por gases, también contiene aerosoles, partículas diminutas de origen natural o humano que pueden proceder de polvo mineral, la sal marina, el humo de los incendios, las emisiones industriales o el tráfico.
Todas estas posibles partículas interactúan con la luz mediante procesos de dispersión y absorción, y cuando hay una concentración con elevada de las mismas, la atmósfera puede presentar un aspecto blanquecino o turbio, incluso sin nubes.

La calima es un ejemplo muy claro: cuando el polvo sahariano llega a la península ibérica o a los archipiélagos, especialmente a Canarias, puede reducir la visibilidad durante el día y alterar también el aspecto del cielo nocturno.
La Luna puede marcar la diferencia entre un cielo oscuro y uno brillante
La luz solar se dispersa en la atmósfera y aumenta el brillo del fondo del cielo, reduciendo el contraste entre las estrellas y la oscuridad que las rodea.
Por eso, durante las noches próximas a la luna nueva, cuando la iluminación lunar es mínima o nuestro satélite no está sobre el horizonte, las condiciones suelen ser mejores para observar objetos poco luminosos.