Miles de fósiles revelan cómo ha cambiado la Península Ibérica en los últimos 25 millones de años

Ratones, lirones, conejos o musarañas guardaban una pista inesperada sobre nuestro pasado: sus restos permiten ahora poner fecha a grandes transformaciones ambientales.

Los investigadores han analizado decenas de miles de fósiles procedentes de cerca de 400 yacimientos de la Península Ibérica
Los investigadores han analizado decenas de miles de fósiles procedentes de cerca de 400 yacimientos de la Península Ibérica

Mucho antes de que los seres humanos ocuparan la Península Ibérica, pequeños mamíferos como ratones, lirones, conejos, musarañas o erizos ya dejaban pistas sobre un territorio sometido a profundas transformaciones. Millones de años después, sus restos fósiles se han convertido en una herramienta excepcional para reconstruir esa historia.

Un equipo liderado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), con participación de la Estación Biológica de Doñana-CSIC, ha analizado decenas de miles de fósiles procedentes de cerca de 400 yacimientos de la Península Ibérica. El resultado es el análisis biocronológico de micromamíferos ibéricos más completo realizado hasta la fecha, capaz de abarcar nada menos que 25 millones de años.

El trabajo, publicado en la revista científica Earth-Science Reviews, permite ordenar con mayor precisión los grandes cambios experimentados por la fauna, y mejorar la datación de numerosos yacimientos y disponer de una nueva herramienta para estudiar las transformaciones ambientales y climáticas del pasado.

322 especies repartidas por cerca de 400 yacimientos

El registro fósil ibérico resulta especialmente valioso a escala internacional. Para desarrollar la investigación, los científicos recopilaron información de 322 especies y más de 4.000 registros de presencia localizados en cerca de 400 yacimientos pertenecientes a 20 cuencas cenozoicas.

Una de las principales novedades es que el análisis amplía considerablemente el abanico de animales estudiados. Los trabajos biocronológicos se han apoyado tradicionalmente en los roedores, un grupo en el que se encuentran ratones, ardillas, lirones o castores.

En esta ocasión también se han incorporado lagomorfos, como conejos, liebres y pikas, e insectívoros, entre ellos musarañas, topos y erizos. Estos grupos representan el 22% de las especies recogidas en la base de datos. Su presencia resulta especialmente importante porque algunas de estas especies pueden actuar como excelentes marcadores cronológicos y ayudar a determinar con mayor precisión cuándo se formaron determinados conjuntos fósiles.

Un nuevo reloj para poner fecha al pasado

Uno de los grandes problemas a la hora de estudiar la historia geológica continental es establecer una cronología precisa. Mientras que los sedimentos marinos pueden conservar secuencias relativamente continuas, en tierra firme el registro aparece fragmentado entre diferentes cuencas sedimentarias.

En tierra firme el registro aparece fragmentado entre diferentes cuencas sedimentarias
En tierra firme el registro aparece fragmentado entre diferentes cuencas sedimentarias

Para ordenar toda esa información, los investigadores utilizaron un método denominado Ordenación por Eventos de Aparición por Máxima Verosimilitud (ML AEO). El algoritmo analiza de forma probabilística las relaciones de coexistencia y exclusión entre las diferentes especies. Además, respeta las 55 secuencias estratigráficas identificadas sobre el terreno para establecer el orden en el que se produjeron las apariciones y extinciones y asignar así una posición temporal a cada yacimiento.

Después, los científicos calibraron esta secuencia utilizando 156 dataciones obtenidas previamente mediante técnicas como la radiometría, la termoluminiscencia o la magnetoestratigrafía. Un modelo estadístico permitió finalmente transformar esa información en edades numéricas.

El límite aparece en los últimos 50.000 años

El nuevo método alcanza una elevada precisión en buena parte de los 25 millones de años analizados, aunque pierde capacidad de resolución al acercarse al presente. Los investigadores sitúan en los últimos 50.000 años uno de sus principales límites. Durante un intervalo tan reducido se producen menos eventos de aparición y extinción de micromamíferos que puedan utilizarse como referencias temporales.

A ello se añade la fragmentación de las poblaciones en refugios climáticos ibéricos durante la última gran glaciación y la llegada en diferentes momentos de especies vinculadas a los humanos, como las ratas y los ratones domésticos.

Algunas dataciones podrían tener que revisarse

La investigación también ha encontrado diferencias respecto a cronologías utilizadas hasta ahora. El 6,8% de las asociaciones fósiles analizadas aparecen situadas en edades numéricas significativamente distintas de las que se les habían asignado tradicionalmente.

La importancia del trabajo va además mucho más allá de poner fecha a unos fósiles. Contar con una línea temporal más precisa permitirá estudiar con mayor detalle cómo reaccionaron los ecosistemas terrestres ibéricos ante los grandes cambios climáticos experimentados durante los últimos 25 millones de años.

Referencia de la noticia

Juidíaz, R., Blanco, F., Gómez Cano, A. R., et al.. (2026). Iberian Neogene–Quaternary biochronology: a refined framework based on maximum likelihood analysis of small mammal assemblages.