Gemma del Caño, farmacéutica, avisa del nuevo patrón del COVID y la gripe este otoño: "han roto su estacionalidad"
Durante años, el inicio del otoño en España marcaba un punto salud pública: gripe, COVID 19 o bronquiolitis seguían un patrón relativamente previsible. Ese patrón sigue existiendo, pero hoy es menos lineal y más solapado.

Aunque haya comenzado ya el otoño astronómico, el calendario sanitario se está desdibujando. En la actualidad el comportamiento de los virus respiratorios es más flexible, con picos menos sincronizados porque ha cambiado el contexto en el que circulan: el clima, la humedad, la temperatura y hasta la forma en la que nos relacionamos está variando.
La gripe, el COVID y otros virus respiratorios ya no se comportan como sistemas separados y estables, sino como un conjunto dinámico donde la cocirculación viral es cada vez más frecuente.
Qué virus estamos viendo en España ahora mismo
En el sistema de vigilancia epidemiológica en España, los principales protagonistas siguen siendo tres: el virus de la gripe, el SARS-CoV-2 (COVID-19) y el virus respiratorio sincitial (VRS). Los tres siguen siendo estacionales, especialmente en el caso de gripe y VRS, que mantienen su mayor actividad en meses fríos.
No ha llegado el frío, pero los catarros sí... Y el covid pic.twitter.com/jAP9qbhHwN
— Irene M (@Irenemate) September 23, 2026
El COVID, en cambio, muestra un comportamiento más irregular, con ondas que no siempre encajan en el invierno clásico. El cambio importante es cómo se relacionan entre ellos: ahora es más frecuente que coincidan en el tiempo.
Esto significa que los sistemas sanitarios ya no enfrentan una única “temporada de gripe”, sino una dinámica continua de circulación viral respiratoria. Como imaginas, esto impacta en nuestra salud desde diferentes puntos de vista.
El tiempo no crea los virus, pero sí cambia el escenario
Es importante ser precisos: la meteorología no genera la gripe ni el COVID. Son virus que dependen de la transmisión entre personas. Pero las condiciones atmosféricas sí modifica el entorno en el que esa transmisión ocurre.

La temperatura, la humedad relativa y la estabilidad atmosférica influyen en la supervivencia de los virus en aerosoles y superficies, pero sobre todo afectan a algo clave: el comportamiento humano.
Más tiempo en interiores, cambios bruscos de temperatura, ventilación variable y mayor interacción social en determinados periodos hacen que la transmisión deje de ser lineal.
Cocirculación de virus: la nueva normalidad sanitaria
Uno de los cambios más relevantes de los últimos años es la coexistencia simultánea de virus respiratorios durante periodos más largos.
La gripe puede coincidir con ondas de COVID o con circulación de VRS, especialmente en población infantil. Esto se ha hecho más visible desde la pandemia de COVID-19, cuando se reforzó la vigilancia epidemiológica.
Y aquí viene el problema: dificulta el diagnóstico clínico, ya que los síntomas respiratorios son muy similares entre estos virus, y aumenta la presión asistencial en determinados momentos del año. Sobre todo cuando cada vez hay menos inversión y recursos.
El impacto en población vulnerable
Aunque estos virus afectan a toda la población, el impacto no es homogéneo. Los grupos más vulnerables siguen siendo las personas mayores, pacientes con enfermedades crónicas, embarazadas y niños pequeños.

En estos grupos, la gripe puede provocar complicaciones respiratorias graves, el COVID sigue teniendo impacto clínico en determinados perfiles y el VRS es una causa importante de ingresos en lactantes y mayores institucionalizados. Por suerte, las vacunas y anticuerpos monoclonales (para el VRS) funcionan y dan un respiro a pacientes y sanitarios.
Aún así, la coincidencia temporal de varios virus respiratorios activos al mismo tiempo aumenta la carga sobre el sistema sanitario.
¿Está cambiando la gripe o estamos midiendo mejor?
Una parte del cambio observado se explica por la mejora en la vigilancia epidemiológica. Hoy se detectan más casos, más rápido y con mayor precisión que hace una década.
Una investigación española con participación del #ISCIII ha revelado que la vacuna contra la #gripe reduce a la mitad el riesgo de fallecimiento.
— Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) (@SaludISCIII) January 9, 2025
Más información en #NoticiasISCIII ️ https://t.co/7ZDPIfmpD1
Artículo completo ️ https://t.co/C5drifHKT7 pic.twitter.com/CdUHKmJqy3
Pero incluso teniendo esto en cuenta, los datos muestran algo consistente: la gripe mantiene su estacionalidad, pero con variabilidad en intensidad, duración y sincronización respecto a otros virus.
En otras palabras: el patrón existe, pero es menos rígido.
¿Tiene sentido cambiar los calendarios sanitarios?
En España, las campañas de vacunación frente a gripe y COVID-19 se organizan de forma estacional, principalmente en otoño, coincidiendo con el periodo previo al aumento habitual de circulación viral.
Sí tiene sentido ajustar campañas si los picos epidemiológicos cambian ligeramente de año en año. Sí tiene sentido reforzar la vigilancia durante periodos más amplios.

Pero no tiene sentido basar los calendarios exclusivamente en predicciones meteorológicas, porque la relación entre el tiempo y los virus no es directa ni lineal.
El modelo actual ya evoluciona hacia una mayor flexibilidad basada en datos reales de circulación viral.
De virus aislados a un sistema viral dinámico
El error más común es analizar gripe, COVID y VRS como fenómenos independientes. En realidad, forman parte de un sistema respiratorio dinámico, donde interactúan: virus diferentes, inmunidad de la población, un clima variable, el más que demostrado impacto del comportamiento humano y sin olvidar la presión sanitaria en un sistema que no puede más y en el que no se invierte.
El resultado es un sistema más complejo, más continuo y menos estacional de movimiento permanente. Por suerte, tenemos vacunas, enormes profesionales en medicina preventiva, mejores sistemas de medición, control, predicción y ello permite que tomemos mejores decisiones.