Unos científicos japoneses: hace 40 millones de años un fenómeno muy extraño alteró el campo magnético de la Tierra

Un fascinante estudio desvela una anomalía prehistórica gigantesca. Nuestro planeta sufrió alteraciones catastróficas en su coraza protectora durante milenios, dejando una huella imborrable en las profundidades oceánicas del Atlántico.

Un hallazgo en sedimentos marinos revela que el escudo terrestre sufrió inestabilidades de 70.000 años. Esta alteración magnética prehistórica dejó al planeta desprotegido frente a la radiación exterior. Imagen: IA.
Un hallazgo en sedimentos marinos revela que el escudo terrestre sufrió inestabilidades de 70.000 años. Esta alteración magnética prehistórica dejó al planeta desprotegido frente a la radiación exterior. Imagen: IA.

Nuestro mundo esconde secretos verdaderamente aterradores bajo su corteza más profunda. Los expertos en geofísica y geología siempre habían calculado que las modificaciones polares duraban unos diez milenios como máximo absoluto. Sin embargo, un reciente y minucioso análisis de barros prehistóricos marinos acaba de destrozar esa arraigada teoría académica por completo. Estos recónditos estratos geológicos evidencian periodos de inestabilidad brutal que superan con inmensa diferencia aquellos cálculos iniciales.

Todo este impactante descubrimiento arrancó durante una ambiciosa campaña de extracción submarina frente a la isla canadiense de Terranova. Un grupo de científicos japonenes y norteamericanos sacó a la luz varias muestras ubicadas a trescientos metros bajo el lecho oceánico profundo. Allí, escondido en la magnetita de restos microscópicos, yacía el testimonio directo de un evento perturbador originado hace 40 millones de años exactos.

El insólito caos durante la inversión del campo magnético

El núcleo externo de nuestra esfera terrestre bulle con metales fundidos incandescentes. Semejante agitación constante genera una barrera invisible, indispensable para frenar los destructivos rayos solares. Periódicamente, los extremos norte y sur intercambian su posición geográfica, provocando una debilidad transitoria en dicha barrera. Este cambio de polaridad terrestre suele ser relativamente ágil según los estándares cronológicos habituales del propio mundo.

Pero las muestras recuperadas recientemente dibujan un escenario radicalmente distinto y oscuro. Los minuciosos exámenes liderados por el investigador Yuhji Yamamoto detectaron transiciones mastodónticas y extremadamente letárgicas. Una de ellas abarcó dieciocho milenios, mientras que la otra se dilató hasta unos pasmosos setenta milenios continuados. Estos asombrosos datos publicados rompen los esquemas preestablecidos sobre nuestra primordial coraza protectora.

Yamamoto, prestigioso paleomagnetista de la Universidad de Kochi, en Japón, fue tajante al valorar los resultados obtenidos en el laboratorio. "Este hallazgo revela un proceso de inversión extraordinariamente prolongado, que desafía la comprensión convencional y nos deja realmente asombrados". Además, puntualizó que "la variabilidad en la duración de las inversiones revelada por este estudio refleja las propiedades dinámicas intrínsecas del geodinamo terrestre y proporciona evidencia empírica de que las inversiones geomagnéticas pueden durar significativamente más que la duración generalmente asumida de 10.000 años".

Riesgos extremos de la inversión del campo magnético para la Tierra

Semejante dilatación cronológica supone un peligro inmenso para cualquier forma de biología natural. Durante estas fases críticas de mutación polar, esa coraza protectora languidece drásticamente dejando enormes huecos vulnerables. Esta inmensa flaqueza facilita la entrada masiva de partículas espaciales cargadas hacia las capas superiores de nuestra atmósfera. Un bombardeo radiactivo de tal magnitud altera de forma irreversible las dinámicas climáticas de todo el globo terráqueo.

En 2012, una misión oceánica obtuvo muestras de barro cuya caótica composición metálica delató una inestabilidad planetaria extrema. Estos sedimentos del Eoceno revelaron un periodo de desorden magnético prolongado y totalmente imprevisto. Imagen: simulación con IA.
En 2012, una misión oceánica obtuvo muestras de barro cuya caótica composición metálica delató una inestabilidad planetaria extrema. Estos sedimentos del Eoceno revelaron un periodo de desorden magnético prolongado y totalmente imprevisto. Imagen: simulación con IA.

La fauna salvaje también sufriría las terribles consecuencias de esta debilidad magnética prolongada. Muchas especies migratorias perderían su capacidad innata de orientación al desvanecerse sus referencias invisibles por completo. Las herramientas de navegación humana enloquecerían sin remedio durante muchísimas generaciones consecutivas. Tal como relatan los divulgadores sobre este oscuro suceso geológico, "la brújula acabaría apuntando en la dirección opuesta, tras decenas de miles de años de una increíble confusión".

Peter Lippert, paleomagnetista de la Universidad de Utah, en Estados Unidos, alertó sobre los colosales daños fisiológicos. Su equipo comprobó que la merma del blindaje expone a los seres vivos a niveles mortales de energía exterior. "Básicamente, estamos exponiendo las latitudes más altas, en particular, pero también a todo el planeta, a mayores tasas y duraciones de esta radiación cósmica", advirtió el experto estadounidense sobre este tétrico escenario apocalíptico.

El sombrío secreto geológico que escondía el fondo del Atlántico

Las pruebas irrefutables de este suceso paleomagnético reposaban en sedimentos fangosos muy peculiares. Durante el año 2012, una expedición oceanográfica dedicada a investigar el clima del Eoceno recuperó esos gruesos cilindros de barro. Encontraron una franja de ocho metros de grosor verdaderamente desconcertante a primera vista para cualquiera. La caótica disposición de sus partículas metálicas relataba una época inestable, convulsa y eternamente indecisa.

Inicialmente, los especialistas dudaron bastante de la fiabilidad de sus propios testigos de tierra. Creyeron que las capas del subsuelo podrían haberse mezclado por algún molesto error durante la compleja perforación submarina. Para disipar cualquier rastro de incertidumbre, tomaron fragmentos minúsculos distanciados apenas por unos breves centímetros. De esta forma consiguieron perfilar un cronograma absolutamente exacto del comportamiento del escudo protector del planeta durante aquel periodo remoto.

Ciertas simulaciones informáticas ya habían vaticinado la teórica existencia de esta clase de anomalías monstruosas. Nunca antes, no obstante, alguien había contemplado las pruebas físicas reales impresas en los propios cimientos del océano. Las lúgubres palabras de Lippert resuenan como una amenaza latente para el futuro: "es lógico esperar que haya mayores tasas de mutación genética. Podría haber erosión atmosférica".

Referencia de la noticia

Extraordinarily long duration of Eocene geomagnetic polarity reversals Yuhji Yamamoto, Slah Boulila, Futoshi Takahashi & Peter C. Lippert Communications Earth & Environment volume 7, Article number: 180 (2026)

No te pierdas la última hora de Meteored y disfruta de todos nuestros contenidos en Google Discover totalmente GRATIS

+ Seguir a Meteored