¿Por qué un terremoto de magnitud 7,5 no paralizó la vida cotidiana en Japón? Así gestiona el país el aumento del riesgo

El pasado lunes se produjo un fuerte terremoto de magnitud 7,5 en Japón sin colapsar su actividad diaria. Lejos del caos, el país volvió a la normalidad en horas gracias a décadas de preparación sísmica.

Un terremoto de magnitud 7,5 sacudió el pasado lunes 20 el noreste de Japón, activándose una alerta de tsunami, y produciéndose interrupciones puntuales y momentos de incertidumbre. No obstante, lo más llamativo no fue el temblor, sino la reacción con una vuelta a la normalidad rápida con supermercados abiertos, trenes reanudando su servicio en pocas horas y ciudadanos que, tras unos segundos de cautela, continuaron con su rutina.

En otro contexto y lugar, un seísmo de esa magnitud habría provocado caos pero en Japón, no. Y no es algo nuevo, como vamos a explicar a continuación.

Un país acostumbrado a temblar

Japón se sitúa en una de las zonas más activas del planeta desde el punto de vista geológico, en el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, donde convergen varias placas tectónicas, lo que genera una actividad sísmica y volcánica constante.

De hecho, el país nipón registra de media dos o tres terremotos al día, pero la mayoría son leves. Pero precisamente esa frecuencia ha generado algo difícil de replicar: una auténtica cultura del riesgo. Para gran parte de la población, un temblor no es una excepción, sino parte de la normalidad.

Ciudades diseñadas para resistir

Uno de los factores clave está en la construcción. Japón ha desarrollado algunos de los sistemas de ingeniería sísmica más avanzados del mundo.

Muchos edificios modernos incorporan:

  • Amortiguadores sísmicos.
  • Bases aislantes que reducen la vibración.
  • Estructuras flexibles que absorben el movimiento.

Esto hace que, incluso en terremotos fuertes, los daños estructurales sean limitados y se eviten colapsos con una clara diferencia con otros países, donde un seísmo puede destruir ciudades. En otras palabras, en Japón las infraestructuras están pensadas para moverse sin romperse.

Tecnología que gana segundos clave

Japón no solo convive con los terremotos. Anticipa sus impactos dentro de lo posible con el desarrollo de sistema de alerta temprana que, aunque no predicen los seísmos, sí permiten detectar las primeras ondas y reaccionar en cuestión de segundos.

A esto se suma un paso más en la gestión del riesgo los sistemas novedosos de aviso de “megaterremoto”, con unos protocolos que nacieron tras el devastador seísmo y tsunami de Japón de 2011 con un objetivo claro de fomentar la preparación antes de que ocurra una gran catástrofe.

El sistema para la fosa de Nankai, una de las zonas sísmicas más activas del país, se puso en marcha en 2019, y en 2022 se amplió a otras regiones del noreste.

Educación y memoria colectiva

Si hay algo que define a Japón es su capacidad para aprender de cada desastre, con una preparación que no se limita a la tecnología, sino que está profundamente arraigada en la sociedad.

Generaciones enteras han crecido realizando simulacros en escuelas, oficinas y barrios porque saber cómo actuar ante un terremoto no es una recomendación, es casi un reflejo automático.

Se puede intuir que su capacidad de resiliencia del megaterremoto de 2011 marcó un antes y un después, y desde entonces, la prevención se ha reforzado en todos los niveles.

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