¿Más contaminante que el carbón? Por qué las chimeneas de leña no son tan “eco” como parecen
Las chimeneas de leña parecen ecológicas, pero en realidad emiten más CO₂ y partículas nocivas que el carbón o el gas: todo ello es perjudicial para tu salud y nuestro entorno.

Las chimeneas de leña evocan imágenes de noches acogedoras junto al fuego, aroma a madera quemada. Sin embargo, ese confort que parece inofensivo no lo es tanto, y la ciencia revela un panorama mucho menos romántico cuando se trata de emisiones de carbono y partículas nocivas: la madera puede ser incluso peor que los combustibles fósiles como el carbón o el gas natural.
El lado oscuro de la madera
Contrario a la intuición popular, quemar madera no es una solución “verde” inmediata para la calefacción, ya que según varias investigaciones, la madera emite 2,5 veces más CO₂ que el gas natural y un 30% más que el carbón por la misma cantidad de calor.
La combustión de la chimenea en un domcilio debe ser uniforme.
— 112 Comunidad de Madrid (@112cmadrid) January 1, 2025
No emplees acelerantes para encender el fuego.
Evita colocar cortinas y alfombras cerca de la chimenea.
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Además, genera partículas finas que se alojan en los pulmones y órganos, con efectos mucho más dañinos para la salud que la mayoría de los combustibles fósiles.
El problema no termina con la combustión, ya que la tala de bosques para obtener leña o pellets contribuye a liberar carbono que de otra manera permanecería almacenado en los árboles.
Incluso si se tratara de árboles muertos o ramitas, la eficiencia térmica de la leña sigue siendo baja, ya que la densidad energética y el contenido de humedad hacen que gran parte del calor se pierda, dejando solo una fracción del potencial energético disponible.
¿Existe alguna alternativa más sostenible?
El único escenario que puede aportar un beneficio climático inmediato, aunque limitado, es usar residuos forestales o subproductos de la madera, como ramas, ramitas o serrín sobrante.
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— EcoInventos (@EcoInventos) September 19, 2022
Estos materiales, que de otro modo se desecharían, pueden quemarse con menor impacto que los árboles vivos. Otra opción es mejorar la eficiencia de la combustión de la siguiente forma.
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Insertos para chimenea: cajas de acero o hierro fundido con puerta de vidrio que capturan gran parte del calor que de otra forma se perdería.
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Estufas modernas certificadas por la EPA: pueden alcanzar entre un 70 y 80 % de eficiencia, comparadas con menos del 30 % de las chimeneas abiertas tradicionales.
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Pellets y troncos diseñados: los pellets de madera comprimida y los troncos de serrín y cera (como Duraflame) queman más limpio, aunque la neutralidad de carbono depende de su origen.
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Chimeneas de bioetanol: generan llamas reales con mínimo humo y partículas, aunque todavía emiten CO₂ y requieren ventilación.
Entonces, ¿tengo que renunciar a las noches frente a la chimenea?
Quemar árboles vivos para calefacción no solo es ineficiente, sino que puede ser más dañino para el clima y la salud que el carbón o el gas. La clave reside en usar materiales de desecho, mejorar la eficiencia de las estufas y considerar alternativas eléctricas, como las bombas de calor.
Todo esto no significa renunciar al placer de una chimenea en invierno: con decisiones inteligentes sobre qué y cómo quemar, todavía es posible disfrutar de una llama cálida sin disparar tus emisiones de CO₂ por las nubes.
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