Clément Gaillard, doctor en Urbanismo: "¿por qué han desaparecido las velas de sombra de nuestras calles?"
Durante siglos, las ciudades mediterráneas estuvieron mejor preparadas para combatir el calor de lo que imaginamos. El urbanista Clément Gaillard recupera una solución casi olvidada: las velas de sombra que hoy podrían ayudar frente a las olas de calor.

Calles abrasadas por el sol, plazas casi vacías durante las horas centrales del día y ciudadanos que buscan desesperadamente un rincón de sombra... Esta es una escena recurrente en las ciudades más golpeadas por olas de calor cada vez más frecuentes, largas e intensas.
Ante el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático, muchas administraciones multiplican las estrategias para refrescar las ciudades mediante árboles, pavimentos permeables o fuentes urbanas.
Sin embargo, existe una solución tan sencilla como antigua que prácticamente ha desaparecido del paisaje urbano: las velas de sombra. Es la opción que defiende el doctor en Urbanismo y especialista en diseño bioclimático Clément Gaillard que reflexiona partiendo de una pregunta sorprendente: ¿por qué hace poco más de un siglo, muchas ciudades del sur de Europa estaban mejor protegidas del sol que en la actualidad?
Una tradición urbana olvidada
Numerosos documentos, pinturas y antiguas fotografías muestran cómo, hace décadas, en muchas ciudades mediterráneas existían grandes telas suspendidas entre edificios que proporcionaban sombra durante los meses más cálidos.
Pourquoi les voiles d'ombrage ont-elles disparu de nos rues ?
— Clément Gaillard, PhD (@ClementGaill) May 15, 2025
On va parler de patrimoine, d'adaptation à la #chaleur de nos villes et de vieilles peintures !
UN FIL 1/13 pic.twitter.com/cseOCbCO9t
Estas estructuras textiles no eran un elemento excepcional ni improvisado. Formaban parte del funcionamiento cotidiano de mercados, calles comerciales y espacios públicos, creando un microclima mucho más agradable para vecinos y comerciantes.
Gaillard defiende recuperar esta sencilla estrategia tradicional, pero adaptada al contexto contemporáneo. En lugar de confiar exclusivamente en soluciones tecnológicas, plantea aprender de las ciudades que durante siglos convivieron con climas cálidos mediante recursos pasivos.
El ejemplo de Sevilla o Lorca
Entre las pruebas históricas que utiliza el urbanista destaca una pintura realizada en 1857 por Manuel Cabral y Aguado Bejarano, donde puede apreciarse una calle de Sevilla cubierta por una gran lona durante una procesión religiosa. La imagen permite incluso distinguir el sistema de cables que sostenía la estructura entre las fachadas.

Lejos de ser una excepción, este tipo de soluciones era habitual en numerosas ciudades del sur de España y de otros territorios mediterráneos. El objetivo era sencillo: impedir que el sol incidiera directamente sobre el pavimento y las fachadas, reduciendo así la temperatura y mejorando el confort de los peatones.
Hoy todavía pueden encontrarse ejemplos similares en ciudades como la misma Sevilla, Córdoba o Lorca, en Murcia, donde algunas calles comerciales mantienen toldos o cubiertas textiles durante el verano.
Una herramienta eficaz contra el calor
El interés de recuperar se basa en diversos estudios sobre confort térmico que muestran que la sombra es una de las estrategias más eficaces para disminuir la sensación de calor en espacios urbanos.

Al evitar que la radiación solar alcance directamente el suelo, se reduce el calentamiento de los pavimentos, que posteriormente irradian calor al ambiente. En determinadas condiciones, las diferencias de temperatura superficial pueden ser muy significativas, contribuyendo a hacer mucho más soportable la estancia en calles y plazas durante episodios de calor extremo.
Además, las velas presentan una ventaja importante frente a otras intervenciones urbanas: son reversibles. Pueden instalarse durante la temporada estival y retirarse cuando dejan de ser necesarias, sin modificar de forma permanente el patrimonio arquitectónico.
¿Por qué desaparecieron?
La cuestión central que plantea Gaillard es precisamente esa: si eran tan útiles, ¿por qué dejaron de utilizarse? La explicación parece encontrarse en una combinación de factores. Por un lado, la modernización urbana del siglo XX favoreció una estética basada en calles completamente despejadas y fachadas visibles. Muchas soluciones tradicionales fueron consideradas obsoletas o incompatibles con la imagen moderna de las ciudades.

Por otro lado, la generalización del aire acondicionado trasladó el problema del calor al interior de los edificios. La prioridad dejó de ser adaptar el espacio público al clima y pasó a ser climatizar espacios cerrados mediante consumo energético.
Paradójicamente, mientras aumentaba la dependencia de estos sistemas mecánicos, muchas ciudades fueron perdiendo mecanismos que durante generaciones habían permitido convivir con veranos intensos sin recurrir a grandes consumos de energía.
Patrimonio y adaptación climática pueden convivir
Uno de los argumentos más frecuentes contra la instalación de velas de sombra es su posible impacto visual en cascos históricos o zonas patrimoniales. Sin embargo, Gaillard cuestiona esta idea y recuerda que precisamente esas estructuras formaban parte del paisaje tradicional de muchas ciudades mediterráneas.
Desde esta perspectiva, reinstalarlas no supondría introducir un elemento extraño, sino recuperar una práctica histórica adaptada a las necesidades actuales. El verdadero patrimonio no estaría únicamente en conservar edificios, sino también en rescatar conocimientos y soluciones que permitieron habitar esos espacios durante siglos.
Naturalmente, existen desafíos técnicos. La fijación sobre edificios antiguos requiere estudios específicos, y en zonas con fuertes vientos deben diseñarse sistemas seguros y fácilmente desmontables. También es necesario garantizar el acceso de los servicios de emergencia cuando sea preciso.
Sin embargo, para este experto, esos obstáculos no justifican el abandono de una herramienta sencilla, económica y eficaz frente al calentamiento urbano.