Las 3.301 abejas de la NASA que superaron la falta de gravedad y levantaron un panal completo en el espacio

La NASA llevó 3.301 abejas hasta la órbita terrestre para estudiar cómo reaccionaban sin gravedad y comprobar si podían levantar un panal.

3.301 abejas viajaron al espacio con la misión Challenger y construyeron cerca de 200 cm² de panal durante siete días sin gravedad. Imagen: NASA.
3.301 abejas viajaron al espacio con la misión Challenger y construyeron cerca de 200 cm² de panal durante siete días sin gravedad. Imagen: NASA.

La búsqueda de respuestas sobre la vida fuera de la Tierra también ha llevado a la NASA a estudiar organismos mucho más pequeños que los habituales como protagonistas de sus misiones. De hecho, en abril de 1984, 3.301 abejas obreras fueron enviadas al espacio junto a los cinco tripulantes del Challenger. Permanecieron allí durante casi una semana, dentro de un módulo preparado para mantenerlas con vida. La prueba tenía una pregunta concreta: comprobar qué ocurría cuando una colonia perdía la referencia constante de la gravedad terrestre.

El interés estaba especialmente relacionado con la construcción del panal. Las abejas suelen levantar estructuras formadas por celdas hexagonales, pero los investigadores querían saber si esa geometría se mantendría en microgravedad. También podían observar cómo cambiaba el vuelo de los insectos y si su comportamiento colectivo seguía funcionando. El resultado fue distinto al de las primeras horas y terminó aportando varios datos sobre su capacidad para desenvolverse en un medio desconocido.

Abejas en el espacio: los primeros días fueron complicados

La misión STS-41C partió el 6 de abril de 1984 y permaneció en órbita casi siete días. Las abejas viajaron acompañadas por una reina y fueron instaladas en un recipiente creado específicamente para el experimento. La propuesta había surgido de Dan Poskevich, un estudiante de secundaria interesado en comprobar si estos insectos podían construir un panal sin la referencia que proporciona la gravedad. Poskevich propuso su experimento utilizando el Programa de Participación Estudiantil del Transbordador Espacial de la NASA.

El comienzo estuvo marcado por los problemas para desplazarse. Varias abejas trataban de volar, pero terminaban golpeándose contra las paredes del módulo. Sin una dirección definida de arriba y abajo, el comportamiento habitual dejó de servirles durante las primeras horas. Con el paso del tiempo, sin embargo, parte del grupo empezó a desplazarse por el interior sin sufrir esos choques de manera constante.

La evolución del comportamiento permitió seguir el experimento durante toda la estancia orbital. Las abejas fueron adaptándose poco a poco al medio en el que habían sido colocadas. Para los investigadores, esa transformación era especialmente relevante porque permitía observar qué elementos de su conducta dependían directamente de la gravedad y cuáles podían mantenerse pese a su ausencia.

Un panal de 200 centímetros cuadrados

La construcción comenzó después de las dificultades iniciales. A lo largo del vuelo, las abejas obreras fabricaron alrededor de 200 centímetros cuadrados de panal, con una estructura que conservaba muchas características de las construcciones realizadas en la Tierra. El resultado permitió comprobar que la colonia podía producir cera y organizar las celdas pese a encontrarse en microgravedad.

3.301 abejas viajaron al espacio con la NASA en 1984 para comprobar si podían construir un panal sin gravedad. En siete días fabricaron cerca de 200 cm² de panal y la reina puso unos 35 huevos durante el vuelo. Imagen: IA.
3.301 abejas viajaron al espacio con la NASA en 1984 para comprobar si podían construir un panal sin gravedad. En siete días fabricaron cerca de 200 cm² de panal y la reina puso unos 35 huevos durante el vuelo. Imagen: IA.

Las observaciones también encontraron diferencias respecto a los panales terrestres. Las celdas tenían un diámetro algo menor y paredes más gruesas, mientras que la profundidad se mantenía en valores similares. Algunas de esas cavidades llegaron a utilizarse para guardar el jarabe azucarado empleado como alimento durante el viaje.

El grupo de comparación que permaneció en la Tierra estaba alojado en una caja idéntica y mostró menos actividad en las primeras observaciones. La diferencia permitió disponer de una referencia para analizar lo ocurrido durante el vuelo. El dato principal fue que las obreras no dejaron de construir por encontrarse fuera de la Tierra y conservaron la geometría básica de sus estructuras.

Una colonia activa y 35 huevos durante el viaje

La ausencia de gravedad tampoco eliminó la organización colectiva de la colonia. Las abejas continuaron ventilando el espacio disponible para controlar la temperatura y la humedad, además de gestionar sus reservas de agua, néctar y polen. También retiraban los ejemplares muertos hacia una zona exterior del módulo.

Durante la misión se registraron alrededor de una veintena de bajas, una cifra considerada dentro del desgaste habitual de una colonia. La reina mantuvo además su actividad reproductiva y puso aproximadamente 35 huevos mientras permanecía en órbita. Sin embargo, ninguno llegó a eclosionar después del regreso a la Tierra y las causas quedaron sin determinar.

El experimento tenía una dimensión limitada dentro de la misión Challenger, pero permitió observar cómo una colonia afrontaba un entorno sin gravedad durante varios días.

Unas 20 abejas murieron durante los siete días del viaje espacial, una cifra considerada normal dentro del desgaste de una colonia.
Unas 20 abejas murieron durante los siete días del viaje espacial, una cifra considerada normal dentro del desgaste de una colonia.

Las abejas consiguieron volar con mayor normalidad después de la adaptación inicial, mantuvieron buena parte de su conducta social y construyeron cerca de 200 centímetros cuadrados de panal. La experiencia mostró que podían reorganizar su comportamiento y seguir trabajando lejos de las condiciones terrestres habituales.