Gorriones frente a palomas: la investigación de la UGR que revela la relación de los ciudadanos con las aves urbanas
Vivir rodeados de jardines no siempre mejora nuestra relación con las aves. Un estudio realizado en tres ciudades españolas, con 637 encuestas, revela una paradoja sobre cómo convivimos con ellas.

Los gorriones que revolotean entre las terrazas, las palomas que ocupan las plazas o los mirlos que cantan al amanecer forman parte del paisaje cotidiano de nuestras ciudades. Sin embargo, no todas estas aves despiertan las mismas emociones. Mientras algunas generan simpatía y contribuyen a nuestro bienestar, otras suelen asociarse con suciedad, molestias y problemas de convivencia.
¿Por qué ocurre esto? Una investigación liderada por científicos de la Universidad de Granada (UGR) ha descubierto que la percepción que tenemos de las aves urbanas depende más de nuestras experiencias personales y del entorno en el que vivimos que de la presencia real de estos animales. El estudio, desarrollado en Madrid, Valencia y Granada, ha combinado 637 encuestas presenciales con censos de aves para comprender cómo influyen las características de las ciudades en nuestra relación con la biodiversidad.
Los gorriones despiertan simpatía
Los investigadores han identificado importantes diferencias entre las especies que habitan los entornos urbanos. El gorrión común (Passer domesticus) destaca como una de las aves que más beneficios culturales aporta a los ciudadanos.
Su presencia habitual favorece el sentimiento de pertenencia a un lugar, despierta curiosidad por la naturaleza y puede servir como herramienta educativa. Otras especies, como los ánades reales y las gaviotas patiamarillas, también han destacado por su capacidad para generar interés e inspiración.
No todos los gorriones que vemos en las ciudades son los mismos. Si os fijáis en su color podéis ver que tenemos dos especies: Passer domesticus (gorrión común, cabeza gris) y Passer montanus (gorrión molinero, cabeza marrón). Las dos fotografías son de machos. #Pandatweet https://t.co/j19KjMq4tx
— El Pulgar del Panda (Jorge Garrido-Bautista) (@Pulgar_Panda) November 20, 2018
En cambio, las palomas bravías (Columba livia) encabezan la clasificación de especies asociadas con experiencias negativas, seguidas de las palomas torcaces y las gaviotas patiamarillas. Según los resultados, esta percepción desfavorable está relacionada principalmente con sus excrementos, la suciedad y la preocupación por la posible transmisión de enfermedades.
No obstante, los científicos advierten de que estas asociaciones también responden a creencias culturales transmitidas durante generaciones. De hecho, las palomas también contribuyen a crear identidad urbana y forman parte del patrimonio cotidiano de numerosas ciudades.
El lugar donde vivimos cambia nuestra percepción
Una de las conclusiones de la investigación está relacionada con la distribución de los espacios verdes. Los científicos han comparado barrios con edificios concentrados y grandes parques con otras zonas residenciales donde las viviendas se encuentran más dispersas y la vegetación aparece repartida entre jardines y calles.

Los resultados muestran que los habitantes de barrios con grandes parques separados de las zonas edificadas perciben menos problemas relacionados con las aves y manifiestan una mayor disposición a protegerlas. Por el contrario, quienes viven en áreas con jardines y vegetación próximos a sus viviendas identifican más molestias.
Los investigadores plantean que esta diferencia podría explicarse por la frecuencia y el contexto de los encuentros con los animales. Cuando las aves aparecen principalmente durante los paseos por los parques, las experiencias suelen resultar más agradables que cuando ocasionan molestias en espacios domésticos.
La edad también influye
Además de eso, la investigación muestra que las características personales condicionan considerablemente nuestra relación con las aves. Las personas que mantienen una mayor conexión con la naturaleza reconocen más beneficios culturales, educativos e inspiradores asociados a estos animales.
Asimismo, los participantes de mayor edad han mostrado una tendencia a identificar más inconvenientes, mientras que las mujeres han valorado especialmente su capacidad de inspiración. También se ha observado que quienes cuentan con formación ambiental reconocen con mayor facilidad los beneficios que aportan las especies urbanas.

Los autores consideran que estos resultados pueden ayudar a diseñar ciudades más respetuosas con la biodiversidad, mediante espacios verdes bien planificados, educación ambiental y estrategias que reduzcan los conflictos.
Referencia de la noticia
Lucía Izquierdo, Kai M.A. Chan, Alejandra Echeverri, et al.. (2026). Bird-mediated cultural ecosystem services and disservices depend on urban residents’ perceptions of birds, Landscape and Urban Planning..