Unos científicos de la NASA descubren una nube de materia oscura que podría cambiar todo lo que sabemos del universo
La NASA detecta a Nube-9, un extraño cúmulo de gas y materia oscura. Este vestigio del origen del cosmos revela cómo nacen las estructuras espaciales sin necesidad de luz estelar.

El espacio profundo acaba de desvelar un secreto que ha dejado boquiabierta a la comunidad científica internacional. Varios investigadores de la agencia espacial NASA han localizado un ente astronómico inédito que rompe los esquemas habituales sobre la formación de sistemas espaciales, situando el interés en lo que permanece oculto a simple vista.
Se trata de una sustancia invisible que no emite ni refleja radiación electromagnética; sin embargo, su presencia se confirma mediante la influencia gravitacional ejercida sobre la materia observable, alterando la rotación galáctica y la arquitectura del cosmos.
Este componente abarca aproximadamente el 85% de la masa total del universo y se cree que está integrado por partículas exóticas (como los WIMPs) que apenas interactúan con los átomos convencionales, posicionándose como el desafío más profundo de la astrofísica contemporánea.
Se trata de un hallazgo histórico que confirma la existencia de estructuras compuestas casi íntegramente por componentes invisibles. Este cuerpo celeste, denominado Nube-9, funciona como un fósil viviente de las etapas iniciales del todo, permitiendo analizar los procesos químicos y físicos que hasta ahora sólo residían en complejos modelos matemáticos de laboratorio.
El misterio de Nube-9 y la materia oscura
A unos 14 millones de años luz de nuestro planeta, cerca de Messier 94, flota un gigante silencioso que los expertos han bautizado como Nube-9. Lo más fascinante es que, pese a su gran envergadura, carece por completo de brillo propio al no poseer ni un solo sol en su interior.
A team using @NASAHubble has made the first confirmed detection of a new type of astronomical object: a starless, gas-rich, dark-matter cloud, nicknamed Cloud-9. Here's what this object is teaching us about dark matter and the early universe: https://t.co/csCRXnzgDM pic.twitter.com/ZnUnhy9EYL
— NASA (@NASA) January 5, 2026
Esta entidad pertenece a la categoría RELHIC, nubes de hidrógeno que quedaron estancadas en el tiempo. Aunque poseen una masa gaseosa equivalente a un millón de soles, su fuerza gravitatoria reside en un envoltorio de materia oscura que pesa cinco mil millones de veces más que nuestra estrella.
“En ciencia, solemos aprender más de los fracasos que de los éxitos. En este caso, la ausencia de estrellas confirma la validez de la teoría. Nos indica que hemos encontrado en el universo local un componente fundamental de una galaxia que aún no se ha formado”, ha comentado el investigador responsable de la misión, Alejandro Benítez-Llambay.
Por qué Nube-9 es una pieza fundamental de materia oscura
El telescopio Hubble ha sido el juez definitivo en este enigma, descartando que existieran luces tenues ocultas tras el gas. Gracias a su potencia, se verificó que los destellos lejanos eran simplemente otros sistemas situados a distancias mucho mayores, confirmando que este objeto está realmente vacío de fuego estelar.

“Esta nube es una ventana al universo oscuro”, ha señalado Andrew Fox, miembro del Instituto Científico del Telescopio Espacial, subrayando que por fin podemos mirar de frente a un objeto regido por lo que no se ve. Es una oportunidad de oro para diseccionar la relación entre el hidrógeno y la gravedad invisible en el vecindario cósmico.
Detectar este tipo de fenómenos es un reto mayúsculo debido a su naturaleza esquiva y a su facilidad para desintegrarse si rozan otros sistemas. Su hallazgo demuestra que el mapa del firmamento está incompleto si sólo nos fijamos en aquello que emite una radiación luminosa constante.
El futuro de la materia oscura en el cosmos
Los astrónomos sospechan que este es sólo el primer ejemplar de una vasta población de estructuras abortadas que pueblan el vacío. Estas "galaxias fallidas" constituyen una explicación de cómo se organizó la arquitectura del universo durante sus primeros suspiros de vida.
“Con telescopios terrestres siempre cabía la posibilidad de que hubiera estrellas demasiado débiles para detectarlas”, admite Gagandeep Anand, autor principal de este estudio. Sin embargo, la tecnología orbital actual ha eliminado cualquier resquicio de duda, validando la existencia de estos núcleos de gas puro protegidos por halos oscuros.
Este acontecimiento astronómico obliga a los investigadores a mirar más allá de las constelaciones tradicionales. Entender Nube-9 supone aceptar que la base del tejido universal no se limita a las luces que decoran el cielo nocturno, también incluye los componentes silenciosos que mantienen todo unido desde las sombras.
Referencia de la noticia:
Anand, Gagandeep & Benítez-Llambay, Alejandro & Beaton, Rachael & Fox, Andrew & Navarro, Julio & D'Onghia, Elena. (2025). The First RELHIC? Cloud-9 is a Starless Gas Cloud. 10.48550/arXiv.2508.20157.
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