José Miguel Viñas, meteorólogo: qué relación hay entre las 14 borrascas, los ríos atmosféricos y el calentamiento global
Analizamos las causas que han dado lugar a el comportamiento meteorológico tan anómalo en el inicio de 2026 en España y su posible relación con el calentamiento global.

El excepcional comportamiento meteorológico que estamos teniendo en el Atlántico Norte desde que comenzó 2026, con una circulación muy marcada del oeste que, sin apenas interrupción, impacta de lleno en la Península, con un carrusel de borrascas de gran impacto que han ido provocando fuertes temporales de viento y precipitaciones extraordinarias en la vertiente atlántica peninsular, no solo está siendo motivo de conversación del ciudadano de pie, sino también entre los meteorólogos.
No existen muchas referencias a una racha húmeda como la que todavía estamos viviendo, tanto por la duración que está teniendo en numerosos observatorios peninsulares, como la cuantía de las precipitaciones acumuladas, lo que convirtió al pasado mes de enero como el segundo más húmedo del presente siglo y el sexto desde 1961 para el conjunto de España.

El bloqueo en Groenlandia y Escandinavia ha provocado que el chorro polar circule más al sur de lo habitual, con las borrascas afectando de lleno a España. A su vez, este tren borrascoso ha impulsado ríos atmosféricos que han cruzado todo el Atlántico tras nacer en el Caribe.
En lo que llevamos de año las precipitaciones han sido tres veces superiores a las normales en ese periodo, con algunos registros de lluvia extraordinarios, como los casi 600 l/m2 que se recogieron en Grazalema (Cádiz) el pasado 4 de febrero.
El movimiento clave de piezas en el Ártico
Para entender la causa por la que a estas alturas de la temporada 2025-2026 llevamos ya 13 borrascas con nombre, explicaremos en primer lugar y brevemente cuál es el patrón meteorológico esperado un invierno más ajustado a la normalidad climatológica. Lo habitual es que cuando llega el invierno al hemisferio norte y entra menos radiación solar, se expanda hacia latitudes más bajas el aire frío que hay instalado en el Ártico, lo que conocemos como el vórtice polar.

La zona fronteriza entre ese aire frío y el aire subtropical (lo que los meteorólogos de la Escuela de Bergen bautizaron como el frente polar) es donde va discurriendo la corriente en chorro y surgen las borrascas que nos afectan. Lo normal es que la mayoría de ellas discurran en latitudes más altas de la Península, al sur de la islas británicas, el norte de Francia y los Países Bajos, pudiendo de manera ocasional descolgarse alguna algo más, lo que provoca un fuerte temporal invernal en España.
A principios de 2026 se descolaron las piezas del puzle atmosférico. El vórtice polar se fragmentó y en la zona de Groenlandia se instaló un área de altas presiones que forzó al aire frío a bajar más de latitud, con importantes desalojos en Norteamérica y otras zonas del Atlántico Norte. En consecuencia, el chorro polar también se desplazó hacia el sur, presentando grandes ondulaciones. Se estableció el patrón que estamos teniendo y que todavía se mantendrá esta semana.
Es pronto para saber si ese movimiento de piezas está relacionado con el calentamiento global. El Ártico es una de las regiones del mundo donde más ha subido la temperatura y donde mayores son los impactos del cambio climático. Es lógico pensar que dicha circunstancia tiene que estar alterando de alguna forma a la dinámica atmosférica en el hemisferio norte, pero de momento no se detecta una tendencia duradera en el chorro polar a bajar de latitud, como ha hecho este invierno, aunque sí a ralentizarse y a presentar grandes ondulaciones.
Los ríos atmosféricos en un mundo más cálido
Esta última circunstancia conecta con otro elemento atmosférico clave para entender la por qué está lloviendo tanto en tantos sitios y unas cantidades tan extraordinarias en algunos. Con un chorro ondulado situado más al sur de lo habitual, las borrascas que discurren bajo su flujo rector han conectado con gran facilidad con los ríos atmosféricos que discurren por el ámbito subtropical.
A lo largo de esa especie de pasillos situados en la baja atmósfera viajan largas distancias enormes cantidades de aire muy húmedo que contribuye a que las borrascas y los frentes conectados a ellos contengan unas cantidades enormes de agua precipitable, con las consecuencias que hemos visto. Las lluvias ligadas a los ríos atmosféricos, amplificadas por el forzamiento orográfico de las montañas (el caso de Grazalema es muy ilustrativo), culmina, a veces, en inundaciones catastróficas.

Es un hecho ya constatado que debido al calentamiento global las masas de aire subtropicales se están expandiendo hacia el norte en nuestro hemisferio, ganando cada vez más peso las situaciones meteorológicas con una clara componente subtropical frente a las puramente polares, que hace algunos años ejercían su dominio durante los inviernos en las tierras ibéricas.
La conexión con el calentamiento global no queda solo ahí, ya que esa presencia de aire subtropical en latitudes cada vez más altas, favorecerá cada vez más las interacciones entre los chorros polar y subtropical, de tal forma que más ríos atmosféricos conectarán con éxito con borrascas atlánticas. Aparte de eso, algunos estudios vaticinan que a medida que siga subiendo la temperatura, aumentará el contenido de agua precipitable que transportan esos gigantescos pasillos de humedad.
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