El "radar" español que monitoriza las zonas con riesgo de arder: la tecnología predice y ayudar a evitar los incendios

España cuenta con herramientas capaces de anticipar qué zonas presentan mayor riesgo de incendio con una combinación de datos meteorológicos, vegetación y modelos científicos para mejorar la prevención

La prevención de los incendios y la alerta temprana son dos claves para prevenir las catástrofes de cada verano.
La prevención de los incendios y la alerta temprana son dos claves para prevenir las catástrofes de cada verano.

Todos los veranos, miles de profesionales están atentos a la evolución del tiempo en busca de las condiciones que pueden favorecer a los grandes incendios forestales. Sin embargo, hoy la vigilancia va mucho más allá de observar la temperatura o la velocidad del tiempo.

La tecnología permite conocer, casi en tiempo real, qué zonas del territorio presentan una vegetación especialmente vulnerable a arder.

La cruda realidad de la Península Ibérica

España se encuentra entre los países europeos con una exposición más alta a los incendios forestales debido a un clima mediterráneo que se caracteriza por largos periodos secos, temperaturas elevadas y episodios recurrentes de viento intenso.

En este contexto, disponer de una herramienta capaz de anticipar el peligro se ha convertido en una pieza clave para la gestión de este tipo de emergencias.

España usa plataformas digitales avanzadas como el mapa ForestDrought desarrollado por el CREAF y el CSIC, para evaluar el estado hídrico de los bosques en tiempo real. Por otra parte, se recurren soluciones geoespaciales como Weather Map Site y tecnología de radares satelitales (como el proyecto europeo PiroSAR) para anticipar la propagación de las llamas.

Uno de los avances más relevantes consiste en monitorizar el denominado contenido de humedad del combustible vivo (Live Fuel Moisture Content o LFMC), un parámetro que indica la cantidad de agua que conservan hojas, ramas y otros tejidos vegetales vivos.

La humedad de la vegetación, la "red flag"

Muchas personas asocian el riesgo de incendio únicamente al calor, pero la realidad es bastante más compleja. Por ejemplo, dos bosques sometidos a la misma temperatura pueden responder de forma diferente dependiendo del agua que aún almacenen sus plantas.

Porque cuando estamos ante un periodo de sequía o varios días consecutivos de altas temperaturas, disminuye claramente la capacidad para resistir la ignicióm. Será en ese momento cuando un simple foco de calor, una chispa o un rayo actúa como desencadenante de un incendio.

Y por esto mismo, los investigadores llevan años desarrollando modelos capaces de estimar cómo evoluciona esa humedad general.

Todo ello, a partir de variables como la temperatura del aire, la humedad relativa, la radiación solar, la disponibilidad de agua en el suelo o las características propias de cada especie forestal.

Un sistema pensado para anticiparse al fuego

El objetivo no es predecir dónde aparecerá el próximo incendio, algo que evidentemente es imposible porque depende del origen, sino de identificar qué zonas reúnen las condiciones necesarias para que un fuego pueda propagarse con gran rapidez si llega a iniciarse.

El disponer de esa información permite a los servicios de extinción reforzar la vigilancia, redistribuir sus medios, planificar patrullas preventivas e incluso restringir determinadas actividades durante los días de mayor riesgo.

La inteligencia artificial también aparece en escena

La mejora de la capacidad informática ha permitido incorporar algoritmos de aprendizaje automático capaces de procesar enormes cantidades de información procedente de satélites, estaciones meteorológicas y sensores ambientales.

Estos sistemas identifican patrones que son difíciles de detectar mediante métodos tradicionales y ayudan a mejorar la precisión de las predicciones, especialmente cuando se combinan con modelos físicos sobre el comportamiento de la vegetación.

Uno de los desafíos más importantes es representar mejor cómo responden las distintas especies vegetales a las seguías prolongadas o cómo evolucionan procesos como la caída de hojas, el crecimiento de nuevos brotes o la acumulación de combustible seco, factores que influyen directamente en el comportamiento de los incendios.

Referencia de la noticia

Rodrigo Balaguer-Romano. (2026). Key sources of uncertainty in process-based modeling of live fuel moisture content.