Un ingeniero de montes sembró a tiros de escopeta una sierra arrasada: 135 años después es un parque de 17.804 hectáreas
A finales del siglo XIX, Ricardo Codorníu impulsó la recuperación forestal de Sierra Espuña, una montaña devastada por la tala y el pastoreo. Para sembrar sus rincones más inaccesibles, los trabajadores llegaron a disparar piñones con escopetas.

A finales del siglo XIX, Sierra Espuña (Región de Murcia) era una montaña devastada por décadas de sobreexplotación hasta que un ingeniero, Ricardo Codorníu y Stárico (Cartagena 1846-Murcia, 1923), conocido como el "Apóstol del Árbol", dirigió una intervención que incluyó escopetas para lanzar semillas de pino a sus rincones más inaccesibles.
Hoy, 135 años después de los primeros trabajos sobre el terreno, el paisaje ha cambiado por completo: donde apenas quedaban árboles se extiende un gran bosque mediterráneo protegido, integrado en un parque regional de 17.804 hectáreas en el corazón de la Región de Murcia.
Una sierra al borde de la desertificación: el origen de la gran transformación
Para comprender la magnitud de aquella empresa hay que retroceder varias décadas. La explotación intensiva de los recursos naturales había dejado Sierra Espuña prácticamente desnuda. La tala para obtener madera, fabricar carbón y construir barcos de la Marina; el pastoreo, la ampliación de terrenos agrícolas y otras actividades humanas fueron reduciendo progresivamente la cubierta vegetal. El resultado era un paisaje muy erosionado.

Pero la preocupación no era únicamente medioambiental: aquella situación podía hacer que las lluvias torrenciales se convirtieran en avenidas devastadoras. Las inundaciones que afectaban a la cuenca del Segura habían puesto de manifiesto la necesidad de actuar sobre las cabeceras de los ríos y ramblas.
Así, tras episodios como las riadas de 1884 y 1888, en septiembre de 1888 se constituyó la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Segura, integrada por los ingenieros de montes José Musso Moreno, Ricardo Codorníu y Juan Ángel de Madariaga. La iniciativa pretendía recuperar los montes y reducir los daños provocados por las avenidas.
Diques, viveros y semillas disparadas con escopetas
Los primeros trabajos sobre el terreno comenzaron en junio de 1891, aunque la dirección de la repoblación pasó por distintas manos. La primera etapa estuvo encabezada por José Musso y, desde diciembre de 1895, Ricardo Codorníu asumió la dirección, con la colaboración de Madariaga. La intervención no consistía simplemente en plantar árboles: antes había que preparar el suelo para evitar que las lluvias arrastrasen las semillas y las jóvenes plantas.

Para ello se construyó una extensa red de infraestructuras. Los trabajos incluyeron 144 kilómetros lineales de diques en las laderas, 420.000 pequeños bancales, dos grandes diques reguladores de avenidas y siete viveros. También se abrieron o recuperaron caminos y sendas hasta alcanzar unos 240 kilómetros de vías de comunicación.
Estas obras permitían retener tierra y agua, facilitar el acceso de los trabajadores y crear condiciones más favorables para que la vegetación pudiera arraigar.

Y es aquí donde aparece el método que ha convertido aquella repoblación en una historia tan llamativa. La plantación se realizaba habitualmente con mulas y plantas cultivadas en viveros, pero en los lugares más escarpados e inaccesibles se introducían piñones en los cañones de las escopetas y se disparaban hacia las laderas. Una solución tan rudimentaria como ingeniosa para alcanzar rincones a los que resultaba difícil llegar de otra manera. No obstante, la técnica tenía limitaciones: más del 90% de las semillas sembradas directamente podían acabar devoradas por pájaros y hormigas.
De una montaña desnuda a un parque regional de 17.804 hectáreas
La repoblación exigió años de trabajo y una planificación minuciosa. El pino fue la especie protagonista, especialmente el pino carrasco en las cotas más bajas, mientras que en las zonas de mayor altitud se emplearon otras variedades, como el pino negral y el salgareño. La elección de las especies tenía en cuenta la altitud y las características del terreno. Los viveros desempeñaron un papel esencial: el de Huerta Espuña, conocido como Vivero Central de Levante, llegó a producir seis millones de coníferas y 850.000 frondosas en sus primeros cinco años de funcionamiento.
Según un estudio publicado en 2024 en la Revista Murciana de Antropología, la Comisión repobló más de 3.256 hectáreas y plantó más de 4,3 millones de árboles. Posteriormente, los trabajos continuaron bajo la División Hidrológico-Forestal del Segura y la dirección de Ramón Melgares Góngora. En 1924, la superficie total repoblada alcanzaba ya las 4.894 hectáreas.

El reconocimiento de aquel patrimonio natural llegó progresivamente. Sierra Espuña fue incluida en el catálogo de la Ley de Parques de 1916, declarada Sitio Natural de Interés Nacional en 1931 y Parque Natural en 1978. Más tarde, la legislación regional la convirtió en Parque Regional y, en 1995, amplió sus límites hasta las 17.804 hectáreas actuales, repartidas entre los municipios de Alhama de Murcia, Totana y Mula.
Hoy, el espacio protegido alberga cerca de 915 especies de flora vascular y alrededor de 200 especies de vertebrados. El bosque que comenzó a recuperarse con diques, viveros, mulas y semillas disparadas a escopetazos es ahora uno de los grandes tesoros naturales de la Región de Murcia.
Referencia de la noticia
Quinteros, E. (2026). En 1891, un ingeniero de montes disparó semillas con escopetas para recuperar una sierra devastada: 135 años después, es un parque de 17.804 hectáreas.