El pueblo de Ciudad Real que conserva un corral de comedias del siglo XVII y unas berenjenas con nombre propio
Esta localidad manchega guarda uno de los espacios teatrales más singulares de Europa y una de las tapas más reconocibles de la gastronomía de la región. Un destino donde el Siglo de Oro sigue presente entre monumentos, cultura y tradición.

Un pueblo y dos señas de identidad: un escenario donde todavía resuena el teatro del Siglo de Oro y una receta manchega que ha convertido una humilde hortaliza en una auténtica institución gastronómica.
En esta localidad de la provincia de Ciudad Real, la historia se recorre entre galerías de madera, patios centenarios y calles que conservan el esplendor de otra época. En pleno corazón de su Plaza Mayor se esconde un espacio que ha atravesado casi cuatro siglos sin perder su función original. Y, cuando el telón baja, todavía queda por descubrir el sabor que ha dado fama al municipio mucho más allá de Castilla-La Mancha.
El Corral de Comedias que mantiene vivo el Siglo de Oro
El principal tesoro de Almagro está en el número 18 de la Plaza Mayor. Allí se encuentra el Corral de Comedias, construido en 1628 por Leonardo de Oviedo sobre las instalaciones del antiguo Mesón del Toro. Su singularidad es extraordinaria: es el único corral de comedias que se conserva intacto y en funcionamiento continuo desde el siglo XVII. Un auténtico superviviente de la arquitectura teatral del Siglo de Oro.

El edificio permite imaginar cómo eran aquellas representaciones populares en las que se mezclaban espectadores de distintas clases sociales. El patio central, las galerías de madera y el escenario organizaban un espacio en el que cada persona tenía asignado su lugar. Los hombres con menos recursos seguían las obras de pie en el patio, mientras que las familias acomodadas ocupaban los aposentos y balcones. Las mujeres tenían su propio espacio, conocido como la cazuela, al que accedían por una entrada diferente.

El recinto también conserva elementos que cuentan pequeñas historias de la vida cotidiana de la época. En la alojería, situada frente al escenario, se vendía la aloja, una bebida elaborada con agua, miel y especias. Bajo el tablado se encontraba una bodega que servía de camerino para los actores y permitía las entradas a escena mediante una trampilla. Cada rincón responde a una forma de entender el teatro que hoy resulta difícil encontrar en otro lugar. Tras perder su uso escénico y convertirse en posada, el corral fue redescubierto en el siglo XX y recuperado para la actividad cultural.
Una plaza monumental y un pueblo ligado al teatro
La visita al corral comienza, en realidad, antes de cruzar su puerta. La Plaza Mayor de Almagro, con sus soportales y galerías acristaladas de color verde, es uno de los conjuntos urbanos más reconocibles de Castilla-La Mancha. Su arquitectura refleja el esplendor que alcanzó la localidad durante los siglos XVI y XVII, cuando la actividad comercial y la presencia de importantes familias vinculadas a las finanzas europeas impulsaron su desarrollo.

A pocos pasos se encuentra el Museo Nacional de Artes Escénicas, instalado en los antiguos Palacios Maestrales. Sus colecciones permiten recorrer la historia del teatro español a través de escenografías, figurines, trajes, fotografías y documentos. El patrimonio de Almagro se completa con edificios como la Casa Palacio de Juan Jédler (Palacio Fúcares), el Teatro Municipal, el Hospital de San Juan y el Claustro del Convento de la Asunción de Calatrava. Un paseo por sus calles permite descubrir también casas blasonadas, iglesias y antiguas construcciones religiosas que explican por qué su casco histórico fue declarado Conjunto Histórico-Artístico.

La relación de Almagro con las tablas no se limita a sus monumentos. Cada verano, la localidad se convierte en punto de encuentro para compañías, actores y aficionados gracias al Festival Internacional de Teatro Clásico, una de las grandes citas culturales dedicadas al repertorio del Siglo de Oro. Las representaciones ocupan distintos espacios de la ciudad y devuelven al corral parte de su ambiente original.
Las berenjenas de Almagro: el sabor que también tiene historia
Sin embargo, hay otro motivo por el que el nombre de esta localidad ciudadrealeña resulta familiar en buena parte de España. Las berenjenas de Almagro, que cuentan con una Indicación Geográfica Protegida (IGP) que reconoce tanto su origen como su particular forma de elaboración. No se trata de cualquier berenjena: la variedad autóctona 'Dealmagro' (perteneciente a la especie Solanum melongena) se cultiva tradicionalmente en el Campo de Calatrava y se ha adaptado durante generaciones a las condiciones de esta comarca.

Su preparación comienza con la cocción de los frutos, que después pasan por un proceso de fermentación en el que adquieren buena parte de su personalidad. El aliño tradicional combina vinagre, aceite, sal, cominos, ajo, pimentón y agua. La varilla de hinojo que atraviesa algunas piezas aporta un aroma muy característico, además de sujetar el relleno en una de las presentaciones más populares: las berenjenas embuchadas, que incorporan un trozo de pimiento dulce o picante.
Su elaboración está protegida y vinculada a varios municipios de la comarca, entre ellos Almagro, Bolaños de Calatrava, Aldea del Rey, Calzada de Calatrava, Granátula de Calatrava y Valenzuela de Calatrava. Así, la localidad ha conseguido que dos de sus grandes señas de identidad —el teatro y la gastronomía— sigan vivas varios siglos después de su origen. Una visita a Almagro permite comprobar que, en este rincón de Ciudad Real, la historia no solo se contempla: también se representa y se saborea.